El independentismo catalán explora las vías para investir a Puigdemont

"Para que vuelva el presidente, hay que votar al presidente". Este era el lema con el que Junts per Catalunya (JxCAT), la lista que impulsó y encabezó Carles Puigdemont desde Bruselas, se presentó a las elecciones catalanas del 21 de diciembre.
Barcelona, 13.01.2018.- Carles Puigdemont (c), interviene durante el consejo nacional de su partido desde Bruselas. EFE/Archivo/Quique GarcíaBarcelona, 13.01.2018.- Carles Puigdemont (c), interviene durante el consejo nacional de su partido desde Bruselas. EFE/Archivo/Quique García

 

Marta Vergoñós

 

El presidente de la Generalitat, cesado por el artículo 155 de la Constitución tras la declaración unilateral de independencia, se comprometió a regresar a España para ser proclamado presidente de la Generalitat si resultaba ganador. Y ganó.

Pero, un mes después y a escasos días de la sesión de investidura, sigue en el extranjero, con una orden de detención que implica que será detenido en cuanto pise el territorio español. Así las cosas, la gran pregunta es ¿cómo lo va a hacer para volver a ponerse al frente del gobierno catalán? 

La primera de las opciones que se barajó y que aún no ha sido descartada es la de la investidura telemática. Es decir, que Puigdemont, que ha sido designado como presidenciable, defienda su programa de gobierno por videoconferencia o que delegue la lectura en otro diputado.

En tal caso, Puigdemont podría permanecer en el extranjero, en el ámbito de la Unión Europea, por donde se puede mover con libertad después de que el juez Pablo Llarena haya descartado reactivar la euroorden de detención.

Sin embargo, esta opción presenta muchos obstáculos. Hay que tener en cuenta que el reglamento no recoge explícitamente que se pueda debatir la investidura de un candidato ausente -tampoco lo rechaza- y que, preguntados al respecto, los letrados de la cámara catalana se han opuesto a esta eventualidad.

También el Gobierno español va a recurrir ante el Tribunal Constitucional cualquier gesto en esta dirección, por considerar que la Mesa del Parlament, el órgano encargado de ordenar el debate parlamentario e interpretar el reglamento de la cámara, podría incurrir en un delito de desobediencia.

Esto pone en el punto de mira al nuevo presidente del parlamento catalán, Roger Torrent, que podría acabar encausado igual que sus predecesores si da luz verde a que en el Parlamento catalán se actúe desoyendo las advertencias del alto tribunal.

La segunda de las opciones es que Puigdemont regrese a España para poder ser investido de forma presencial. Aquí se abren de nuevo dos vías: que el presidenciable se preste a ser detenido y que, una vez en manos de la justicia española, pida permiso para asistir al parlamento con el fin de someterse a la votación de investidura.

Hay un precedente en esta dirección, que es la de Juan Carlos Yoldi, miembro de la banda terrorista ETA, que en 1987 fue presidenciable por Euskadi mientras estaba en prisión preventiva por pertenecer a la banda y haber participado en varios atentados. En aquella ocasión, el juez determinó que ser etarra no era incompatible con aspirar a liderar el gobierno vasco y le permitió defender su programa gubernamental en sede parlamentaria.

La segunda vía para Puigdemont, en caso de regresar, es intentar llegar al Parlamento catalán sin que la policía le detenga por el camino. Se da el caso de que, una vez dentro de la cámara catalana, los agentes no le podrían apresar sin el previo consentimiento del presidente del Parlamento, Roger Torrent, dado que los cuerpos de seguridad no pueden entrar sin su permiso al recinto parlamentario.

La hipótesis de que el presidenciable pueda llegar de incógnito ha desatado las teorías más surrealistas, como que pueda entrar a Cataluña en el maletero de un coche, y el Ministerio del Interior ha respondido con un operativo policial especial para evitar cualquier movimiento que deje al Gobierno en evidencia.

La tercera de las opciones para desencallar la falta de gobierno en Cataluña es que los partidos independentistas designen a un candidato alternativo, tal y como sucedió en 2015, cuando la CUP, que representa a la izquierda radical, bloqueó la investidura del candidato Artur Mas por ser el artífice de los recortes sociales durante la crisis y por sus lazos con Convergencia, el partido que gobernó la Generalitat durante tres décadas y que recientemente ha sido condenado por corrupción.

El problema para reeditar la jugada es la presumible falta de consenso sobre quién debería ser este candidato alternativo. Aunque aparentemente el independentismo ha cerrado filas con Puigdemont, el candidato de Junts per Catalunya (JxCAT), lo cierto es que persisten las rivalidades entre los partidarios de la secesión.

Ya dentro de JxCAT, hay discrepancias entre el entorno más cercano al expresidente y su partido, el PDeCAT, que fue relegado a una segunda fila en la composición de la lista electoral. Después está Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), cuyo líder, el ex vicepresidente Oriol Junqueras, sigue en prisión, y que vio frustradas sus aspiraciones de vencer en las pasadas elecciones por la capitalización del voto independentista que hizo Puigdemont.

Los republicanos serían partidarios de investir a una persona libre de causas judiciales, tal y como se hizo con Roger Torrent, una de las promesas de futuro de la formación. Y no hay que olvidar al tercero en discordia, la CUP, que insiste en la vía unilateral y ya ha empezado a criticar el repliegue hacia la legalidad del resto de partidos independentistas. EFE 

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Publicado en: Análisis