Incertidumbre política y crisis lastran la influencia exterior española

España es el quinto estado de la UE, la decimotercera economía mundial por PIB y el noveno contribuyente al presupuesto de la ONU, cifras que la sitúan como una potencia media con presencia global. Pero ¿es su influencia internacional acorde con estos números?
 El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, presenta el anuario 'El español en el mundo'. EFE/Archivo/Luca Piergiovanni
El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, presenta el anuario "El español en el mundo". EFE/Archivo/Luca Piergiovanni

Carlos Moral 

La impresión general es que España no tiene una voz propia y que su peso en el mundo se ha reducido en los últimos años, en parte debido a la crisis económica, pero también porque sus gobiernos se han concentrado mucho en la política interior.

No es sólo que el número de españoles ocupando cargos relevantes en las principales instituciones europeas ha disminuido, sino sobre todo la percepción de que España ha desempeñado un papel subsidiario en las decisiones comunitarias más importantes, algunas de las cuales, además, le afectaban significativamente.

Desde 1990, la influencia internacional española fue en aumento, tanto con los gobiernos del socialista Felipe González como con los que encabezó el conservador José María Aznar. El crecimiento económico, la consolidación del país dentro de la UE y la voluntad de no quedar al margen de las grandes cuestiones internacionales permitieron a España alcanzar un papel relevante.

En agosto de 2007 el prestigioso diario norteamericano International Herald Tribune (ahora International New York Times) alertaba sobre la pérdida de peso internacional de España, pese a una década de prosperidad económica y de expansión empresarial, y se mostraba crítico con la política exterior del Gobierno presidido por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

El estallido de la crisis económica, sobre todo a partir de 2010, con la prima de riesgo creciendo imparable, el país al borde del rescate y, en 2012, con la petición de ayuda a la UE para recapitalizar la banca, obligó a los gobernantes a concentrarse en los asuntos internos y, por otra parte, generó una gran desconfianza en las posibilidades de influir en la política internacional.

La imagen de España se resintió en el exterior (aún más dentro del país) y su reputación entre los miembros del G-8 cayó, desde los 67 puntos en 2010 hasta los 62 en 2013, según datos que el Real Instituto Elcano incluye en su último informe. Desde entonces ha vuelto a ascender y en 2015 con 68 puntos, se situaba por encima de Francia (64).

Elcano considera que la incierta situación política que vive el país tras las elecciones del 20 de diciembre perjudicará durante este año la actuación diplomática española, y que ya hay evidencias en este sentido, como la reducida agenda de visitas internacionales.

No es un asunto baladí, porque en los próximos meses se afrontan asuntos de gran relevancia, como la crisis de los refugiados, los requerimientos de la Comisión sobre las cuentas públicas, la respuesta a adoptar tras los atentados de París y la negociación con Londres sobre el referéndum de permanencia británica.

Todos estos temas apenas han tenido protagonismo en el discurso de los líderes políticos y entre la opinión pública española, como tampoco el nuevo marco de relaciones de la UE con Cuba y con Irán, asuntos en los que España ha mantenido un perfil bajo.

El caso de Cuba es especialmente llamativo, puesto que España, que en el pasado ha desempeñado un papel relevante en la relación de la isla caribeña con el exterior, es ahora mero observador del histórico momento en el que el régimen cubano reanuda sus relaciones con Estados Unidos.

Además, España no está teniendo protagonismo alguno en la alianza internacional contra el Estado Islámico, ni lo tuvo en la negociación para alcanzar el acuerdo nuclear con Irán.

En opinión del Instituto Elcano, tampoco ayudan a mejorar la influencia española los recortes en políticas con proyección exterior como la cooperación al desarrollo, defensa, ciencia y tecnología y acción cultural.

La poca presencia de españoles en los centros de poder internacionales es indicativa de la situación actual.

El pasado año, el Gobierno confiaba en que el ministro de Economía, Luis de Guindos, fuera nombrado presidente del Eurogrupo, pero tras ser reelegido el holandés Jeroen Dijsselbloem, el único español con un cargo comunitario destacado es el comisario de Energía y Acción por el Clima, Miguel Arias Cañete.

Desde el 1 de enero de 2015, y hasta el 31 de diciembre de este año, España ocupa un puesto como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, desde el que ha desplegado, entre otras, iniciativas en la lucha contra el terrorismo, el desarme y la no proliferación, la igualdad de género y la abolición de la pena de muerte.

¿Supondrá un cambio en la orientación política exterior española la llegada de un nuevo Gobierno?. El informe de Elcano señala que los cambios que se producirían serán más de forma que de fondo, puesto que entre PP, PSOE y Ciudadanos hay consenso en los temas clave y “parece difícil” que Podemos pueda condicionarla de alguna forma, más áun cuando “ha moderado sus posiciones”. EFE