La investidura de Rajoy sume al PSOE en una división histórica

La decisión a adoptar ante la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno ha provocado una división histórica en el PSOE, mayor que la que produjo su gestión de la crisis cuando estaba en el Gobierno o sus sucesivos desastres electorales después.
Cartel con las siglas y el logotipo del Partido Socialista Obrero Español en la sede del partido en la calle Ferraz. EFE/Archivo7Pepa Díaz.Cartel con las siglas y el logotipo del Partido Socialista Obrero Español en la sede del partido en la calle Ferraz. EFE/Archivo7Pepa Díaz.

 

Carlos Moral

 

El Comité Federal se pronunciará el próximo domingo, estirando hasta el límite el plazo para evitar la convocatoria de terceras elecciones.
Mientras la gestora que dirige el partido desde la salida de la Secretaría General de Pedro Sánchez exige que todos acaten lo que se acuerde, algunos dirigentes -entre ellos los del PSC– han asegurado que votarán en contra de la investidura de Rajoy en cualquier caso, así que la división parece asegurada, con consecuencias imprevisibles. También se baraja la “abstención técnica” de 11 diputados.
En el bando de los favorables a la abstención se ha posicionado desde hace tiempo el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, y el lunes pasado, tras meses de difíciles equilibrios, la federación andaluza que encabeza Susana Díaz, la más numerosa y determinante del partido en estos momentos, tanto a nivel orgánico como en el Congreso, donde suma 22 escaños.
Junto a ellos se alinea Javier Fernández, presidente asturiano y también presidente de la gestora. Sin pronunciarse abiertamente continúan los presidentes de Castilla-La Mancha, Emiliano García Paje; Comunidad Valenciana, Ximo Puig; y Aragón, Javier Lambán, aunque se les sitúa más próximos a la abstención.
El resto de las federaciones, incluida la que dirige la presidenta balear, Francina Armengol, se manifiestan a favor del no a Rajoy y de que sean los militantes quienes decidan, aunque el tiempo para esta posibilidad parece agotado.
Al margen de los dirigentes regionales y de los que tomarán parte en el Comité Federal, la división recorre todo el partido. A tres días del cónclave socialista, no puede descartarse que se repitan e incluso empeoren las escenas que se vivieron en la reunión del pasado 1 de octubre, con manifestantes clamando en la puerta de la sede socialista por el “no es no” a Rajoy y recriminando a algunos dirigentes.
¿Cómo ha llegado el PSOE hasta aquí? Los números que salieron de las urnas en diciembre y en junio pasados, que dieron al PSOE la llave de un posible gobierno del PP, han sido determinantes, pero los socialistas han ido añadiendo incógnitas a la ecuación hasta hacerla imposible de resolver.
El Comité Federal aprobó en enero pasado que votaría en contra de Rajoy y que en ningún caso negociaría con los nacionalistas, una decisión todavía vigente. A la vez, la mayoría del partido se ha declarado contraria a tercera elecciones. Con esas condiciones sólo quedaba una posibilidad: negociar una alianza alternativa con Ciudadanos y Podemos que desde el primer momento se ha mostrado irrealizable.
La postura en torno a la investidura se ha mezclado con la lucha de poder en el partido. Después de rechazar durante meses la convocatoria de un congreso en espera de la formación de gobierno, Pedro Sánchez planteó unas primarias y un congreso urgentes y los vinculó a la decisión sobre Rajoy, arrogándose la representación del no al líder popular.
Los dirigentes críticos con Sánchez vieron en su propuesta una maniobra para intentar perpetuarse en el cargo después de los pésimos resultados en las autonómicas vascas y gallegas y los dos sectores se enzarzaron en una descarnada batalla por el control de la organización.
Amén de sus aspiraciones personales, en caso de vuelta a las urnas, el movimiento de Sánchez afirmándose en la oposición frontal a Rajoy y escenificando una oferta de gobierno alternativo, ofrecía al PSOE una ventaja táctica frente a un Podemos desgastado por disensiones internas: los socialistas podían reivindicarse como líderes de la oposición y culpar a los de Pablo Iglesias del fracaso de un “gobierno del cambio”. Aunque el PP creciera en unos nuevos comicios, al menos el PSOE afianzaría su hegemonía en la izquierda.
Pero ese hipotético rédito se ha desvanecido después del “bochornoso” Comité Federal del 1 de octubre -así lo calificó Javier Fernández- que puso al descubierto una absoluta división en el partido, algo que el electorado ha castigado siempre.
La opción de dejar gobernar al PP y más después de mostrarse radicalmente en contra durante meses, no ofrece mejores perspectivas. No es sólo que socialistas y populares se hayan definido siempre por su mutuo antagonismo, sino que más allá de la política de defensa y antiterrorista -en este caso con frecuentes disputas- han fraguado escasos acuerdos en materias sustanciales.
Y uno de los que consiguieron, la reforma de la Constitución sobre el techo de déficit presupuestario, aprobada durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a petición de la Comisión Europea, aún pasa factura a los socialistas.EFE

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