Centenario de Indira Gandhi, cien años de amor-odio

A ratos una diosa, a ratos odiada con saña. Adorada por su cercanía con los pobres y acusada de nepotismo, Indira Gandhi, la única mujer que ha gobernado la mayor democracia del mundo hasta la fecha, nació y murió entre ovaciones y silbidos de decepción.
Nueva Delhi, 10/11/1984.- Primera ministra de India. EFE/ArchivoNueva Delhi, 10/11/1984.- Primera ministra de India. EFE/Archivo

 

  – Con 10 millones de refugiados bengalíes en territorio indio, Indira Gandhi decidió intervenir en la guerra que independizó a Bangladesh, entonces Pakistán Oriental, de Pakitán Occidental.

  –  En una de sus épocas más negras, la declaración del estado de excepción (1975-1977), la dirigente puso a líderes de la oposición y periodistas entre rejas y secó la tinta de los rotativos.

  – El 31 de octubre de 1984, cinco meses después de la denominada operación Estrella Azul en el Templo Dorado de los sijs, Indira fue asesinada cerca de su palacio por dos guardias de su propia seguridad personal pertenecientes a esa minoría religiosa.
Noemí Jabois

 

 

 

 

 

“Indira Gandhi fue enigma para algunos, compañera compasiva para otros, una líder decisiva para muchos más y un ser humano cariñoso con todos sus amigos y colegas”.

Así, con esa fascinación que todavía despierta en muchos indios al cumplirse cien años de su nacimiento, describe en declaraciones a Efe Randeep Surjewala, portavoz nacional del Partido del Congreso, a la mujer que, al frente de esa formación, gobernó la India con mano de hierro.

De carácter solitario, Indira nació en noviembre de 1917 en el seno de la influyente familia Nehru, con un padre dedicado en cuerpo y alma a la lucha contra la dominación inglesa y que, tres décadas más tarde, se convertiría en el primer ministro en la historia de la India independiente.

La política le corría por las venas a la pequeña Indira ya cuando apenas levantaba unos palmos del suelo. Sus primeros pinitos llegaron con tan solo 12 años, cuando creó la Brigada de los Monos, un cuerpo infantil de resistencia contra los ingleses.

Educada en la India, en Suiza y en Oxford (Reino Unido) y casada contra la voluntad de su familia, Indira se volcó en la lucha por la independencia de su país, trabajando codo con codo con el adalid de la lucha pacifista Mahatma Gandhi -con quien no tenía ningún parentesco-.

El destino le depararía pasar por la cárcel, librar una guerra que no era la suya, declarar un más que polémico estado de emergencia, y terminar muriendo a manos de sus propios guardias de seguridad.

 

ENTRADA EN POLÍTICA.

Al morir el padre de Indira, Jawaharlal Nehru, en 1964, Lal Bahadur Shastri tomó el relevo del país y ella pasó a ser ministra de Información.

Pero, sin que nadie se lo pudiese imaginar entonces, al sucesor de Nehru le quedaban también apenas dos años de vida. Su muerte llevó a la elevación de Indira a primera ministra en un corto plazo de tiempo.

A su salida del Parlamento el día que fue elegida por el Legislativo, multitudes enloquecidas apenas dejaban avanzar su vehículo entre gritos de “Larga vida a la rosa roja”, la flor que su progenitor llevaba siempre en la solapa.

“Larga vida a Indira Gandhi”, entonaban “delirantes”, según recoge Inder Malhotra en su biografía “Indira Gandhi”.

Y es que la “Dama de hierro”, con su característico mechón de pelo blanco, cercana, silenciosa, segura de sí misma, atraía a las masas como un imán.

Durante su mandato se propuso sacar adelante un programa de reformas progresistas. Buena parte de sus proyectos quedaron en eso, meros proyectos, al chocar su idea con los elementos derechistas del Partido del Congreso y recibir presiones de diferentes frentes. Aún así, Indira logró lanzar varias de sus medidas.

“Es recordada en múltiples roles como la líder que recargó la narrativa social nacionalizando los bancos y aboliendo las ‘carteras privadas’ -pagos a los poderosos-, simbolizando el empoderamiento de los pobres”, afirmó el portavoz de su partido.

“También es recordada como alguien que lideró e introdujo el aperturismo de la economía de la India y comenzó lo que llamamos la primera fase de la liberalización y participación de las empresas privadas en las principales actividades nacionales”, agregó Surjewala.

Precisamente la nacionalización de los bancos, polémica donde las hubiera, le valió la expulsión del Partido del Congreso.

Pero ello no impidió a la también llamada diosa guerrera “Durga” -al menos a ratos-, ganarse el apoyo de otra facción de la famosa formación y obtener una aplastante victoria en las elecciones generales de 1971.

Fueron, afirman muchos expertos, sus incansables viajes a todos los rincones del país, su afán por dejarse tocar por los intocables, los pobres, la minoría musulmana; fueron las mil y una veces que repitió su eslogan “Garibi hatao” (“Eliminación de la pobreza”), lo que la llevaron a arrasar.

Eso sí, la felicidad le duró poco ya que ese mismo año llegó la gran guerra. La guerra que separaría Bangladesh de Pakistán, como la India y Pakistán se habían separado 24 años antes.

 

SANGRE Y LÁGRIMAS.

Para Surjewala, Indira Gandhi fue también la primera ministra que “reescribió el mapa geográfico moderno del continente surasiático apoyando el movimiento de liberación bangladesí en 1971”.

Apenas habían pasado unos días desde que la primera ministra asumía el cargo por tercera vez, cuando la violencia se apoderó de Pakistán Oriental, entonces parte de Pakistán y hoy Bangladesh.

Pakistán Oriental, separado de Pakistán Occidental por un gran trozo de territorio indio y con poco o nada en común con éste más allá del islam, siempre sintió que su lengua era discriminada frente al urdu y que carecía de representación en órganos judiciales y el Ejército.

La región comenzó demandando autonomía y acabó demandando la independencia.

Hubo elecciones, ganadas por el líder nacionalista bengalí Sheikh Mujibur Rahman sin que se le reconociese el derecho a gobernar el país, y hubo negociaciones.
Pero nada pudo evitar que la sublevación en Pakistán Oriental fuese aplacada por el Ejército paquistaní en una guerra que se extendería durante buena parte de 1971.

A India llegaron, de pronto, 10 millones de refugiados bengalíes a través de la frontera.

Aunque partidaria de una política de no alineamiento, Indira acabó del lado de Pakistán Oriental y la Unión Soviética, frente a Pakistán Occidental, China y Estados Unidos.

Lo que comenzó en octubre como una escaramuza en la frontera entre la India y Pakistán Oriental se acabó convirtiendo en una breve guerra que acabaría con victoria india, la declaración de independencia bangladesí y un fortalecimiento desmesurado de la figura de Indira Gandhi.

En toda la guerra murieron tres millones de personas y cientos de miles de mujeres fueron violadas, según el relato oficial, unos datos puestos en duda por algunas investigaciones que sitúan el número de fallecidos entre 300.000 y 500.000.

 

LA EMERGENCIA.

La victoria en Pakistán Oriental subió a Indira a un pedestal a la altura de la diosa “Durga”.

Sin embargo, la oposición empezó a crecer al igual que las acusaciones a Indira de nepotismo en favor de su hijo primogénito Sanjay, a lo que se unió que, en 1975, el Tribunal Supremo declaró nulas las elecciones de 1971 por considerarlas fraudulentas.

Para lidiar con la situación, inició lo que muchos consideran uno de los periodos más negros en la historia de la India independiente.

La medianoche del 25 de junio de 1975, la primera ministra establecía el estado de emergencia.

El portavoz del opositor partido sijista Shiromani Akali Dal (SAD), Naresh Gujral dijo a Efe que “se mató la democracia durante la Emergencia y murieron también la libertad de prensa y la libertad de expresión”.

Líderes de la oposición y periodistas fueron puestos entre rejas, los rotativos dejaron de imprimir y se puso en marcha una polémica campaña de esterilización obligatoria para controlar el crecimiento de la población.

En los casi dos años que duró el estado de excepción, unos 40.000 presos políticos fueron encarcelados, según estimaciones de la ONG Amnistía Internacional (AI).
“Mucha gente la criticará por ser autoritaria a causa de la Emergencia, pero se olvidan de que los tiempos demandaban una cierta cantidad de firmeza, además de ejercicio de la autoridad”, defendió el portavoz del Partido del Congreso.

“También se olvidan de que mientras que impuso la Emergencia, fue su creencia innata en la democracia que la hizo levantar la Emergencia apenas dos años más tarde”, concluyó el portavoz de su partido.

Durante esa oscura época, Indira había aplazado las elecciones, que finalmente se celebraron en 1977 y que, por primera vez en tres décadas, perdió el gobernante Partido del Congreso.

Los 21 meses negros de la emergencia dieron paso a una época igual de oscura para la hija del padre de la patria.

Expulsada del Parlamento por corrupción y también del partido, fue encarcelada por abuso de poder durante un breve periodo de tiempo.

Tras ser puesta en libertad, cuando nadie daba un duro por su resurrección, se levantó de la tumba con la fuerza de la diosa guerrera que otrora había sido su símil.
Indira organizó un nuevo partido con el que se presentó a las elecciones del 6 de enero de 1980 y, para sorpresa de todos, se elevó de nuevo a primera ministra.

 

LOS HOMBRES DEL TURBANTE.

Luchadora incansable contra el nacionalismo sij, el 6 de junio de 1984, Indira ordenó un ataque al Templo Dorado de los sijs para detener a los fanáticos nacionalistas, que dejó centenares de muertos y el descontento en esa minoría religiosa.

El Templo Dorado es una suerte de Vaticano para esta religión, cuyos miembros llevan plateadas dagas y enormes melenas escondidas bajo coloridos turbantes.
“Ningún sij podrá olvidar nunca que se enviaron tanques a nuestro santuario más sagrado”, afirmó Gujral, desde la opositora formación sijista SAD.

El 31 de octubre de 1984, cinco meses después de la denominada operación Estrella Azul en el Templo Dorado, Indira fue asesinada cerca de su palacio por dos guardias sijs de su propia seguridad personal.

Tras confirmarse el fallecimiento de Indira Gandhi a última hora del día, turbas encolerizadas salieron a las calles para clamar venganza, causando entre el 1 y el 3 de noviembre la muerte de 2.733 sijs.

A su muerte, a Indira le sucedió como jefe de Gobierno de la India su segundo hijo, Rajiv.

Pero Rajiv fue también asesinado siete años más tarde. EFE/REPORTAJES.

 

 

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