La apuesta de Sánchez afianza su liderazgo

Desde el pasado 20 de diciembre Pedro Sánchez juega dos partidas simultáneas, la de su investidura, por ahora con reducidas posibilidades de éxito, y la de su consolidación como figura política y líder del PSOE, en la que parece ir ganando posiciones.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en su escaño durante la sesión de la tarde de la segunda jornada del debate de su investidura que seEl secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en su escaño durante la sesión de la tarde de la segunda jornada del debate de su investidura que se celebró el 2 de marzo en el Congreso de los Diputados. EFE

Carlos Moral 

Tras el encargo del Rey, la apertura de las negociaciones le ha permitido fortalecer su imagen pública y proyectarse como hombre de gobierno, al tiempo que reforzaba su posición al frente del partido.

En esa dirección ha ido su intervención en la sesión de investidura, con constantes apelaciones a la necesidad de poner en marcha un Gobierno del cambio soslayando las diferencias ideológicas, un mensaje, dirigido sobre todo a Podemos, con el que Sánchez pretende acreditar que antepone el interés general al programa de su partido.

En el tiempo transcurrido desde las elecciones el líder socialista ha conseguido dar un giro a la situación a su favor. Los resultados de los comicios, los peores del PSOE en la historia, removieron las aguas entre los dirigentes y barones regionales y la continuidad al frente del partido de Sánchez volvió a ponerse en cuestión.

Sin embargo, desde entonces ha tomado la iniciativa, como acredita la aprobación por casi el 79 % de los militantes (51 % de participación) del acuerdo logrado con Ciudadanos para formar gobierno y el respaldo sin fisuras del Comité Federal.

Sánchez ha superado las resistencias iniciales del órgano directivo socialista, que recortó su autonomía e impuso estrictas condiciones para impulsar conversaciones con otros partidos, desactivando su presión mediante la consulta a la militancia.

El líder socialista disponía de dos opciones, a su izquierda y a su derecha, para buscar acuerdos para la investidura, aunque ninguna le da por sí sola la mayoría. Se decantó por Ciudadanos, la más corta en número de diputados (juntos suman 130) y la favorita del Comité Federal, aunque probablemente no la de la militancia.

En el acuerdo alcanzado con la formación que encabeza Albert Rivera los socialistas han asumido notables renuncias programáticas, pero confían en que terminen jugando a su favor, porque muestran su voluntad negociadora y su disposición a sacrificarse en pos de un acuerdo.

Pero las renuncias y el pacto con Ciudadanos les han alejado aún más de Podemos y de las otras formaciones de izquierda (IU y Compromís), cuyo apoyo, o al menos abstención, necesitan.

Tanto su propuesta de última hora para que estas fuerzas se incorporen al pacto, como su discurso de investidura, inciden en la estrategia adoptada por los socialistas desde el primer día, que persigue responsabilizar a Podemos de frenar el Gobierno del cambio y alinearse con el PP.

La presión sobre Podemos crecería si el PSOE lograra atraer al pacto a Compromís, IU o a alguna de las confluencias que se presentaron junto al partido morado (En Comú Podem y En Marea) y probablemente con esa intención Sánchez formuló propuestas diferenciadas a cada formación, aunque sin éxito.

Con esta estrategia, Sánchez, en caso de no conseguir los votos para llegar a La Moncloa, al menos espera reforzar la posición de su partido frente a su principal competidor entre los votantes de izquierda de cara a unos nuevos comicios.

Pero en un escenario político tan volátil y fragmentado como el actual, es arriesgado aventurar cómo interpretará el pacto el electorado y cuál será su reacción final.

De momento las encuestas indican que la ciudadanía prefiere acuerdos y que son más los que culpan a Podemos que al PSOE si éste no se produce, pero la lectura podría cambiar conforme transcurran las semanas y calar el mensaje que lanzan desde la formación que lidera Pablo Iglesias de que los socialistas han desaprovechado una ocasión histórica de formar un gobierno progresista.

Si finalmente Sánchez es investido presidente del Gobierno tras las negociaciones que se abran a partir del próximo lunes, su camino tampoco va a resultar sencillo, puesto que tendrá que manejarse entre permanentes equilibrios, aunque ha probado ya sus habilidades en este terreno en el año y medio que lleva al frente del PSOE y, en particular, desde las elecciones de diciembre.

Si hace mes y medio parecía que la suerte de Sánchez al frente del PSOE pasaba por llegar a La Moncloa, ahora la percepción mayoritaria es que volverá a encabezar la lista socialista si hay otras elecciones. EFE

Etiquetado con: , , ,
Publicado en: Análisis