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La caída de Renzi y el PD ahondan la crisis de la socialdemocracia europea

La dimisión del ex primer ministro italiano, Matteo Renzi, tras la debacle del gubernamental Partido Demócrata (PD) en las elecciones italianas del domingo ahondan la crisis que la socialdemocracia europea comenzó a sufrir hace casi una década.
La dimisión del ex primer ministro italiano, Matteo Renzi, tras la debacle del gubernamental Partido Demócrata (PD) en las elecciones italianas del La dimisión del ex primer ministro italiano, Matteo Renzi, tras la debacle del gubernamental Partido Demócrata (PD) en las elecciones italianas del 4 de febrero ahondan la crisis que la socialdemocracia europea comenzó a sufrir hace casi una década. EFE/.Carconi

El PD de Renzi obtuvo cerca del 18,8 % de los sufragios, muy por detrás de la coalición de derechas formada por Forza Italia, la Liga Norte y Hermanos de Italia (el 37 % de los apoyos), y del euroescéptico Movimiento Cinco Estrellas (32 %).
La derrota pilló desprevenido al socialdemócrata Renzi, que había basado su campaña en combatir, precisamente, el discurso “antieuropeísta” y “extremista” de las formaciones vencedoras.
El Partido Socialdemócrata (SPD) alemán, que a finales de los 90 ganaba elecciones con un 40 % de los apoyos y 20 millones de votos, también ha constatado recientemente su declive, tras obtener su peor resultado histórico en 2017: menos de 10 millones de votos y un 20,5 % de los votos.
Las razones de la constante caída del SPD desde 1998 se encuentran en parte en la introducción de recortes sociales en su programa, pero también en el ascenso de la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD), que habría arrebatado cerca de medio millón de votos a los socialistas en los últimos comicios.

El hundimiento

El hundimiento de la socialdemocracia alemana estuvo precedido del desplome de sus colegas en la otra gran potencia europea, Francia, donde su catástrofe en las presidenciales fue clave para el ascenso de la nueva formación de Emmanuel Macron, que toma elementos de la izquierda.
Los primeros síntomas de una crisis que ya ha alcanzado una dimensión continental se percibieron en Grecia en 2010, cuando los socialdemócratas iniciaron su caída estrepitosa con la firma del primer rescate del país.
En 2012, el histórico PASOK sufrió su primer desplome al quedar en un 12 % tras el 44 % que ostentaba todavía en 2009. En las elecciones de 2015, apenas alcanzó un 5 %.
El derrumbe se debió principalmente a la política de austeridad draconiana, pero fue ayudado por el fulgurante ascenso de Syriza, formación hasta entonces marginal que supo aunar el descontento por las medidas de austeridad con una política crítica hacia la UE.
En el este de Europa, los socialistas de Hungría fueron los primeros en iniciar su particular travesía por el desierto. En las elecciones de 2010, tras ocho años en el Gobierno, marcados por la crisis económica y los escándalos, el partido fue arrollado por el conservador Fidesz.
El partido no ha logrado recuperar el apoyo popular ni construir una alianza de izquierdas con aspiraciones a formar Gobierno y de contrarrestar el discurso euroescéptico, nacionalista y anti inmigración del Fidesz.
En República Checa, el Partido Socialdemócrata pasó en las elecciones del pasado octubre de ser el partido del Gobierno y el más votado a la sexta posición, y en Austria, el SPÖ está estancado desde 2013 en el 26,8 % de los votos, el peor resultado de su historia.

Auge extremismos

La socialdemocracia sigue siendo una de las fuerzas más votadas en los países escandinavos, pero ha retrocedido de forma notable en parte por el ascenso de fuerzas de corte xenófobo que se han ido consolidando hasta formar gobiernos (Noruega) o apoyarlos desde fuera (Dinamarca).
Frente a este auge de los extremismos, Reino Unido ha logrado preservar su tradicional bipartidismo entre el Partido Conservador y el Laborista, aunque el antieuropeísmo ha abierto una posibilidad inimiginable años antes: el “brexit” o salida del país de la UE.
En el sur de Europa, el socialismo también ha logrado contener su caída, especialmente en España y Portugal, uno de los pocos países donde gobierna en alianza con dos partidos radicales de izquierda, el marxista Bloque de Izquierda y el Partido Comunista Portugués, algo inédito en la historia de la democracia lusa.
En España, el Partido Socialista (PSOE) es la primera fuerza de la oposición, pero ha registrado una caída importante de votos y diputados desde 2011, cuando perdió las elecciones generales y tuvo que dejar el poder arrastrado por la crisis económica.
Esta situación ha generado “preocupación y nerviosismo” en el grupo de los socialdemócratas en la Eurocámara en la carrera a los los comicios previstos para 2019, explicaron a Efe fuentes parlamentarias.
El PSE pasó en las elecciones de 2014 de 217 a 191 escaños y, aunque se mantiene como segunda fuerza, teme que el declive del socialismo alcance al corazón de las instituciones europeas. EFE

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Publicado en: Análisis