La gestión del ébola desata una intensa polémica

El primer caso de contagio de ébola fuera de África ha desencadenado una tormenta política en España y ha llevado al Gobierno a revisar la gestión del tratamiento de la enfermedad, en medio de las críticas de la oposición.
Fachada del hospital Carlos III de Madrid donde permanece ingresada la auxiliar de enfermería contagiada por el ébola y donde fueron atendidos los dFachada del hospital Carlos III de Madrid donde permanece ingresada la auxiliar de enfermería contagiada por el ébola y donde fueron atendidos los dos religiosos repatriados para ser tratados del contagio del virus en los meses de agosto y septiembre. EFE/Archivo/Luca Piergiovanni

Carlos Moral 

El pasado 6 de octubre se supo que Teresa Romero, una auxiliar de enfermería que había asistido a los dos misioneros enfermos repatriados en a España, se había contagiado tras atender al último de ellos, Manuel García Viejo, quien murió el 25 de septiembre.

En unas pocas horas y de forma imprevista, el ébola, hasta entonces percibido como una amenaza lejana circunscrita a África, se convertía en el centro de atención informativo y desencadenaba una situación de alarma y crisis sanitaria. Las preguntas se acumulaban, muchas veces sin una respuesta concluyente.

Aunque aún están pendientes los resultados de la investigación sobre el modo en el que Teresa Romero se contagió, a la vista de los datos conocidos puede concluirse que los protocolos fallaron, puesto que desde que Romero refirió sus primeros síntomas hasta que fue ingresada y aislada pasaron seis días. 

El Gobierno pese a no reconocer errores, decidió revisar los protocolos en el Consejo de Ministros del pasado 10 de octubre, cinco días después de conocerse el contagio en lo que es la prueba más evidente de que la respuesta de las autoridades sanitarias falló.

El Consejo creó un comité especial presidido por Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, es decir, bajo la directa autoridad de Moncloa, lo que puede interpretarse como una desaprobación de la gestión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, muy cuestionada.

Quienes critican la actuación de Mato y la llaman a asumir responsabilidades políticas aluden no sólo al posible fallo de los protocolos y a la desafortunada respuesta ante el contagio, sino también a una confusa y descoordinada política de comunicación, que ha contribuido a sembrar la inquietud, y, en algunos casos, la alarma entre la población.

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