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Ideología, dinero y maldad, los tres pilares de las noticias falsas

Los expertos consideran que 2017 ha sido el año de las “fake news” (noticias falsas que generan desinformación), las cuales han protagonizado los recientes acontecimientos políticos que han agitado Occidente. Ideología, dinero y maldad han sido sus tres motivaciones.
El presidente ruso, Vladímir Putin, habla al oido a su homólogo estadounidense, Donald Tump, durante un encuentro en Vietnam. Numerosas noticias falEl presidente ruso, Vladímir Putin, habla al oido a su homólogo estadounidense, Donald Tump, durante un encuentro en Vietnam. Numerosas noticias falsas se han generado alrededor de estos dos líderes mundiales y sus respectivos países. EFE/M. Klimentyev

por Irene de Pablo
El secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, ha afirmado este 8 de febrero en Washington que se han visto “huellas” y “ciertos comportamientos” sospechosos, al advertir de la posible interferencia rusa en las numerosas elecciones prevista este año en Latinoamérica.

Y el expresidente George W. Bush se ha sumado a la batalla contra la desinformación tras advertir también en una charla en los Emiratos Árabes Unidos que “hay pruebas bastante claras” de que los rusos interfirieron en las elecciones estadounidenses de 2016.

Aunque la desinformación ha existido siempre, la carrera presidencial norteamericana fue el punto de partida para que los primeros ecos de las denominadas “fake news” comenzaran a resonar. Los servicios de inteligencia estadounidenses acusaron a Rusia de intervenir en esa campaña mediante noticias manipuladas en las redes sociales, con una clara inclinación a favor de Donald Trump, tal y como ha señalado recientemente el ex presidente.

Algunos investigadores aseguran que si no fuera por la influencia de las noticias falsas, Trump no hubiera sido elegido presidente.

Según un estudio realizado por la revista científica Journal of Economic Perspectives, hubo el triple de artículos falsos a favor de Trump que de la demócrata Hillary Clinton; y los primeros fueron compartidos en mayor medida en Facebook que los segundos. También señala que la media de los portales de noticias falsas tuvieron hasta 760 millones de visitas, lo que se traduce en tres visitas por cada adulto estadounidense.

Las “fake news” en España y Europa

España y Europa tampoco han sido ajenos a este fenómeno. La Unión Europea ha sido objeto de un bombardeo sistemático de informaciones deshonestas e interesadas. En el proceso independentista catalán, el denominado “procés” soberanista, y especialmente durante la celebración del referendo ilegal del 1 de octubre (1-O) y las elecciones autonómicas del 21 de diciembre (21-D), se divulgaron fotografías en las redes sociales que ni siquiera habían sido tomadas en esas fechas, algunas modificadas con editores fotográficos, y se compartieron todo tipo de hechos falsos con el fin de generar polémica, tal y como ha señalado “Maldito Bulo”, una plataforma española especializada en desmentir informaciones falsas.

 

 

El investigador Javier Lesaca, investigador visitante en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la Universidad George Washington, plasmó en un estudio publicado en el diario El País que, de las 5.029.877 publicaciones en las redes sociales sobre la crisis catalana entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre, solamente el 3% provenían de “perfiles reales fuera de las ciber-redes rusas y venezolanas”.

En esta línea, “el 32% de los mensajes investigados se originaron en Venezuela, en especial en cuentas vinculadas con el régimen chavista de Nicolás Maduro” y otro “30% procedían de cuentas anónimas dedicadas exclusivamente a contenidos rusos de Rusia Today (RT) y Sputnik”. También, añade Lesaca, el 25% procedían de bots (agregadores automáticos de internet) y otro 10%, de cuentas oficiales de los medios rusos ya mencionados.

En conjunción, los ataques informáticos por parte del grupo Anonymous consiguieron asimismo cerrar las páginas web de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), entre otras, los días posteriores al referéndum soberanista ilegal.

Las noticias falsas también inundaron las citas políticas importantes celebradas en la Unión Europea. La empresa de ciberseguridad española Panda Security subraya, de hecho, que durante las elecciones presidenciales francesas de junio de 2017, la campaña de Emmanuel Macron sufrió una “acción de hacking masiva y coordinada que resultó en el robo de información interna, incluyendo correos electrónicos”, que llegaron a difundirse en las redes sociales a través del hashtag #MacronLeaks, y que se convirtieron en “trending topic” mundial esa misma noche.

 

La campaña electoral holandesa, de marzo anterior, también estuvo marcada por las noticias adulteradas. El candidato ultraderechista Geert Wilders compartió noticias falsas a través de su cuenta de Twitter, como ocurrió con el montaje fotográfico que mostraba a su rival político en una protesta islamista radical.

Sensibilizada con las repercusión de las noticias tendenciosas, Alemania aprobó el pasado año una legislación que obliga a las plataformas “sociales” a eliminar contenido ‘ilegal’ (en el país germano está prohibido promover la ideología nazi o negar el Holocausto) que hubiera sido denunciado con el fin de evitar una crisis social o política por influencia de las “fake news”.

 

El dilema: credibilidad y difusión

A pesar de los esfuerzos por parte de las instituciones y los medios de comunicación regulados para desmentir estas informaciones falsas, las noticias mentirosas se difunden con facilidad influyendo al gran público.

Un 86% de los españoles da crédito a las “fake news” que lee, según afirma el “I Estudio sobre el Impacto de las Fake News en España” realizado por la empresa de investigación social y estudios de mercado Simple Lógica, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid.

Ese informe expone que un 60% de los españoles dicen saber detectar las informaciones amañadas, pero en realidad solamente las distingue un 14%.

De los encuestados entre 16 y 24 años, un 75% no supo diferenciar una noticia falsa de una verdadera, y un 92% de los mayores de 55 años se equivocaron en el mismo ejercicio. Tanto hombres como mujeres tuvieron las mismas dificultades para discriminarlas, aunque el 65% de los hombres afirmó saber distinguirlas frente al 45% de las mujeres.

La inmensa mayoría dijo que las “fake news” no tuvieron consecuencias en su vida, pero un 30% señaló que le ocasionó discusiones con familiares, un 22% tuvo problemas con compañeros en el trabajo y un 18% se vio afectado emocionalmente.

 

 

En EEUU, el gran consumidor de “fake news”, sucede una situación similar a la española. El 80% de los norteamericanos afirman saber diferenciar aquellas informaciones fiables de las que no lo eran, según un estudio del centro de investigaciones “Pew Research”, elaborado entre marzo y abril de 2016.

Pero esa certeza es cuestionable según la empresa de medios de comunicación de internet “Buzzfedd News”, que en otro análisis realizado en noviembre de 2016 decía que el 75% de los estadounidenses son engañados por las “fake news”.

 

Redes sociales y noticias falsas

Las redes sociales se ha convertido en fuente privilegiada para adquirir información y es ahí donde las “fake news” hallan su espacio de difusión. El fácil acceso a la comunicación e información a través de las redes sociales está atrayendo y generando “fake news”.

“Reuters Institute” constata que, en en el marco de la UE, el 58% de los españoles utilizan las redes sociales como principal fuente de información, solamente superados por Portugal, con un 62%. En menor medida, Suecia (51%), Austria (45%), Francia (38%) y Alemania (29%) conceden igualmente protagonismo a las redes sociales como vehículo informativo, según este instituto de investigaciones británico.

 

 

En EEUU, “Journal of Academic Perspectives” dice que en el el 62% de los adultos estadounidenses se informa a través de estas plataformas. “Buzzfedd News”, de hecho, recalca que la red social Facebook (23%) es la tercera fuente más utilizada para estar informados, ocupando el primer lugar CNN (27%) y Fox News (27%), seguidos por el periódico “The New York Times” (18%), y Google News (17%). Twitter se encuentra en la novena posición (10%).

Las noticias manipuladas encuentran así en las redes sociales un medio fácil y rápido para propagarse: su contenido no es comprobado, los titulares son llamativos y desconcertantes pero satisfactorios para ciertas ideologías, y alcanzan a un gran número de personas.

“Journal of Academic Perspectives” apunta a que un mismo contenido compartido en Facebook – sin haber sido comprobado y editado –, puede llegar al mismo número de personas que cualquier medio socialmente responsable.

La desinformación se comparte y viraliza

Es esa facilidad de acceso y capacidad de multidifusión de las redes sociales, en concreto, e internet en general, lo que permite la extensión de las noticias deshonestas. En este sentido, el “I Estudio sobre el Impacto de las Fake News en España” dice que el 3,6% de los encuestados generaron una noticia falsa. De ese porcentaje, un 71,8% la compartieron por pura diversión; el 17,4% creyó que no hacía daño a nadie; el 3,5% lo hizo por su negocio o trabajo (generar impacto, conseguir visitas…) y otro 3,3% admite que lo hizo para perjudicar a un rival. Además, de aquéllos que crearon una noticia falsa, el 55,7% decidió no compartirla “para no hacer daño a nadie” mientras que el 8,9% no lo hizo por temor a posibles consecuencias.

En general, tres son los motivos por los que los consumidores de internet comparten las noticias falsas. El primero de ellos es económico. Es fácil crear un sitio web y monetizarlo a través de la publicidad. Aquellas noticias falsas con contenidos llamativos y polémicos suelen hacerse virales, consiguiendo miles de visitas y generando un gran beneficio económico para la web en cuestión.

Además, muchas de esas páginas son regentadas por jóvenes. Investigaciones llevadas a cabo por el diario británico “The Guardian” y la web estadounidense “BuzzFeed” revelaron que más de 100 sitios web que generaban noticias falsas consumidas por estadounidenses estaban a cargo de un grupo de jóvenes afincados en Veles, un pequeño pueblo de Macedonia. También descubrieron que el sitio web responsable de cuatro de las diez noticias falsas más populares de Facebook pertenecía de un rumano de 24 años.

 

 

Ideología y maldad

La ideología constituye el segundo factor de generación de informaciones amañadas. Los creadores de estas noticias son afines a determinados partidos e ideologías y su finalidad es que ciertos candidatos, medidas o partidos políticos consigan acceder o mediatizar al poder. Medios de comunicación como el español “El País” o el estadounidense “The Washington Post” sitúan en este ámbito la injerencia rusa -o supuesta intromisión de Moscú- en los conflictos políticos europeos (elecciones francesas, holandesas, ‘procés’ catalán, etc.) para desestabilizar .

La plataforma “EU vs Disinfo”, una unidad antipropagandística de la UE que pretende desmentir las “fake news” que afectan a la Unión, distingue los argumentos favoritos utilizados hasta ahora por el Kremlin en los medios sociales: Rusia sufre las sanciones de la UE de manera injusta ya que sus intenciones se limitan a solucionar problemas; la UE no es de fiar, es antidemocrática, inmoral y un agresor internacional que pretende desacreditar el Gobierno del presidente ruso Vladimir Putin.

“EU vs Disinfo” dice haber “identificado y desacreditado más de 3.500 casos de desinformación desde septiembre de 2015 y, según el diario británico “The Guardian”, dedica 1 millón de euros al año para contrarrestar las noticias falsas prorrusas.

Finalmente, el tercer factor asociado a la formación y difusión de “fakes news” se refiere a algo tan antiguo como hacer mal y/o dañar al otro u otros. Denostar, menoscabar o despreciar, incluso mediante la broma, es algo muy habitual en las redes sociales y tiene enorme gancho entre el gran público anónimo que está a un “click” de pantalla.

“Bots”, soldados digitales para librar la guerra de la desinformación

Para conseguir presencia en las redes sociales, los generadores de “fake news” se sirven de “bots”, las cuentas automatizadas que, sin ser gestionadas por personas, pueden publicar y compartir contenidos mucho más rápido y conseguir gran influencia en las redes sociales. Según los investigadores de “Digital Forensic Research Lab”, un “think tank” especializado en desinformación, estos “bots” distorsionan cualquier conversación o hilo de debate atacando o amplificando la propagación de un artículo e incluso pueden acosar a otros usuarios, pudiendo llegar a generar más de mil tuits diarios.

 

 

Minimizar sus consecuencias

El gran riesgo de la desinformación originada en las “fake news” es la confusión que genera en los receptores a largo plazo. Una encuesta realizada por la web BuzzFeed expone que, por ejemplo, un 64% de los preguntados creyó fiable el titular “El Papa Francisco apoya a Donald Trump”, que alcanzó las 960.000 interacciones en redes sociales; y la “fake news” de que “Hillary Clinton vendió armas al ISIS” obtuvo 789.000 respuestas en Twitter. “The Journal of Academic Perspectives” asegura, incluso, que un 15% de los americanos cree que Barack Obama nació en otro país a EEUU tras las noticias falsas generadas en este sentido.

Para mitigar sus efectos negativos, los países europeos han comenzado a tomar medidas ante la amenaza de la desinformación. El comisario europeo para la Unión de la Seguridad, Julian King, explicó que la UE ha puesto en marcha un grupo de trabajo para contrarrestar las noticias falsas, con el fin de promover buenas prácticas en los medios de comunicación, así como prevenir campañas de desinformación.

España, muy sensibilizada al respecto, aprobó a finales del pasado diciembre su nueva Estrategia de Seguridad Nacional que incluye por primera vez la amenaza, táctica y estratégica, de los ciberataques y las “fake news”. E Irlanda se ha propuesto criminalizar el uso de ‘bots’ que difundan información política falsa.

Recientemente, el presidente de Francia, François Macron, anunció una ley en su país para proteger a los ciudadanos de la desinformación. Todos los gobiernos occidentales coinciden en que las “fake news” son una amenaza para las democracias occidentales y la difusión de noticias falsas es un problema grave para sus sociedades.EFE

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