Iglesias refuerza su control y Podemos apuesta por la movilización

Pablo Iglesias planteó la Asamblea Ciudadana como un plebiscito sobre su liderazgo y lo ganó con creces, así que el dilema que ha atravesado a Podemos desde las elecciones de diciembre de 2015 se ha resuelto a favor de la resistencia social frente a la moderación, lo que tendrá previsibles efectos en el mapa político.
Los diputados de Podemos Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en el  Congreso de los Diputados. EFE/Archivo/Juan Carlos HidalgoLos diputados de Podemos Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en el Congreso de los Diputados. EFE/Archivo/Juan Carlos Hidalgo

 

Carlos Moral

 

Podemos sale de Vistalegre II como un partido inequívocamente escorado a la izquierda, que se atribuye el papel de única oposición al Gobierno del PP y a “su gran coalición” con el PSOE y Ciudadanos, y que apuesta por la movilización como herramienta para promover el cambio.

Queda atrás la idea preconizada por Íñigo Errejón, hasta ahora número dos, de moderar el mensaje para atraer electores más centrados -“los que faltan”- y la organización se decanta por buscar la construcción de una mayoría social desde sus propias posiciones -“los que ya están”-.

Las encuestas indican que desde las elecciones de junio Podemos mantiene sus apoyos, en torno al 21 % de los votantes, pero también revelan que no atrae a los votantes que pierde el PSOE, mientras los socialistas, pese a su profunda crisis, empiezan a recuperar terreno tímidamente.

A priori, la opción elegida hará más difícil que Podemos siga creciendo a costa del PSOE, su principal competidor. Sin embargo, sus partidarios creen que puede servir para fidelizar a sus electores, evitar la fuga de votantes desencantados a la abstención y, a partir de esa base, situarse como única alternativa al PP.

Históricamente el PSOE ha convivido con un partido de ámbito nacional a su izquierda -primero el PCE, luego IU- sin que ello representara una amenaza a su posición hegemónica. El temor de los “errejonistas” es que al confinarse en la esquina izquierda del tablero político,

Podemos corra la misma suerte sufrida por IU, con quien ahora va de la mano.

Los efectos de la asamblea del Podemos también se han dejado sentir en el PP, que durante su Congreso se esforzó en poner en valor el contraste entre su cohesión y la división del partido morado.

Como ya hizo en la campaña electoral, el PP identifica a Podemos como su oposición y se presenta como la única formación que puede frenarle y evitar la deriva radical que le atribuye.

Una estrategia de polarización que tanto PP como Podemos alientan porque creen que les beneficia y que la línea de resistencia y confrontación sancionada por la asamblea de Podemos puede contribuir a intensificar.

Desde el punto de vista interno, Podemos sale de Vistalegre II con un mandato de “unidad” de las bases, pero la rotunda victoria conseguida por Iglesias le deja el camino libre para construirla a su medida.

Se trata, según el secretario general, de formar una “orquesta acompasada” que “haga una buena música”, ya que hasta ahora han sonado algo “desacompasados”, un mensaje que puede traducirse en que en adelante la dirección hablará con una sola voz y las discrepancias se ventilarán de puertas adentro.

Es previsible que Errejón, portavoz parlamentario y secretario de Política, continúe en la ejecutiva, pero lo más probable es que se rebaje su protagonismo. Incluso para el propio Errejón puede ser complicada una adhesión incondicional a la línea “pablista” después de meses de áspera batalla sosteniendo una línea política distinta.

Tampoco Iglesias puede olvidar que casi la mitad del partido no ha apoyado la lista que encabezaba al Consejo Ciudadano -un tercio respaldó la de Errejón y un 13,8 % la de Anticapitalistas-.

Eso no quiere decir que el liderazgo de Pablo Iglesias esté en cuestión: su candidatura a la Secretaría General fue apoyada por “errejonistas” y anticapitalistas y recibió el 89 % de los votos, dato muy semejante al de Vistalegre I.

Sin embargo, esa unanimidad que suscita su carisma en el partido no se traslada fuera, puesto que el barómetro del CIS de enero le sitúa como el líder político peor valorado por el conjunto de los ciudadanos.

Un capítulo importante en la etapa que ahora se abre en Podemos es cómo afectará la línea política elegida por la dirección a su relación con las confluencias regionales, en particular en la Comunidad Valenciana, donde Compromís es partidario de la línea “errejonista”, y en

Cataluña, donde está en marcha la construcción de un nuevo partido en torno a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
Este sábado, en la primera reunión del nuevo Consejo Ciudadano, la elección de la ejecutiva dará las primeras pistas de por donde va a ir el nuevo proyecto de Podemos.

Iglesias dispone de amplia mayoría en el Consejo -37 de 62 asientos-, reforzada porque el sistema de elección prima a las listas mayoritarias -Anticapitalistas, con el 13 % de los votos tiene 2 representantes-. EFE

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