La detención de Adams por asesinato del IRA puede castigarle en las urnas

La detención del presidente del Sinn Féin, Gerry Adams, por el asesinato en 1972 de una mujer católica por el IRA amenaza el proceso de paz en Irlanda del Norte y las aspiraciones electorales de la formación republicana en el sur de la isla.
Jerry Adams, líder del Sein Feinn en una visita al nº10 de Downing Street en 2004. EPA/Archivo/Edmond Terakopian.Jerry Adams, líder del Sein Feinn en una visita al nº10 de Downing Street en 2004. EPA/Archivo/Edmond Terakopian.

Javier Aja

La policía norirlandesa (PSNI) puso en libertad sin cargos a Adams, quien fue detenido el pasado miércoles para ser interrogado por ese crimen que impactó a la sociedad de la época y cuyo fantasma regresa más de 40 años después para perseguir al partido y a su carismático líder.

Jean McConville, de 37 años, viuda y madre de 10 hijos, fue sacada a la fuerza de su domicilio de Belfast por miembros del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA) y ejecutada por espiar para las fuerzas de seguridad británicas, una acusación que se demostró era falsa.

Su cadáver fue después enterrado en una playa del condado irlandés de Louth, en la frontera con el Ulster, pero no apareció hasta 2003, cuatro años después de que el IRA reconociese públicamente su autoría y diese pistas sobre su paradero.

Adams, de 65 años, ha mantenido que esas acciones de la banda armada fueron “equivocadas” y que en el caso de McConville se cometió, además, “una injusticia”, pero siempre ha insistido en que no tuvo nada que ver con el caso.

De hecho, nunca ha reconocido su pertenencia a la banda a pesar de que para muchos es un secreto a voces que durante el conflicto fue unos de los líderes del Sinn Féin y del IRA, las dos caras de la misma moneda que era el movimiento republicano.

Sin esa autoridad, opinan algunos observadores, Adams y su “número dos”, Martin McGuinness, no hubiesen logrado el desarme del IRA ni hubiesen podido dar pasos clave, como reconocer la autoridad de la Justicia y Policía norirlandesa, para convencer a los unionistas protestantes para formar un Gobierno autónomo en Belfast de poder compartido.

McGuinness ha reconocido que fue comandante del IRA y ello no le ha impedido convertirse en viceministro principal en Irlanda del Norte, donde los votantes están profundamente divididos entre nacionalistas y unionistas y existen pocas alternativas al Sinn Féin o al mayoritario Partido Democrático Unionista (DUP).

Por contra, en la República de Irlanda el espectacular crecimiento del partido de Adams desde la firma del acuerdo del Viernes Santo (1998) está casi exclusivamente relacionado con el éxito del proceso de paz y el fin de la violencia. En este sentido, la sociedad del sur de la isla tiene mucho menos estómago que sus vecinos del norte para tolerar la sangre y recula hacia posiciones más cómodas cuando el pasado se presenta de nuevo con crudeza.

Para la clase política irlandesa se equivoca el Sinn Féin cuando asegura que la detención de Adams, quien abandonó Belfast hace unos años para hacer política en Dublín, donde es ahora diputado, es una “maniobra política” encaminada a dañar al partido en las elecciones locales y europeas de este mes.

Pero acierta cuando intuye que este asunto podría pasarle factura en las urnas en la República de Irlanda, donde es la cuarta formación más votada y Adams es todavía uno de los políticos más valorados.

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