Juan Gelman, inventor de palabras y poeta contra el olvido

El poeta argentino residente en México, Juan Gelman, de 83 años, falleció el 14 de enero de 2014. El también traductor y periodista, distinguido con los Premios Reina Sofía de Poesía Iberoamericana'05 y Cervantes'07, nació el 3 de mayo de 1930 en Buenos Aires (Argentina).
EFE/Archivo/J.M.GARCIA

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    Dos energías activaron  la poesía del Premio Nacional de Poesía de Argentina 1997, Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”  2000 e Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” 2005: una lírica centrada en las cosas simples, el amor a la gente y  la naturaleza; y otra comprometida ante la injusticia, indignada y  receptiva al dolor ajeno.

   Su primera obra publicada, “Violín y otras cuestiones” (1956), recibió el elogio de la crítica. A ellos le siguieron “El juego en que andamos” (1959), “Velorio del solo” (1961), “Los poemas de Sidney West” (1969), “Fábulas” (1971), “Comentarios” (1978), “Citas” (1979), “Carta abierta” (1980), “Bajo la lluvia ajena” (1980), “Hacia el Sur” (1982), “Composiciones” (1983), “Eso” (184).

    En los sesenta formó parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de la organización guerrillera de los Montoneros. Amenazado por la Triple A argentina, se vio obligado a exiliarse en 1975 y a  trasladarse a Italia, Francia y México.

   El 24 de agosto de 1976, su hijo Marcelo y su nuera -la española Claudia García- fueron secuestrados por militares argentinos cuando ella estaba embarazada de siete meses.

  Ingresados en el  campo de concentración, Automotores Orletti, su hijo Marcelo fue torturado y, trece años después, sus restos hallados en un tambor de cemento y arena . Los forenses dijeron que le habían pegado un tiro en la nuca. En 1997 el Vaticano le hizo saber que su nieto estaba vivo.

 Su nuera fue trasladada clandestinamente a Montevideo (Uruguay), donde desapareció en 1977 tras dar a luz una niña, y  fue asesinada tras el parto.

  Su nieta, Macarena Gelman, fue criada por la familia de un policía uruguayo que le ocultó su verdadera identidad, pero en 2000 el  “poeta del dolor” dio con ella y desde  entonces los dos  lucharon  por esclarecer la verdad.

  Esta tragedia movió a Gelman a desarrollar desde el exilio una labor internacional de denuncia de las violaciones a los derechos humanos de  la dictadura.

Recuperada la democracia en Argentina, el juez Miguel Guillermo Pons, nombrado por el régimen militar, dictó en 1985 una orden de captura por asociación ilícita contra Juan Gelman.

  Esta acusación se refería a su participación en el Movimiento Peronista Montonero, aunque en 1979 se había desvinculado de los Montoneros por discrepancias con su política militar y su actitud hacia el régimen de Videla.  Una crítica suya, publicada por “Le Monde”, desató su condena a muerte por el MPM.

     Gelman se convirtió en 1986, en símbolo político cuando Mario Vargas Llosa y Graham Greene lanzaron un llamamiento internacional en protesta del proceso judicial. Varias  personalidades de las letras hispanas denunciaron en una carta dirigida en 1987 al presidente Alfonsín, su persecución.

   El último día de 1987 Gelman fue eximido de cárcel, previo pago de 16.000 dólares de fianza, que revocó la Cámara Federal tras solicitarlo el periodista Horacio Verbitsky y el diputado democristiano Carlos Auyero.

Cuando regresó a Argentina  para declarar ante la justicia habían transcurrido doce años de exilio. Entonces le otorgaron la posibilidad de regreso en libertad, pero  Gelman enterró a su hijo y se fue a vivir a México.   Tras una búsqueda incesante, en 2000, el poeta encontró a su nieta, Macarena.

El 24 de marzo de 2011, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenaba a Uruguay por la desaparición de su nuera, María Claudia García, y la supresión de identidad de su nieta, Macarena Gelman..

 Juan Gelman  declaró ante la Audiencia Nacional en España en relación con los procesos contra los militares responsables de las desapariciones.

  La última etapa de su poética refleja este dolor: “Anunciaciones” (1988), “Carta a mi madre” (1989), “Salarios del impío” (1992), “La abierta oscuridad” (1993), “Incompletamente” (1997) y “Ni el flaco perdón de Dios” (1997).

En 1997 publicó su antología “Debí decir te amo” y “Prosa de prensa”. Le siguieron “Tantear la noche” (2000); “Afganistán, Irak, el imperio empantanado” (2003); “País que fue, será” (2004); “Oficio ardiente” (2005); “Miradas” (2006); y “El emperrado corazón amora” (2011).
EFE/DOC

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Publicado en: Obituarios