Irak: el sentimiento de exclusión de los suníes acelera el avance yihadista

El sentimiento de exclusión en las provincias de mayoría suní en Irak ha propiciado un ambiente que los grupos yihadistas han aprovechado para realizar avances importantes en el norte del país.
Combatientes enmascarados sunitas disparan en mientras avanzan posiciones en  a Fallujah al occidente de Irak el 15 de enero de 2014.  EFE/Archivo/MOHCombatientes enmascarados sunitas disparan en mientras avanzan posiciones en a Fallujah al occidente de Irak el 15 de enero de 2014. EFE/Archivo/MOHAMMED JALIL

Mohamed Siali 

El nuevo giro en la crisis iraquí empezó el pasado martes cuando el extremista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), apoyado por otros grupos, tomó el control de Mosul, capital de la provincia de Nínive y la segunda ciudad del país.

Las imágenes que llegan de los campos de batalla muestran la dominación casi total en el frente rebelde de los yihadistas del EIIL, que ha reivindicado los nuevos avances, extendidos luego a otras provincias como Saladino.

Sin embargo, los insurgentes suníes que también han participado en esas conquistas consideran que lo ocurrido es una “revolución suní” contra el primer ministro, el chií Nuri al Maliki.

Además de las numerosas minorías étnicas y confesionales que existen, Irak se divide a grandes rasgos entre los suníes árabes, que ocupan el centro y el oeste del país; los chiíes árabes, mayoría en el sur; y los kurdos (suníes), que establecieron la región autónoma del Kurdistán con amplios poderes en el noreste.

El periodista y analista palestino Abdelbari Atuan apunta que el Estado iraquí, y más concretamente el Ejército, “se está colapsando” frente a una coalición de fuerzas suníes y el EIIL. 

También participa en los combates contra el Ejército iraquí el denominado Yaish al Muyahidin (ejército de los combatientes), una milicia tribal suní formada tras la invasión estadounidense de Irak en 2003 y activa en Bagdad y su periferia y en las provincias de mayoría suní.

A la batalla se han unido igualmente militantes de la cofradía sufí Al Naqshbandiya, leales al vicepresidente de Sadam Husein y “número dos” de su régimen, Ezat Ibrahim al Duri. Apoyando al EIIL figuran grupos islamistas kurdos como los radicales de Ansar al Islam (seguidores del Islam) y el grupo tribal Yaish al Islam (ejército del Islam).

Mientras, las tropas kurdas (los “peshmergas”) están controlando los límites del Kurdistán iraquí y se han hecho con el control de la disputada ciudad petrolera de Kirkuk, que había sido abandonada por las fuerzas del orden iraquíes.

La división quedó reflejada en el Parlamento iraquí, que no logró celebrar por falta de quórum la sesión convocada el jueves para decidir si declaraba el estado de emergencia en todo el país, a petición de Al Maliki, ante el avance yihadista.

El EIIL ha amenazado con seguir hacia Bagdad y las ciudades meridionales de Kerbala y Nayaf, donde se encuentran los principales santuarios chiíes.

Además del rápido deterioro de la situación en el norte, Al Maliki tiene grandes dificultades para formar un nuevo Gobierno después de que su coalición, Estado de Derecho, consiguiera en los comicios legislativos del pasado abril 92 de los 328 escaños del Parlamento.

Los grupos chiíes que son aliados políticos tradicionales del Estado de Derecho solo aceptan unirse a esa alianza si se presenta un candidato a primer ministro que no sea Al Maliki, quien ya ha gobernado durante dos mandatos consecutivos.

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