CONSTITUCIÓN ANIVERSARIO

La Constitución del 78 es lo que los españoles esperaban de nosotros

Se habían celebrado las primeras elecciones democráticas después de la larga dictadura del general Franco. A partir del 15 de junio de 1977 empieza una nueva etapa en la historia de España y la primera responsabilidad de los parlamentarios elegidos en aquella convocatoria era la de declararse como Asamblea Constituyente a los efectos de proceder a elaborar una Constitución que amparase la regulación democrática de las instituciones representativas de la soberanía popular.
 Miguel Roca interviene en un debate del Congreso sobre el proyecto de Constitución, el 21 de julio de 1978. EFE/Archivo/yv Miguel Roca interviene en un debate del Congreso sobre el proyecto de Constitución, el 21 de julio de 1978. EFE/Archivo/yv

Miquel Roca Junyent, abogado y político de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y uno de los siete padres de la Constitución española

 

Era un periodo lleno de emoción y a la vez de la percepción de la importancia de lo que nos correspondía realizar y, precisamente por ello, los que fuimos elegidos como ponentes para elaborar, en nombre de las Cortes Generales, aquel texto constitucional recibimos el encargo con ilusión, emoción, inquietud y, sobre todo, con una clara voluntad de saber interpretar bien y correctamente los objetivos que la sociedad española, en su conjunto, quería alcanzar.

No fue un trabajo sencillo. Teníamos por detrás una larga historia de fracasos colectivos, de intolerancias, de confrontación y de frecuentes secuestros de la libertad por parte de expresiones totalitarias que habían marcado la historia de España durante muchos años. Teníamos que recuperar un depósito de confianza en la construcción de un nuevo Estado democrático, resolviendo a la vez problemas seculares que habían acompañado el desarrollo de nuestra vida política y social. Definir la forma de Estado, garantizar un efectivo ejercicio de los derechos y libertades fundamentales, descentralizar el poder territorial en beneficio de un reparto más equilibrado y reconocedor del pluralismo del país, modernizar nuestras instituciones, consagrar la soberanía popular, y todo ello con una clara vocación de proyectar este nuevo edificio institucional en un futuro de estabilidad y progreso.

De hecho, lo que se perseguía fundamentalmente era definir un marco de convivencia democrática y libre, y para ello era necesario que los propios ponentes, desde sus diferencias ideológicas y trayectorias políticas distintas, pudieran construir entre ellos el margen de respeto y confianza que pudiera dar a su trabajo esta línea de fiel cumplimiento de los objetivos que la sociedad pretendía alcanzar.

Fue un trabajo difícil, pero el debate sirvió para avanzar en una línea constructiva que vino a simbolizar la enorme voluntad de consenso que en España se quería definir en aquel momento. No se trataba de elaborar una Constitución de la mitad de España contra la otra, sino en la que todos pudieran sentirse cómodos en el desarrollo de sus particulares opciones. Consenso que obligó al pacto que aconsejó la transacción, que buscó coincidencias y que se expresó con aquel resultado emocionante de un referéndum en el que el 90 % de la ciudadanía apoyó masiva y confiadamente la Constitución que resultaba de aquel esfuerzo de consenso.

Este es el recuerdo que hoy, en todo caso, domina mi particular conmemoración de aquel momento. La percepción de que lo que entre todos escribimos, interpretó, de manera clara e inequívoca, lo que los ciudadanos esperaban de nosotros y que ratificaron con su apoyo entusiasta. Por esto, 40 años después solo me cabe expresar un gran agradecimiento a las circunstancias que permitieron que pudiese participar en la elaboración de aquel texto constitucional.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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