El Impulso Electromagnético y las Armas de Radiofrecuencia

El Impulso Electromagnético (EMP) es un fenómeno que puede acontecer por causas naturales (tormentas solares) o por la mano del hombre (explosiones de armas nucleares), con consecuencias especialmente dañinas sobre las redes de energía eléctrica, comunicaciones y equipos electrónicos.
El Impulso Electromagnético (EMP) es un fenómeno que puede acontecer por causas naturales o por la mano del hombre.  EFE/Arhcivo/Martin AlipazEl Impulso Electromagnético (EMP) es un fenómeno que puede acontecer por causas naturales o por la mano del hombre. EFE/Arhcivo/Martin Alipaz

José Ignacio Castro Torres, coronel de Infantería y analista del IEEE

 

Se trata de un fenómeno que ya ha ocurrido en el pasado pero que en la actualidad tendría resultados catastróficos por la dependencia de nuestra sociedad de las infraestructuras críticas interconectadas.

Una sencilla definición del fenómeno sería la de una emisión electromagnética de alta intensidad en un brevísimo instante de tiempo. La unidad de medición de la intensidad de un EMP es el voltio por metro, que indica la tensión que soporta el aparato que recibe el impulso, que en este caso puede alcanzar decenas de miles de voltios.

Aunque este pulso no es directamente dañino para los seres vivos y determinados materiales, si lo es para redes y equipos eléctricos y electrónicos. Los daños son especialmente lesivos cuando estos sistemas se encuentran en conexión con cables de una gran longitud, como pueden ser las redes de energía eléctrica y antenas.

Las consecuencias suelen ser grandes averías permanentes sobre transformadores, condensadores y transistores, que deben ser reemplazados por elementos nuevos, así como otros daños temporales como la reinicialización de los equipos informáticos o la inestabilidad o pérdida de tensión en las líneas de suministro eléctrico.

En Estados Unidos la preocupación por un EMP de origen humano se apaciguó al final de la Guerra Fría, pero en 2004 resurgió al hacer un análisis de las vulnerabilidades del país y de sus aliados. Una estrategia que fue revisada posteriormente y que a finales de 2017 incluyó la puesta en marcha de una comisión ante la posibilidad de que Corea del Norte pudiese emplear un arma de este tipo, dado su recién adquirido estatus de potencia nuclear.

A mayor distancia que EE.UU., la Unión Europea (UE) puso en marcha su propio programa de protección de infraestructuras críticas, con recomendaciones para protegerlas contra contingencias naturales o acciones terroristas. Sin embargo, la iniciativa europea derivó fundamentalmente hacia los casos de ciberataques y soslayó la posibilidad de un EMP, tanto producido por causas naturales como artificiales.

En 2017, a propuesta española, el Parlamento Europeo comenzó a debatir la posibilidad de un evento del tipo EMP. La Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial abrió el tema a través de una interlocución parlamentaria basada en incidentes acaecidos en centrales nucleoeléctricas.

Además, la citada asociación presentó una iniciativa ante la Comisión Mixta Congreso-Senado y varios parlamentos autonómicos para desarrollar una estrategia frente a posibles EMP.

Los efectos catastróficos de este fenómeno no afectan sólo a la sociedad civil, por la dependencia tecnológica y la interdependencia de las infraestructuras, sino también a las Fuerzas Armadas. En primer lugar porque, para abaratar costes, los ejércitos dependen cada vez más de la industria civil, cuyos desarrollos, diseñados en principio para uso civil, no reúnen las mismas condiciones de seguridad que los ideados expresamente por la industria militar.

En este sentido, la administración estadounidense concluyó en un informe que mientras su sistema de misiles intercontinentales y bombarderos estratégicos se encontraban altamente protegidos, no era el caso de los sistemas de armas tácticos, con el agravante de que es una información perfectamente conocida por sus potenciales adversarios.

Y es precisamente el uso militar del EMP como armamento de destrucción masiva, ya sea con armas de origen nuclear como de radiofrecuencia, uno de las posibilidades que más asustan. Los nuevos conceptos de “guerra relámpago” y de “no contacto” deben ser incorporados a las doctrinas militares, asimilados y practicados, del mismo modo que ya se hace con la instrucción y adiestramiento en ambientes degradados.

Asimismo, se debería contar con el suficiente grado de protección para los contratistas que proporcionan servicios a las Fuerzas Armadas durante operaciones. De este modo se garantizaría la continuidad de determinadas redes de comunicaciones así como de los operadores logísticos internacionales.

Pero lo más importante sería plasmar con detalle las conclusiones de los diferentes análisis sobre este tema en la legislación europea y española, así como en sus procedimientos de actuación. Es posible que en un futuro próximo estas iniciativas den los frutos deseados en los diferentes ámbitos para los que se han desarrollado.
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NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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