Ganadores de encuestas, perdedores de elecciones

En los países democráticos donde se elige a sus gobernantes a través del voto universal, las encuestas de opinión pública se encargan de mitigar la curiosidad ciudadana acerca de quién terminará siendo el ganador de las elecciones.
Mauricio De Vengoechea, presidente de la Consultora de Comunicación Política 'De Vengoechea & Associates'. 
Mauricio De Vengoechea, presidente de la Consultora de Comunicación Política "De Vengoechea & Associates".

Mauricio De Vengoechea, presidente de la Consultora de Comunicación Política “De Vengoechea & Associates”. Miami, EEUU

 

Sin embargo, durante años hemos venido observando cómo en el ámbito de la política hay muchos candidatos que, siendo ganadores en todas las encuestas publicadas, terminan siendo derrotados.

¿Podemos acaso olvidar cómo, durante la campaña de 2004 en España el socialista José Luís Rodríguez Zapatero era superado en todos los sondeos por el candidato conservador Mariano Rajoy para acabar ganando las elecciones? Rajoy tuvo que esperar hasta 2011, cuando el Partido Popular logró la mayoría absoluta que le convirtió en presidente del Gobierno.

Se podría decir que el fenómeno de ganadores de encuestas, perdedores de elecciones es universal. En la campaña de 2016 en Estados Unidos Hillary Clinton lucía como ganadora en todas las sondeos. Ni el propio Donald Trump pensó, hasta último momento, que podría ser el nuevo presidente.

En América Latina los casos son múltiples. Por ejemplo: Perú, 1990. Mario Vargas Llosa era percibido entonces como nuevo presidente. No obstante, el hoy Premio Nobel enfiló sus baterías contra quien no sería candidato, el presidente Alan García, consiguiendo con ello que García se definiera no a favor del candidato de su propio partido, el APRA, sino de Alberto Fujimori, hasta hacía poco un desconocido ingeniero agrónomo, que se convirtió en el jefe de Estado.

Año 1998. En Venezuela, Irene Sáez dominaba la escena política en un país que, cansado de su clase dirigente, buscaba un “outsider”. La ex miss Universo lo era, pero decidió buscar el apoyo del partido social cristiano COPEI, lo que fue para ella el abrazo de la muerte, ya que cayó estrepitosamente frente a un militar en retiro, el coronel Hugo Chávez Frías, quien fue presidente constitucional de Venezuela hasta el día de su muerte.

Al aún hoy popular Álvaro Uribe Vélez nadie lo identificaba como posible presidente de Colombia meses antes de la elección de mayo de 2002. Todos creían que le había llegado el turno al liberal Horacio Serpa, perdedor por poco en la anterior elección frente a Andrés Pastrana. Esta vez Serpa dominó la intención de voto en todas las encuestas. Pero el mensaje consistente y directo de Uribe contra las FARC -cuyos actos terroristas minaron la confianza de un Gobierno que les tendió la mano- terminó llevándole a la Presidencia.

Seis meses antes de su primer intento por ser presidente de México, en 2006, Andrés Manuel López Obrador, quien venía de ser un exitoso Jefe de Gobierno de la capital mexicana, lideró las preferencias electorales por más de seis meses con hasta 40 puntos de margen.

El “Cambio” con el cual había sido derrotado el PRI después de setenta y un años consecutivos en el poder, no terminaba de consolidarse en el sexenio de Vicente Fox, y Roberto Madrazo, candidato del PRI, ciertamente no era el más indicado para consolidar este mandato popular votado en el año 2000.

Felipe Calderón, candidato del PAN, empezó su campaña con el apoyo de apenas el ocho por ciento de los ciudadanos. Calderón entendió que no le bastaba la unidad de su partido para ganar, por lo que logró el apoyo de la profesora Elba Esther Gordillo, dirigente del sindicato de maestros más grande de América Latina, quien le consiguió además el respaldo de un importante número de gobernadores “priistas”. De esta manera, Calderón conformó el PRIAN –una alianza entre el PRI y el PAN–, y superó al ganador de las encuestas, López Obrador (AMLO) por un escaso 0.6 por ciento de los votos y fue elegido presidente de México en 2006. ¿Le ocurrirá en esta ocasión lo mismo a AMLO el próximo 1 de julio?

La apatía que hoy invade a los españoles frente a la política y los políticos, no impide que exista ya una competencia abierta en los partidos: saben que en 2019 no sólo habrá elecciones municipales, sino que, aunque hoy parezca improbable, puede que se anticipen las generales. De momento, ningún partido cuenta con la mayoría necesaria para gobernar sin alianzas o acuerdos, como le ocurre hoy al Partido Popular. Los demás siguen moviendo ficha para atraerse el favor de la opinión pública.

Podemos, partido que durante largo tiempo vio crecer su popularidad, hoy está de capa caída y el populismo discursivo de su portavoz, Pablo Iglesias, no parece ser ya la fórmula mágica para recuperar terreno perdido. La movida política de Pedro Sánchez en el PSOE tampoco le permitió conseguir la mayoría deseada, y su escaso crecimiento se parece a la espuma de una cerveza cuando se tira del grifo.

Ciudadanos, el partido liderado por Albert Rivera, comienza a ser percibido como una eventual opción de futuro. Sin embargo, ni haber triunfado en Cataluña ni su buen manejo de la comunicación serán suficientes. El partido de Albert Rivera requiere ganar dos o tres elecciones el próximo año, comenzando por la Comunidad de Madrid, para lo cual debería dedicarse a construir una estructura de base que no tiene.

Las elecciones no se ganan en las encuestas. Las ganan quienes comprenden los factores que motivan las percepciones y decisiones de los ciudadanos; quienes desarrollan tácticas encaminadas a persuadir a los electores por tierra, mar y aire porque saben que es preferible imponer la agenda de la discusión antes que ir a la zaga respondiendo a los otros; quienes entienden que la tecnología y la innovación son hoy parte fundamental de cualquier proceso; y quienes están preparados para defender el voto de sus electores en las urnas.

Quienes no entiendan lo anterior seguirán siendo ganadores de encuestas pero perdedores de elecciones.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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