Italia y el endeudamiento equivocado

La imagen triunfante que ofrecieron recientemente el vicepresidente italiano, Luigi Di Maio, y los demás ministros del Movimiento 5 Estrellas y la Liga desde el balcón de Palazzo Chigi -sede histórica del Gobierno transalpino-, tras la aprobación de una medida cuyas consecuencias pueden ser nefastas para el país, está cargada de retórica.
Matteo Re, profesor de la Universidad Juan Carlos I . Firmas. EFEMatteo Re, profesor de la Universidad Juan Carlos I . Firmas. EFE

 

Matteo Re, profesor de la Universidad Juan Carlos I y experto en asuntos italianos

 

 

El Consejo de Ministros acababa de cerrar un acuerdo que establecía fijar, para 2019, el déficit público al 2,4% del PIB, superando con creces la propuesta del ministro de Economía, Giovanni Tria, quien abogaba por el 1,6%. Algunos rumores apuntan a que Tria, tras encajar esa dura derrota (celebrada por todo lo alto por sus compañeros de gobierno), pensó en dimitir, pero la intervención del presidente de la República, Sergio Mattarella, consiguió que se quedara al frente de la cartera de Economía.

Que el Gobierno italiano, a pesar de la elevada deuda que tiene (130% del PIB, la más alta de la eurozona después de Grecia), proponga endeudarse aún más, se podría justificar si el país tuviera que hacer frente a una intensa crisis o a un suceso de máxima gravedad. Sabemos que así no es.

Fijar el déficit al 2,4%, por lo tanto, asume un significado muy claro, es un mensaje que Di Maio y -en menor medida esta vez- Salvini quieren lanzar a Europa y a los mercados, que se podría resumir así: “Somos un país soberano y no nos doblegaremos ante imposiciones exógenas”. Por otra parte, el desafío de aumentar la deuda no es nuevo.

No olvidemos que, hace poco más de un año, Matteo Renzi, ex primer ministro y en aquel entonces secretario del Partido Democrático, había propuesto llegar hasta el 2,9% y nadie se rasgó las vestiduras por eso. Lo que sí tendría que inquietar (o incluso cabrear) a una parte de los italianos es que la mayor cantidad de una maniobra, que se cree que costará alrededor de unos 30 mil millones de euros, estará destinada a operaciones asistenciales.

Las declaraciones altisonantes de Di Maio tras la firma del acuerdo: “Por primera vez -afirmaba el vicepresidente- el Estado está del lado de los ciudadanos”, “Hemos eliminado la pobreza”, chocan con las medidas que se han aprobado, ya que resulta más probable que produzcan el efecto contrario al deseado. Aumentar la deuda pública italiana no parece la mejor maniobra para regenerar una economía que, en este momento, es todo menos boyante.

Poner en marcha la “renta de ciudadanía”, aquella medida que asignará 780 euros mensuales (con duración máxima de tres años) a casi 6 millones de italianos, tampoco es la solución para aupar una economía anquilosada. Poco o nada de esa deuda se utilizará para acatar la propuesta de Salvini de rebajar los impuestos y fijarlos en un tipo único del 15% (flat tax), medida atrevida, pero que podría impulsar el sistema económico italiano.

Tal y como suele afirmar Laffer, si pagas a quien no trabaja y tasas a quien trabaja no te puedes sorprender si acabas produciendo más desempleo. Es decir: me puedo endeudar, si creo que ese endeudamiento puede producir un crecimiento. En este caso, lo más probable es que pase lo contrario.

Giovanni Orsina, por su parte, destaca cómo el Gobierno italiano está pasando por un momento muy delicado, en el que es imposible ignorar el tira y afloja entre Italia, los compromisos de mercado y la convivencia europea, por un lado, y la opinión pública, por el otro. Si es inviable no respetar los acuerdos tomados, tampoco se puede ignorar que un número cada vez mayor de italianos rechaza ya esos vínculos.

Veremos si la maniobra adoptada por el Gobierno italiano recibirá el visto bueno de la Comisión Europea y, de no lograrlo (es muy probable), cómo reaccionará el Gobierno: ¿rectificará su decisión o irá al choque frontal con Europa? Todo esto, sin perder de vista la reacción de los mercados.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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