La crisis socialista acerca a Rajoy a la investidura

El calendario avanza, restan 25 días para que acabe el plazo para que un candidato sea elegido presidente del Gobierno y aún es una incógnita si habrá nuevos comicios, pero la crisis del PSOE ha introducido nuevas claves que acercan a Mariano Rajoy a la investidura.
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (d), y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Mariscal
El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (d), y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. EFE/Archivo/Mariscal

 

Carlos Moral

 

El presidente del Gobierno en funciones es el único aspirante con posibilidades de formar gobierno y sus opciones, si es que vuelve a presentarse y dando por supuesto que contará de nuevo con el apoyo de Ciudadanos, son básicamente dos: abstención del PSOE o voto favorable de los cinco diputados del PNV.
En el segundo caso necesitaría un voto afirmativo o una abstención más. Se ha especulado con que ese sufragio pudiera salir del escaño de Nueva Canarias, formación que se presentó coaligada con el PSOE, y que hasta ahora se decanta por el no.
Ésas son las probabilidades aritméticas, pero en la práctica todo apunta a que la investidura está en manos del PSOE, que tendrá que resolver su dilema: decantarse por el “no es no” de Sánchez o evitar las terceras elecciones, como repiten muchos de los dirigentes del partido.
Para el PP la situación ha cambiado y su repetido mantra en contra de nuevos comicios y a favor de la responsabilidad institucional podría estar ahora en cuestión. La guerra abierta en el PSOE sitúa a los populares ante la oportunidad de consolidar su mayoría en las urnas y evitar hipotecas a su gobierno.
A su vez, esa opción, les permite partir de una posición fuerte en una eventual negociación, lo que les permite exigir un acuerdo sobre presupuestos u otros pactos de Estado. Diversos analistas políticos indican que los papeles se han invertido y, si hace unos meses los socialistas podían fijar las condiciones, ahora tienen que encomendarse a Rajoy para que no convoque unas terceras elecciones.
Sin embargo, el líder del PP ha señalado que no pondrá ninguna condición al PSOE para aceptar su abstención y que aunque lo mejor sería un gobierno de coalición, está dispuesto a considerar “cualquier posibilidad” porque la prioridad es formar gobierno y “no se trata de poner exigencias a unos y a otros”.
El portavoz parlamentario del grupo popular, Rafael Hernando, había indicado ayer que su partido no está en la tesis de unas terceras elecciones, al tiempo que solicitó al PSOE una abstención no meramente “estratégica”, sino “útil para que haya un Ejecutivo que pueda gobernar y una legislatura estable”.
El Gobierno en funciones y el PP, que han mantenido una actitud discreta ante la disputa socialista, esperan que la gestora del PSOE convoque en un par de semanas al Comité Federal y que éste decida la abstención.
Se abriría entonces una negociación “exprés”, pero persisten las dudas sobre qué decisión adoptá el PSOE: en su actual situación, con el partido dividido, sin secretario general, el PP mejorando en las encuestas y apenas una semanas por delante para elegir un candidato en primarias si hubiera elecciones en diciembre, no le faltan argumentos para abstenerse.
Pero según apuntan expertos en ciencia política, la abstención de los socialistas daría la razón al relato acuñado en la crisis y por el movimiento de protesta 15M, que provocó una enorme fuga de votos del PSOE hacia Podemos, y que se resume en que PSOE y PP son iguales, dos caras intercambiables de un régimen gastado.
El pasado martes, la mayoría de los miembros del grupo parlamentario se pronunció a favor de evitar unas terceras elecciones, lo que, a tenor de las circunstancias, sólo puede traducirse en una abstención. Pero la práctica totalidad del partido evita hasta ahora declararse a favor de esa abstención.
Los socialistas siguen, pues, atrapados en un perverso dilema: si deciden dejar gobernar al PP después de apartar de la Secretaría General a Pedro Sánchez, que hizo del no a Rajoy su bandera, se arriesgan a perder muchos apoyos entre sus votantes y quizá entre la militancia; si hay nuevos comicios tendrán que buscar candidato a toda prisa y será difícil evitar el hundimiento. EFE

 

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Publicado en: Análisis