En la Hora del Planeta, apagamos por la esperanza

Al hablar sobre cambio climático es fácil caer en la desesperanza. Hace unos días la superficie de hielo marino volvió a caer hasta mínimos históricos, las emisiones de dióxido de carbono globales han vuelto a crecer, Trump ha abierto el Ártico a las petroleras y en España quemamos carbón como si el calentamiento global no estuviera impactando ya en nuestro país.
 El secretario general de WWF España, Juan Carlos del Olmo, hoy tras la firma de un acuerdo de colaboración con la Agencia EFE en 2015 EFE/Archivo/J El secretario general de WWF España, Juan Carlos del Olmo, hoy tras la firma de un acuerdo de colaboración con la Agencia EFE en 2015 EFE/Archivo/Juan Martínez Espinosa

Juan Carlos del Olmo, secretario general del WWF España

 

Pero si algo necesitamos en este momento de transición decisivo para el futuro de la humanidad es esperanza, y hay motivos para no perderla. Gracias a la presión de la sociedad durante años las energías renovables son más baratas en gran parte del mundo que los combustibles fósiles, gigantes de los seguros como AXA desinvierten en el carbón y ciudades como Nueva York demandan a las grandes petroleras por el impacto que el aumento del nivel del mar tendrá en sus infraestructuras.

Avances como éstos eran impensables cuando empezamos a celebrar la Hora del Planeta hace 11 años, apagando los hogares y monumentos de Sidney (Australia) como símbolo contra el cambio climático. Gracias al empuje de la sociedad civil y de campañas como la Hora del Planeta, el interés por la lucha contra el cambio climático se ha extendido y convertido en una de las mayores prioridades en la agenda política local y global.

Nuestras acciones en los próximos años serán clave para seguir viviendo en un planeta habitable. El 2020 es el año fijado por el Acuerdo de París para comenzar a implantar los compromisos de reducción de emisiones de CO2 y deberemos verificar avances significativos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Además, es una fecha clave marcada por el Convenio sobre Diversidad Biológica para detener la imparable pérdida de vida salvaje y aumentar la conciencia global sobre la importancia de esta grave amenaza.

Para aumentar la ambición de cara a ese momento decisivo, este año en la Hora del Planeta queremos acercar esos problemas globales a nuestra realidad cotidiana. Porque el cambio climático no es un problema del futuro ni de lugares remotos. Para quien no quiera mirar hacia otro lado, ya está aquí.

Lo vemos en nuestros ríos, humedales y embalses vacíos, secos por la mala gestión del agua en nuestro país, pero también por la intensa sequía que seguimos sufriendo. Lo vemos contemplando en otoño los montes quemados de la España verde, obra de seres humanos pero alimentados por un tiempo más propio del verano.

Fueron los días del “veroño”, ese concepto que tanto triunfó en las redes sociales y en el que también está la huella del caos climático al que vamos descendiendo. Según los datos de Aemet, España vivió en 2017 el año más cálido desde que hay registros, y también batimos el récord de olas de calor, con cinco episodios de 18 días de temperaturas extremas y sus noches sofocantes. Una situación que afecta especialmente a los más vulnerables y a quienes ya sufren pobreza energética en invierno y en verano.

Así pues, el año pasado nos acabó de demostrar que el cambio climático es real, está aquí y ya está afectando a lo que más queremos y a nuestro día a día. Por eso, el 24 de marzo volveremos a apagar la luz en la Hora del Planeta, y lo haremos por todas esas cosas que son parte de nuestras vidas y que no queremos que se lleve el cambio climático. También para exigir a nuestros representantes políticos que estén a la altura de este momento histórico y actúen con decisión y valentía. Por todo eso volveremos a quedarnos una hora a oscuras.

Y tú, ¿por qué apagas? Cuéntanoslo en www.horadelplaneta.es y súmate al movimiento por un futuro brillante para todos.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.