La Diada marca el inicio de un otoño crucial para el independentismo

El aviso de la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, de que usará la vía penal contra los independentistas "si fuera el caso", ha agitado aún más la situación política catalana en los días previos a la Diada, que este año contará, por primera vez en la historia, con la participación en la manifestación independentista de un presidente de la Generalitat.
El nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo de enero de 2015. EFE/Archivo//Robin TownsendEl nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una imagen de archivo de enero de 2015. EFE/Archivo//Robin Townsend

 

Carlos Moral

 

La Diada, que en los últimos años ha sido utilizada por los independentistas como plataforma de afirmación, marca el inicio de una serie de acontecimientos que determinarán el futuro del proceso soberanista en las próximas semanas.
Uno de los más relevantes será la cuestión de confianza que afrontará Carles Puigdemont el 28 de septiembre, convocada en julio después de que el voto contrario de la CUP impidiera que salieran adelante los presupuestos para el próximo año.
La CUP, cuyos votos permitieron en enero la elección del presidente de la Generalitat cuando estaban a punto de ser convocadas nuevas elecciones, tiene de nuevo en sus manos la suerte del Gobierno catalán.
Las diferencias programáticas que separan a la CUP de Junts pel Si -la coalición entre la antigua Convergencia y ERC que sustenta a Puigdemont- son enormes y la gestión de los asuntos de gobierno desata continuas tensiones entre ambos, pero es posible que el pegamento de la independencia, que funcionó para la investidura del presidente catalán, vuelva a servirle ahora de ayuda.
También parecen haber funcionado como pegamento entre los soberanistas las palabras de la fiscal general del Estado en la apertura del año judicial alertando del “total desprecio al ordenamiento constitucional”…”desde sectores independentistas”, a la vez que subrayaba el valor de la sentencia en la que el Tribunal Constitucional anuló la resolución independentista del Parlament.
Las manifestaciones de Madrigal llegan cuando se espera para las próximas semanas la decisión del Constitucional sobre una posible sanción a la presidenta del Parlamento Catalán, Carme Forcadell, por su actuación en relación a la comisión del proceso constituyente, con la amenaza en el aire de posibles responsabilidades penales.
El último frente de conflicto entre el Gobierno del Estado y el catalán se ha abierto en las últimas horas, cuando el Ministerio del Interior ha rechazado inscribir al Partit Demòcrata Català (PDC), porque el nombre crea confusión con otros partidos existentes, lo que la dirección de la antigua Convergencia considera un intento de “ilegalizar” ideas.
Mientras, la Generalitat sigue profundizando su reto secesionista: esta semana ha acordado crear cuatro nuevas “embajadas” en el exterior (Copenhague, Varsovia, Zagreb y Ginebra), aunque quedan pendientes de la aprobación de los Presupuestos para 2017.
También en clave de desafío ha sido recibido el anuncio de que Puigdemont participará en la manifestación independentista de la Diada. Hasta hora, los presidentes de la Generalitat, Artur Mas incluido, habían salvaguardado su papel institucional asistiendo únicamente a los actos oficiales.
Pugidemont, que llama a todos los catalanes a sumarse a la movilización convocada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, justifica su decisión en que esta Diada “es también especial” porque los catalanes están “convocados a dar apoyo a un proceso que este país necesita para poder tirar adelante”.
De esta forma, la Diada acentúa su carácter de prueba de fuerza del independentismo. Si inicialmente las discrepancias en torno a la convocatoria unilateral de un referéndum sobre la independencia parecían dividir a los partidarios del derecho a decidir, al final la manifestación de la Diada va a reunir a todos los grupos políticos excepto PP, PSC, Ciudadanos, ICV y EUiA.
Junto a Puigdemont será significativa la presencia en la manifestación independentista de Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, y la de sus aliados de En Comú Podem, la rama catalana de Unidos Podemos.
Tanto Colau como Podemos se declaran partidarios del derecho a decidir pero no de la independencia. Sin embargo, su presencia al lado de los secesionistas supone un espaldarazo para éstos frente al Gobierno central a la vez que plantea la posibilidad de futuros entendimientos entre las confluencias y los nacionalistas más próximos ideológicamente a ellas. EFE

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