Las inversiones y el turismo sufren los efectos del conflicto independentista

La salida de empresas es la expresión más conocida del impacto del conflicto independentista sobre la economía catalana, pero numerosos indicadores, como la rebaja de las inversiones extranjeras, el recorte de la inversión estatal o la caída del turismo completan un cuadro que revela efectos más profundos.
Un grupo de turistas admiran la fachada de la Sagrada Familia en Barcelona (Cataluña). EFE/ArchivoUn grupo de turistas admiran la fachada de la Sagrada Familia en Barcelona (Cataluña). EFE/Archivo

 

Carlos Moral

En el tercer trimestre del pasado año -no hay datos aún del último- las inversiones extranjeras en Cataluña cayeron un 75 %, casi el doble que en el resto de España -43 %-. A ello se sumó el recorte de la inversión estatal, que los contratistas catalanes cifran en un 23 %.

También ha caído el volumen de ventas de las pymes industriales catalanas (empresas pequeñas y medianas), un 18; y el ritmo de creación de empresas nuevas en Cataluña, un 15,6 %.

Especialmente afectado ha resultado el turismo: la Organización Mundial del Turismo (OMT) cifra entre el 15 y el 20 % la caída registrada en el último trimestre de 2017. En el conjunto del pasado año, Cataluña fue la comunidad española que más turistas recibió -19 millones- y su número creció un 5 %, un porcentaje inferior al de otras comunidades y que quedó lastrado por el último trimestre, en el que el conflicto independentista cobró fuerza.

Aunque a veces es difícil separar los efectos de la coyuntura económica general de los causados por la situación política catalana, los datos de empleo también apuntan repercusiones negativas: Cataluña pasó de segunda región donde más se redujo el paro en 2016 (12,03 %) a undécima en 2017 (7,85 %). Aún así mantuvo el crecimiento en afiliación a la seguridad social -segunda tras Madrid con un 3,47 % más-.

La intervención por parte del Gobierno central de la administración catalana -artículo 155- y el posterior desarrollo de los acontecimientos ha inyectado cierta tranquilidad al mundo económico, tras constatarse que el escenario de una independencia real de Cataluña no va a producirse próximamente, aunque la inestabilidad política en la región está lejos de resolverse. 

El comienzo del año ha traído algunos signos positivos -crecimiento de las exportaciones, recuperación de la demanda turística, aumento de la recaudación fiscal autonómica- y el ministro de Hacienda y Función Público, Cristóbal Montoro, ha asegurado que Cataluña ya crece como antes de la crisis secesionista.

La clave de que se afiance la estabilidad o prosiga el vértigo la tiene el próximo gobierno autonómico- si finalmente se constituye en las próximas fechas- y dependerá de si abandona el desafío independentista y se somete a la ley o prosigue la escalada.

Las consecuencias de seguir uno u otro camino -como ya ha ocurrido con todas las previsiones económicas para 2018, desde las del FMI a las del Gobierno español- se dejarán sentir con fuerza en el conjunto de la economía española y también afectarán a la europea.

Un buen ejemplo de los efectos que la incertidumbre supone para la actividad económica es el Mobile World Congress (MWC), el principal evento internacional de la telefonía móvil, que se ha celebrado estos días en Barcelona con un impacto estimado en unos 471 millones de euros. Aunque el MWC tiene compromiso con Barcelona hasta 2023, sus responsables ya han avisado de que la continuidad del evento en la Ciudad Condal requiere “seguridad y estabilidad política”.

De la situación son conscientes todas las instituciones implicadas -administración central, autonómica y local-, pero que no ha impedido que aforaran sus desavenencias en la inauguración del congreso.

En 2017 más de 2.500 empresas dejaron Cataluña, frente a las poco más de 500 que se instalaron en esta región, según datos del Colegio de Registradores de España.

El dato cobra dimensión si se compara con el de la Comunidad de Madrid: mientras que la diferencia entre las empresas que llegaron y las que se fueron de Cataluña es un saldo negativo de 1.988, en Madrid el balance positivo es de 1.262. De hecho, un 57 % de las compañías que salieron de Cataluña trasladó su sede social a la capital de España.

Entre las empresas a la fuga, los dos principales bancos con sede en Cataluña, Caixabank y Banco Sabadell, y grandes compañías como Gas Natural Fenosa, Abertis, Agbar, Criteria, Colonial, Cellnex, SegurCaixa o VidaCaixa.

El Gobierno catalán resta importancia a estos “cambios notariales” que no tienen “por qué tener consecuencias económicas” si no se trasladan las unidades productivas. EFE 

Etiquetado con: ,
Publicado en: Sin categoría

imagen

imagen