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La derrota del PRI en México, final de un declive progresivo

Con un candidato presidencial en el tercer puesto y sin ganar ninguna de las gubernaturas que estaban en juego, las elecciones mexicanas dejan un PRI más débil que nunca como resultado de un declive cuyo comienzo se pude encontrar en dos casos: la "Casa Blanca" de Peña Nieto y el de Ayotzinapa.
El presidente de México, Enrique Peña Nieto (d), saluda al candidato del PRI José Antonio Meade (i),  en un acto en Ciudad de México.  EFE/José MEl presidente de México, Enrique Peña Nieto (d), saluda al candidato del PRI José Antonio Meade (i), en un acto en Ciudad de México. EFE/José Méndez

por Isabel Reviejo

El primero, que se inició cuando salió a la luz en 2014 la compra de propiedades a contratistas del Gobierno por parte del presidente Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, fue solo el comienzo de una espiral de casos de corrupción que salpicaron a decenas de personajes del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
El segundo, ocurrido en septiembre del mismo año, representa la violencia implacable que se ha agravado en todo el territorio nacional, dando pie a cifras históricas de asesinatos y desaparecidos y poniendo en evidencia el fracaso de la política de seguridad del PRI.
“En México se suele decir que nunca pasa nada, y que nadie paga la consecuencias de los actos, y esta elección demuestra que no es cierto”, dice a Efe el politólogo Mario Campos, profesor de la Universidad Iberoamericana.

Desgaste y reclamo social

El hecho de que el candidato del PRI, José Antonio Meade, haya quedado el domingo en tercer lugar detrás del izquierdista Andrés Manuel López Obrador y el conservador Ricardo Anaya “es muy revelador del desgaste y reclamo social que se fue gestando y acumulando a lo largo de estos seis años”, asevera el también periodista.
En febrero de 2014, la portada de Time exhibía a un confiado Peña Nieto bajo el título “Saving Mexico” (Salvando a México). La noche postelectoral, en la conferencia en la que Meade reconoció la victoria de López Obrador, el rostro del candidato reflejaba la resignación por una derrota que las encuestas auguraban desde hace meses.
De acuerdo con Campos, entre estas dos imágenes se ha producido el “desgaste de la marca PRI”, que tan bien funcionó para un partido que ha acaparado el Gobierno del país desde 1929, a excepción de dos sexenios (2000-2006 y 2006-2012).
“El tema de la corrupción desbordó a los priistas”, aporta a Efe el analista Alfonso Zárate, quien apunta que en los últimos años se ha visto cómo la clase gobernante “ha utilizado el poder para enriquecerse”.
Las urnas, argumenta, expresan el rechazo a todas las acciones cometidas por los gobernadores que fueron elogiados como la “nueva generación del PRI” y que han acabado implicados en hechos de corrupción, como Javier Duarte o Roberto Borge, exgobernadores de Veracruz y Quintana Roo, respectivamente.

Autocrítica

La pérdida de influencia del partido oficialista en los estados es indiscutible.
Según los datos oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE) con un avance de 57 % en el conteo de votos, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) de López Obrador se habría llevado cinco de los nueve gobiernos estatales que estaban en juego.
El Partido Acción Nacional (PAN) habría ganado en dos y Movimiento Ciudadano se habría impuesto en uno.
La única oportunidad del PRI está en Yucatán, donde la situación está muy reñida entre Mauricio Vila del PAN, con 31 %, y Mauricio Sahuí del PRI, con 28 %.
El presidente del PRI, René Juárez, dijo al conocer el resultado de los comicios que ahora al partido le toca hacer una “autocrítica madura y responsable”.
¿Es el final del PRI o, al menos, del PRI tal y como lo conocemos? “Los resultados electorales para el PRI constituyen un verdadero desastre; nunca había tenido desde su fundación resultados tan adversos”, subraya Zárate.
El analista defiende que ahora el destino del partido va a “depender mucho de qué grupo tome el control después de la salida de Peña Nieto”, así como de si López Obrador obtiene resultados positivos en su gestión, que se iniciará el próximo 1 de diciembre.
Para Campos, el peso del PRI va a quedar “muy disminuido”, ya que Morena puede “absorber sus cuadros” de poder en los diferentes estados.
Pese a esto, “es un error dar por muerto al PRI, porque históricamente ha demostrado que es capaz de regenerarse”, como ocurrió después de las dos victorias del PAN en 2000 y 2006, cuando parecía que estaba muy golpeado.
“Y sin embargo, regresó”, concluye el politólogo. EFE

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Publicado en: Análisis