Gobierno de El Salvador se lanza al rescate del FMLN tras fracaso electoral

El Gobierno salvadoreño busca "in extremis" medidas para elevar su popularidad, que el presidente, Salvador Sánchez Cerén, ve mermada tras la debacle electoral que sufrió el pasado 4 de marzo el oficialista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), al que pretende rescatar desde la Presidencia.
Imagen del presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén. EFE/Archivo/Roberto EscobarImagen del presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén. EFE/Archivo/Roberto Escobar

 

Hugo Sánchez

 

El mandatario, quien no parece diferenciar entre Gobierno y partido, reunió el 13 de marzo a su Consejo de Ministros para atender el “mensaje” que la población le envío al inclinarse mayoritariamente por la derecha en los comicios legislativos y municipales.

“Nosotros reconocemos que la población ha sido testigo de que hemos sido deficientes en la ejecución de algunos programas, de algunos planes”, dijo a periodistas Sánchez Cerén, cuyas palabras significaron una ruptura del discurso oficial de destacar “logros”, al que tiene acostumbrado al país.

El mandatario, quien dirigió a uno de los grupos armados que dieron vida al ahora partido oficialista en 1980, señaló que con la referida reunión se inició “el proceso de cambios tanto en la política como a nivel de gabinete”.

“Todo el mundo puso a disposición su cargo” y a partir de esto “vamos a iniciar los más pronto posible a anunciar esos cambios que vamos a ir realizando” y “las medidas que vamos a llevar adelante”, acotó, sin mencionar en ningún momento modificaciones en el seno interno del partido que obtuvo el fracaso.

El “mea culpa”, inédito en este Gobierno que siempre ha achacado los males del país a la derecha, quedó corto e incompleto, porque el excomandante guerrillero no hizo referencia a “deficiencias” concretas, ni las cabezas que rodarán para elevar la popularidad propia y de su partido.

La imagen de Sánchez Cerén, que se degrada año tras año, según las encuestas a la población, al inicio de 2018 llegó a los niveles más bajos desde que asumió el poder en 2014, de acuerdo con un sondeo efectuado por la jesuita Universidad Centroamericana (UCA).

Según la consulta popular del Instituto de Opinión Pública de la UCA (IUDOP) los salvadoreños asignaron una nota de 4,41 (en una escala de 0 a 10) al desempeño de la Administración Sánchez Cerén, por abajo del 4,79 y 4,57 que registró en junio y diciembre de 2017, respectivamente. 

A este desgaste del presidente se suma el del FMLN como partido, al que diversos sectores señalan de haber abandonado a sus “bases”, desviarse de los ideales del “FMLN histórico” y de convertir a sus líderes en nuevos “oligarcas”.

Pese a que un día después de las elecciones, la cúpula del FMLN, en voz de su secretario general Medardo González, asumió el “voto de castigo” y prometió “una reflexión responsable y profunda” para “corregir lo que sea necesario, no se avista una renovación de cara al 2019 en el seno de la formación.

La comparecencia de Sanchéz Cerén y la oculta “reflexión” del partido muestran que el Gobierno y el FMLN son una sola entidad que se mezcla y se confunde, según conveniencia, algo muy lejano al mensaje de otrora en el que la independencia de ambos era indiscutible.

El FMLN llegó a las elecciones, en las que salió fortalecida la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), y dejó patente que los programas de útiles escolares y uniformes, entrega de computadoras y las medidas de seguridad son, a día de hoy, sus únicos escudos ante el desgaste.

Armaduras que se ablandan cuando los titulares de la prensa apuntan a autoridades el Gobierno y las señalan de pactar con pandillas, traficar armas y lavar dinero con la guerrilla colombiana, y ante lo que los funcionarios brindan explicaciones que no logran convencer a la población.

Y las palabras vacías o el propio silencio también se hacen acto de presencia ante los señalamientos, incluidos los de la ONU, de violaciones a derechos humanos por las fuerzas de seguridad, a sospechas de nepotismo y a peticiones de las víctimas de la guerra civil de información por parte del Ejército para juzgar a antiguos jefes militares.

El Salvador queda, una vez más, a la espera de respuestas, de soluciones y de acciones que resuelvan, realmente, los graves problemas del país, ya sea desde el Gobierno como único gestor, o con el apoyo del partido. EFE 

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Publicado en: Análisis