Israel celebra 70 años de independencia

Israel celebra siete décadas de existencia desde la declaración de independencia que se firmó en Tel Aviv el 14 de mayo de 1948 según el calendario gregoriano; 19 de abril, según el hebreo.
Vista de fuegos artificiales durante la ceremonia inaugural del Día de la Independencia de Israel en Jerusalén (Israel) hoy, miércoles 18 de abril Vista de fuegos artificiales durante la ceremonia inaugural del Día de la Independencia de Israel en Jerusalén (Israel) hoy, miércoles 18 de abril de 2018. Israel celebra el 70 aniversario de su independencia y la creación del estado judío en 1948. EFE/Archivo/Abir Sultan

La ceremonia oficial tuvo lugar en el escenario montado en el Monte Herzl de Jerusalén, repleto de miles de personas, donde la gente asistió ondeando banderas israelíes a un acto rodeado de un amplio dispositivo de seguridad por la presencia de las principales autoridades del país.
En el evento, con efectos luminosos y una compleja escenografía, el público contempló un largo espectáculo con recreaciones, actuaciones de cantantes, actores y bailarines que, junto con la música de un coro y una orquesta, repasaron la historia de los judíos, con pasajes como la época del Holocausto y la creación posterior del Estado de Israel.

70 años de Israel, de la utopía socialista de kibutz a ocupación e innovación
Crónica de Maya Siminovich

“Voy a cumplir 74, crecí en el socialismo”, cuenta a Efe el ingeniero agrónomo Salomón Yehshúa, quien percibe que, a medida que el país ha ido cambiando, se ha sentido cada vez menos identificado con él. El ingeniero fue testigo de la expansión de los kibutz, que surgieron por primera vez en la Palestina otomana de 1909 con la comunidad agrícola de Dgania, a orillas del mar de Galilea.

Era en la época en la que los judíos europeos, sin experiencia agraria, llegaban para crear comunidades socialistas (kibutz), sionistas, en medio de la malaria, el cólera y una población árabe local hostil ante las masivas olas migratorias. “El colectivismo era el modo más lógico de agruparse y vivir en una tierra hostil”, indica Yosi Harpaz, profesor de sociología política comparada en la Universidad de Tel Aviv.

En 1922 había 700 personas viviendo en estas agrupaciones comunales que aumentaron hasta las 65.000 en 1950, tras la Segunda Guerra Mundial y dos años después de la creación del Estado de Israel, para en 1989 alcanzar la cifra más alta: 129.000. Hoy quedan unos 260 kibutz, pero ya no son el buque insignia de un país que desde su surgimiento ha pasado por varias contiendas, dos Intifadas palestinas y episodios armados en el conflicto árabe-israelí, que han cambiado su territorio y su carácter.

La primera guerra, en 1948, estalló tras la declaración de independencia israelí, cuando cuatro ejércitos árabes rechazaron militarmente el Plan de Partición del Protectorado Palestino de la ONU de unos meses antes. Jane Hiejieli llegó de Panamá tras la guerra de los Seis Días, en 1967, contienda librada contra Egipto, Siria y Jordania y que convirtió al país en ocupante de los territorios palestinos hasta hoy.

“Vine a construir el país al kibutz Beit Hashitá, en el norte de Israel”, relata Jane. Los fundadores soviéticos de los kibutz aspiraban a la ruptura de las estructuras conservadoras como la familia, por lo que padres e hijos vivían separados, una disposición que algunos de estos colectivos mantienen actualmente.

“Durante diez años no vi ni una sola moneda; había vales internos con los que se repartía la ropa, el calzado y esas cosas, pero el dinero iba para la comunidad”, explica Hiejieli sobre las primeras décadas del joven Estado dominado por el socialismo del partido Mapai.
“Un socialismo reprimido por el nacionalismo”, incide Harpaz.

Hiejieli asegura que la transformación de esas comunidades era necesaria, lo que ocurrió con los procesos de privatización de los años ochenta, como evolución del cambio político y económico que comenzó a mediados de los setenta.

Los motores de estos cambios fueron la burguesía no socialista y los “mizrajíes”, los judíos que venían de los países árabes y que se sentían menospreciados por los “ashkenazíes”, judíos socialistas y ateos procedentes de Europa que no les consideraban suficientemente sionistas, describe Harpaz.

En 1977 fue elegido por primera vez un gobierno de derechas, con Menájem Béguin como primer ministro, un punto de inflexión en la historia del país en el que el ingeniero agrónomo Yehoshúa se dio cuenta de que “jamás devolverían los territorios ocupados y que esto iba a ser un desastre”.

Para muchos, el declive ético del país comenzó entonces, un sentimiento reflejado en un tema del cantautor Arik Einstein que entona sobre los primeros israelíes: “Tenían un motivo para despertarse por la mañana (…) Dicen que hubo aquí un sueño maravilloso, pero cuando miré, no encontré nada”.

Mientras, Israel se encaminaba a lo que en años posteriores empezó a ser sinónimo de “start up nation” (nación de empresas emergentes), aunque Yael Shani, fundadora de la asociación Embajadores High-Tech, cree que la peculiaridad innovadora es característica de la historia israelí, no algo reciente.
El último informe de la Autoridad de Innovación israelí indica que surgen al año unas 600 empresas emergentes y que es el segundo país en el mundo en índice de innovación, según el Fórum Económico Mundial.

Sin embargo, también señala que solo una elite se beneficia de estos logros.
“Yo diría que Israel no era tan socialista en sus comienzos como se cree y que ahora no es tan individualista como se dice”, concluye el profesor Harpaz sobre una “aún sociedad utópica, más que las sociedades europeas”, que mantiene “un fuerte sentido colectivo y de pertenencia”. EFE-doc

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