El independentismo catalán entre el pragmatismo y el pulso con el Estado

La falta de acuerdo sobre qué hacer con los diputados encausados por el Tribunal Supremo, a quienes el juez Pablo Llarena ordenó suspender, es el ejemplo más claro de las dos almas que guían en estos momentos al independentismo.
El presidente de la Generalitat Quim Torra (i), junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (d), en un acto con motivo de la Diada, en el Palau de laEl presidente de la Generalitat Quim Torra (i), junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (d), en un acto con motivo de la Diada, en el Palau de la Generalitat. EFE/Archivo

 

Marta Vergoñós

 

Por una parte, están los pragmáticos de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y parte del Partit Demócrata Europeu Catalá (PDeCAT), que apuestan por sustituir temporalmente a estos diputados, entre los cuales figura el expresidente Carles Puigdemont. Y por otra, los aguerridos de Junts per Catalunya (JxCat), que defienden que hay que mantener a estas personas en su escaño porque un tribunal “no puede modificar las mayorías parlamentarias”.

Las discrepancias que atañen a este punto concreto son extrapolables a prácticamente todos los debates que envuelven al independentismo, que oscila continuamente entre la voluntad de diálogo con el Estado y la de mantener el pulso “hasta las últimas consecuencias”.

Más allá del mensaje político que se mande con la sustitución o no de los diputados encausados, también hay que tener en cuenta que la falta de acuerdo al respecto puede comprometer la gobernabilidad de Cataluña, ya que el independentismo podría perder la mayoría parlamentaria.

Una mayoría que ahora tampoco está asegurada, dado que los anticapitalistas de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), que en la anterior legislatura ayudaron a sacar adelante los presupuestos de la Generalitat, han descartado volver a facilitar sus votos porque consideran que el Gobierno catalán hace “autonomismo”.

Aunque se dé esta circunstancia, lo cierto es que desde ERC no se quieren arriesgar a perder la mayoría parlamentaria, y tampoco quieren desobedecer al juez. En cambio, desde JxCat se cierran totalmente a sustituir a Puigdemont porque consideran que esto sería doblegarse y aceptar una cierta culpabilidad.

Por ahora, se ha dado un precedente del embrollo que podría suponer mantener a los diputados encausados en el limbo actual. En una comisión parlamentaria, los asistentes empataron en una votación. Cuando esto sucede, el reglamento establece que se deben ponderar los votos en función del número de escaños que tiene cada grupo en el pleno.

La duda que surgió entonces fue: ¿hay que contar a los diputados suspendidos para hacer la ponderación o no? Los independentistas acordaron que sí, pero desde la oposición partidos como el PSC ya han presentado escritos de reconsideración en los que exigen que no se les cuente, lo que hace perder seis diputados a la mayoría independentista.

Además, en los próximos meses habrá dos momentos en los que la balanza se puede decantar: la negociación de los presupuestos generales españoles y el juicio a los líderes soberanistas presos. Y las dos cuestiones pueden estar relacionadas.

 

– Presupuestos Generales del Estado

El Gobierno que preside Pedro Sánchez necesita el apoyo de los diputados independentistas en el Congreso de los Diputados para sacar adelante las cuentas de 2019, un hito que le garantizaría poder agotar la legislatura. Esta dependencia da una fuerza negociadora a los secesionistas, que se han apresurado a pedir contrapartidas para sus votos.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, aspira a lo máximo: un referéndum de autodeterminación. Sánchez ya le ha dicho que no. Una propuesta también ambiciosa, aunque quizá no tanto, es la del diputado de ERC Joan Tardá, que ha reclamado al Ejecutivo que inste a la Fiscal General del Estado a retirar los cargos por rebelión a los presos independentistas.

El republicano sostuvo que si se condena a activistas y miembros del anterior Gobierno “a decenios de cárcel” los ciudadanos no entenderán que sigan las negociaciones con el Estado. Sin embargo, Torra se apresuró a alertar de que no usaría la situación de los presos como “moneda de cambio”. De nuevo, diferencias entre la postura de ERC y JxCat.

 

-Juicio a los presos soberanistas

“No aceptaré una sentencia que no sea una libre absolución”, no para de repetir Quim Torra. Tanto él como el resto de líderes independentistas coinciden en que los líderes independentistas no incurrieron en ningún delito, por lo que reclaman que se les retiren los cargos por sedición y rebelión.

También hay consenso en subrayar que el juicio será “una farsa”, por lo que se abre la puerta a no acatar la sentencia. El contenido de la misma y la respuesta que se dé desde Cataluña será, sin duda, un punto de inflexión, ya sea para intensificar los pasos hacia el diálogo o para girar de nuevo hacia la unilateralidad. EFE

 

 

 

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