La idea de cambiar la política antidrogas se refuerza con ejemplo uruguayo

La idea de que hay que cambiar de enfoque en la lucha contra las drogas está calando con más fuerza en América Latina tras la legalización de la marihuana en Uruguay y Guatemala se plantea ahora la posibilidad de regular la siembra de la amapola.
Campo de amapolas, de las que se extrae el opio, en Pakistán. EFE/Archivo/MATIULLAH ACHAKZAICampo de amapolas, de las que se extrae el opio, en Pakistán. EFE/Archivo/MATIULLAH ACHAKZAI

Ana Mengotti

En los últimos años han ido creciendo en el mundo las voces que defienden la necesidad de abandonar un modelo centrado en la represión, que no ha dado los resultados buscados, e incluso estados de EEUU como Colorado y Washington han legalizado la marihuana, pero ningún país ha ido tan lejos hasta ahora como Uruguay.

En 2016 el debate instalado ya en la sociedad acerca de cómo hacer más efectiva la política antidrogas se trasladará a la Asamblea General de la ONU, donde se celebrará una reunión especial sobre el tema en la que además habrá la oportunidad de analizar los primeros resultados de la iniciativa uruguaya.

Pero ya hoy en día “la reforma de la política de drogas se ha vuelto viral”, como señalan en un reciente documento el ex secretario general de la ONU Kofi Annan y el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso en un acto público.

Ambos integran la Comisión Global de Políticas de Drogas. El propósito de esa Comisión es plantear a nivel internacional “una discusión informada y basada en conocimientos científicos acerca de maneras humanas y eficaces de reducir el daño causado por las drogas a las personas y las sociedades”.

La idea que está “explorando” ahora en relación a la amapola el presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, que ya en 2012 planteó la necesidad de un debate internacional sobre el fracaso del modelo actual de combate a las drogas, está en la misma línea.

Si la siembra de amapola se regulara en Guatemala, los narcotraficantes mexicanos que hoy en día compran la producción de los cultivos ilegales del noroeste del país centroamericano perderían a esos proveedores de la materia prima de drogas como el opio y la heroína, pues el Estado sería el comprador.Según lo revelado por Pérez Molina, se estudia no solo controlar la siembra sino también la venta de la amapola, fundamentalmente a la industria farmacéutica.

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Publicado en: Análisis