Irán: Rohaní inicia el último año de mandato obligado a “vender” sus éxitos

El presidente de Irán, Hasán Rohaní, arranca su último año de mandato inmerso ya en la campaña para su reelección en 2017, obligado a "vender" a los ciudadanos de la República Islámica los éxitos de su Gobierno, notables pero que aún no han sido percibidos por la población.
El presidente iraní, Hasán Rohaní, durante una conferencia de prensa en Islamabad (Pakistna), en marzo pasado.EFE/EPA/Archivo/T. MUGHALEl presidente iraní, Hasán Rohaní, durante una conferencia de prensa en Islamabad (Pakistna), en marzo pasado.EFE/EPA/Archivo/T. MUGHAL

Álvaro Mellizo

Tres años después de asumir la presidencia, que ganó de forma sorpresiva con la promesa de llevar al país por una senda de cambio, moderación, apertura al mundo y mejora económica, Rohaní parece encaminado a cumplir con sus palabras.

Sin embargo, se encuentra completamente a la defensiva ante la necesidad de explicar una y otra vez a los ciudadanos que lo votaron porqué su vida todavía no ha cambiado.

Con las nuevas elecciones presidenciales ya anunciadas para mayo de 2017, éste clérigo moderado, aliado de los sectores reformistas que quieren transformar la República Islámica desde las instituciones, ha empezado una carrera contrarreloj para convencer al pueblo de que sus políticas están dando frutos y mantener la ilusión con su proyecto.

Es decir, Rohaní tiene que ganar tiempo y evitar que su posición se erosione mientras espera que la economía, el eje político del país más allá del acercamiento o la apertura al mundo, mejore.

De momento, parte con ventaja frente a sus adversarios conservadores y populistas, desconcertados y desarmados tras el éxito de moderados y reformistas, socios del presidente, en las elecciones parlamentarias de febrero de este año.

En esa votación, los aliados del presidente lograron la mayoría en el Parlamento y desplazaron a los conservadores, dándole de paso un claro apoyo político y una medida del respaldo popular que todavía tiene.

La decisión de los reformistas iraníes, un bloque crítico con el sistema y renuente en términos generales a participar en las elecciones, de apoyar a Rohaní, un hombre del régimen, dejó en fuera de juego a los conservadores, que no saben como atajar una alianza que refleja los deseos de cambio que anidan entre la mayor parte de la población sin romper con los valores centrales de la República Islámica.

El problema para Rohaní, y al que ya está dedicando energías, es que si quiere lograr la reelección debe mantener la ilusión entre su electorado, particularmente volátil, y para eso debe presentar resultados.

El eje central de las políticas de Rohaní hasta la fecha fue la consecución del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, en inglés), el acuerdo con las potencias globales en virtud del cual Irán prometió limitar su programa atómico y aceptar controles internacionales sin precedentes a cambio del fin de las sanciones económicas que lastraban su economía.

Con el JCPOA, Rohaní consiguió que Irán volviera a ser readmitido en la comunidad internacional, el fin del embargo sobre su petróleo y la desaparición nominal de las trabas financieras sobre el país.

El segundo paso de su plan se basaba en que, sin sanciones, las empresas internacionales y los inversores iban a caer al país como un maná, generando empleo y mejorando la calidad de vida de los ciudadanos.

Y es en esta parte en la que se está topando con problemas, ya que pese al innegable interés que ha suscitado Irán, y los pasos que también sin duda se están dando para la llegada de inversión, ésta no está llegando lo rápido que habían pensado y la paciencia de la gente se está agotando.

Desde hace semanas ya, Rohaní y su gobierno no han cesado de hablar públicamente de los beneficios del JCPOA, del incremento de las ventas de petróleo, de la mejor situación política global del país y del futuro brillante que está a la vuelta de la esquina.

También, por supuesto, culpan del retraso a la hora de cosechar beneficios a los socios del JCPOA, particularmente los Estados Unidos, que según ellos boicotean el pacto y presionan para que la banca internacional y las grandes empresas no quieran hacer negocios en el país.

La oposición ha encontrado en este problema su mayor filón para dañar al gobierno y así arrecian no solo las críticas al JCPOA, sino a la gestión de Rohaní, a quien acusan de haberse dejado engañar por Occidente.

La esperanza opositora radica en que con estas críticas, el electorado conservador se movilice, al tiempo que busca poner palos en la rueda para evitar que se materialicen las inversiones prometidas y lograr así que reformistas y moderados se desilusionen y abandonen el carro de Rohaní.

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Publicado en: Análisis