La “hoja de ruta” para la paz en Siria tropieza con la realidad del conflicto

El proceso de negociaciones de paz para Siria que se abre hoy tendrá como pilar central una "hoja de ruta" que detalla los pasos a dar para una transición política en el país árabe, pero que en las circunstancias actuales -un año y medio después de ser adoptado- puede ser excesivamente ambicioso.
Fotografía distribuida el pasado 5 de octubre de 2012, donde un padre sirio sujeta en sus brazos a su hijo muerto, tras la cadena de atentados que caFotografía distribuida el pasado 5 de octubre de 2012, donde un padre sirio sujeta en sus brazos a su hijo muerto, tras la cadena de atentados que causó más de 30 muertos en la ciudad siria de Alepo. EFE/Archivo/Maysun

Isabel Saco

Bajo el nombre genérico de Comunicado de Ginebra (“Communiqué de Genève”, en su versión original), se trata de un acuerdo alcanzado por Estados Unidos y Rusia, con el visto bueno de la ONU, el 30 de junio de 2012, que tiene como objetivo sentar las condiciones para una transición política en Siria.

Partiendo de la base de que cualquier arreglo político al conflicto debe respetar “la soberanía, independencia, unidad nacional e integridad territorial” del país, el documento indica que se establecerá un “órgano de gobierno transitorio” capaz de crear condicionales “neutrales” para una transición política.  Sus integrantes pueden ser “miembros del actual gobierno, de la oposición y de otros grupos” y su composición dependerá de un “consenso” entre las partes.

Un entendimiento de ese tipo parece ahora irreal vistos los extremos a los que ha llegado el conflicto sirio, en el que se han usado armas químicas contra civiles y otras tácticas de guerra prohibidas por el derecho internacional humanitario. Ni la oposición ofrece la más mínima señal de estar dispuesta a llegar a un arreglo que mantenga a Bachar al Asad o a personas de su círculo próximo dirigiendo el país, ni el presidente sirio muestra voluntad alguna de compartir el poder.

Cuando se convino esta “hoja de ruta” el conflicto en Siria llevaba poco más de un año -en marzo serán tres años desde las manifestaciones populares que antecedieron a su estallido- y era difícil imaginar a los extremos de horror que iba a llegar.

Hoy, la ONU ha dejado de contar a los muertos porque es imposible llevar una estadística fiable, pero se sabe que son más de 120.000, el número de refugiados sirios es de 2,3 millones y, de la población que permanece dentro de Siria, cerca de la mitad -más de 9 millones- depende de la ayuda humanitaria para su supervivencia.

El país está de rodillas, su tejido productivo destruido, pero el régimen de Al Asad se sigue mostrando fuerte en el terreno militar. En este sentido, el “Comuniqué de Ginebra” establece que tras el cese de las hostilidades, el paso esencial será permitir la entrada de la ayuda humanitaria a todas las áreas afectadas por el conflicto.

Igualmente señala que el arreglo político sólo será posible si se cumplen condiciones como la liberación de prisioneros, se entrega la lista de lugares de detención y se da acceso a los mismos. Asimismo, requiere que se garantice la libertad de movimiento de los periodistas, que se les concedan visados para entrar al país y que se respete la libertad de asociación y manifestación pacífica.

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