Qué implica la victoria de Pedro Sánchez para el Gobierno español

Con la victoria de Pedro Sánchez en las primarias socialistas ha retornado a la actualidad política la sombra del bloqueo al Gobierno, pero las circunstancias han cambiado desde el pasado septiembre y la estabilidad del Gobierno que preside Mariano Rajoy parece garantizada a medio plazo.
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Carlos Moral

La negociación de los presupuestos para 2017 ha demostrado que el apoyo del PSOE, aunque deseable, no es imprescindible para el Ejecutivo. Y con la más que probable aprobación de las cuentas, que implementan las líneas básicas de la política económica, Rajoy se asegura un horizonte despejado, como mínimo, hasta el próximo año.

El principal argumento de la campaña de Sánchez ha sido el no a Rajoy, así que la oposición socialista al Gobierno se endurecerá, pero el PSOE no se va a sumar a la moción de censura promovida por Podemos y, al menos antes de su Congreso Federal (16 de junio), tampoco va a presentar otra moción alternativa, como ha solicitado el líder de Podemos, Pablo Iglesias, para retirar la suya.

Sánchez no tiene escaño, así que no podrá confrontar con Rajoy en el Congreso, pero ello no le impide encabezar una moción de censura y presentarse a la presidencia del Gobierno. Una iniciativa con pocas posibilidades de éxito porque requiere combinaciones de apoyos improbables: o bien el respaldo simultáneo de Ciudadanos y Podemos, o bien el de Podemos, PNV y los independentistas catalanes.

Con o sin moción de censura, el triunfo de Sánchez va a hacer más difícil el día a día del Gobierno, aleja la posibilidad de que se reediten pactos como los que socialistas y populares firmaron al comienzo de la legislatura -techo de gasto, déficit autonómico, paralización de la ley de educación…- y puede conducir a una paralización de la actividad legislativa.

Aunque lo cierto es que hasta ahora Rajoy ha exhibido una insospechada flexibilidad que le ha permitido acuerdos a varias bandas que incluyen a Ciudadanos, PSOE o Coalición Canaria, y también, algo impensable hace poco, a los nacionalistas vascos del PNV -presupuestos- y a los independentistas catalanes del PdeCAT -regulación de la estiba-.

El caso de las cuentas para 2017 es paradigmático, pues el Gobierno ha logrado el voto favorable a la vez de Ciudadanos y del PNV, pese a que ambos mantienen posturas contrarias sobre uno de los asuntos negociados, el cupo vasco.

Mientras el partido que preside Albert Rivera se opone a la existencia del cupo y señala que es un privilegio que permite pagar menos impuestos a los vascos, los nacionalistas han acordado con el Gobierno una liquidación del mismo más ventajosa para el Ejecutivo vasco que la actual.

Además de Ciudadanos y PNV, también apoya los presupuestos Coalición Canaria y el Gobierno negocia con el diputado de Nueva Canarias para sumar el voto que le falta para alcanzar los 176 que le darían mayoría absoluta a favor de las cuentas.

Las concesiones realizadas por el Gobierno en las negociaciones, que amén del cupo incluyen cuantiosas inversiones ferroviarias en el País Vasco y la agenda de demandas canaria, han despertado las críticas de los presidentes de otras comunidades autónomas.

Algunos, como Javier Lambán, el socialista que preside Aragón, ya subrayan que de esta forma será imposible alcanzar un pacto para renovar el sistema de financiación autonómica, una de los asuntos que el Ejecutivo se marcó como objetivo al echar a andar la legislatura.

Donde no es previsible que el Ejecutivo de Rajoy tenga enfrente a Sánchez es en la respuesta al desafío independentista en Cataluña. El líder socialista defendió en campaña el concepto de que España es una nación de naciones -luego matizó que se refería a naciones culturales-, pero siempre, como el conjunto de su partido, se ha mostrado en contra del referéndum en Cataluña, la misma posición que defiende el Gobierno de Rajoy.

Más ambigua es la posición del PSC, los socialistas catalanes integrados en el PSOE, que en 2012 apoyaron el derecho a decidir sobre la independencia y que luego lo retiraron de su programa. Por ahora, la doctrina oficial del PSOE es, en cualquier caso, la Declaración de Granada (2013), que propone una reforma de la Constitución en sentido federal.

En suma, el retorno de Pedro Sánchez al liderazgo socialista no implica la vuelta inmediata al bloqueo que afectó a la política española durante 2016, pero a medio plazo sí puede contribuir a paralizar la actividad del Ejecutivo. Este, sin embargo, tiene ya en su mano la opción de convocar elecciones cuando le convenga. EFE

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