La OTAN se vuelca en el Este y olvida el Sahel

La decisión de la OTAN, impulsada por Obama, de volcar sus capacidades militares en las fronteras del Este europeo y olvidarse prácticamente del tsunami yihadista que barre el África subsahariana, causa inquietud en medios militares y diplomáticos españoles, que observan alarmados cómo la frontera sur de Europa -de la que estamos en primera línea- se desestabiliza día a día.
Efectivos policiales en una operación antiterrorista en Melilla el 3 de marzo de 2014, cuando se desarticuló una de las células responsable del envEfectivos policiales en una operación antiterrorista en Melilla el 3 de marzo de 2014, cuando se desarticuló una de las células responsable del envío de yihadistas a Siria y otras zonas de conflicto. EFE/Archivo/F.G Guerrero

Enrique Montánchez 

Informes de los servicios de inteligencia españoles, franceses e italianos, los más afectados por la situación en el Sahel, advierten de la expansión de grupos yihadistas y del incremento de las redes de inmigración ilegal con destino a Europa. 

La irrupción de los extremistas de Boko Haram en Nigeria, el primer país productor de petróleo de África con reservas probadas que superan los 36.000 millones de barriles, han disparado las alarmas ante la sola posibilidad de que ese inmenso país de 165 millones de habitantes -y que en las próximas dos décadas doblará su población- se convierta en un estado islamista sumido en una guerra civil.

Boko Haram quiere recuperar el poder para los musulmanes, que representan la mitad de la población. Si llegase a formar un estado islámico desencadenaría un genocidio contra los cristianos.

En el caso de Libia, este rico y estratégico país norteafricano -sus reservas probadas de petróleo superan los 45.000 millones de barriles- se ha convertido tras la caída de Gadafi en una máquina con la que armar y financiar movimientos yihadistas. 

Al arco de inestabilidad que se extiende desde Libia a Nigeria se suma el yihadismo de Mali y los enfrentamientos entre musulmanes y cristianos en la República Centroafricana, en estos dos últimos países ya están desplegadas fuerzas europeas, entre ellas tropas españolas.

En este contexto ha crecido la alarma en medios militares y diplomáticos que observan cómo la OTAN se vuelca a marchas forzadas en Europa oriental como consecuencia de las crisis de Crimea y Ucrania, mientras relega a un segundo plano la inestabilidad en la región subsahariana, a pocos cientos de kilómetros de la frontera sur del viejo continente.

Un problema más acentuado en el caso de España, dado que nuestra singular posición geoestratégica nos convierte en avanzadilla de esa frontera, máxime si tenemos en cuenta que Canarias se encuentra a poco más de un centenar de kilómetros de la región del Sahel.

El liderazgo ejercido por Estados Unidos en la OTAN desde su fundación en 1948 se ha vuelto a poner de manifiesto con el llamamiento de Obama para que la Alianza refuerce las fronteras del Este europeo en un pulso para evitar una hipotética intervención militar de Putin en las regiones prorrusas de Ucrania.

Como resultado, la OTAN ha solicitado a todos los países miembros un inventario de las capacidades militares que están dispuestos a desplegar en las antiguas repúblicas de Europa oriental -hoy miembros de la Alianza- que durante la Guerra Fría constituyeron el “glacis defensivo” del imperio soviético: Polonia, Eslovaquia, Chequia, Hungría, Rumanía, Lituania, Letonia y Estonia.

España, con un gasto militar que ha sido recortado el 30 por ciento desde el inicio de la crisis económica en 2007, ha logrado estar presente en todas las misiones internacionales a las que ha sido requerida por nuestros aliados.

Un esfuerzo que se concreta en casi una decena de misiones en curso, si incluimos la nueva en las fronteras del Este de Europa: EUTM Mali, MISCA Centroáfrica, Atalanta (Índico occidental), Ocean Shield (Índico occidental), EUTM Somalia, ISAF Afganistán, FPNUL Líbano y EUFOR Bosnia-Herzegovina.

Como vemos los dos grandes espacios estratégicos que afectan de lleno al futuro de la Unión Europea -Europa oriental y África subsahariana- se complican por momentos, pero el mundo anglosajón solo presta atención al primero en una visión desfasada de enfrentamiento con Rusia alimentada por Estados Unidos.

Diplomáticos y militares españoles estiman que el verdadero peligro para la Europa del siglo XXI proviene de la inmensa África subsahariana por dos razones: En primer lugar, la pobreza que obliga a millones de subsaharianos a asaltar las fronteras exteriores del viejo continente en busca de una vida mejor; en segundo lugar, el islamismo radical que desde Siria, Afganistán, Irak, Somalia o el Sahel intentan llevar la yihad al corazón mismo de las sociedades de los cruzados europeos.

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