El futuro de Cospedal agita las tranquilas aguas del congreso del PP

Con la reelección de Mariano Rajoy asegurada al frente del partido, la continuidad de María Dolores de Cospedal en la Secretaría General es la principal incógnita que dirimirá el Congreso del PP, al que no asistirá, por primera vez en 30 años, José María Azanar, expresidente del Partido y del Gobierno.
Mariano Rajoy y M Dolores de Cospedal, durante un acto del PP en  el Palacio de Congresos de Málaga. EFE/Archivo/Carlos DìazMariano Rajoy y M Dolores de Cospedal, durante un acto del PP en el Palacio de Congresos de Málaga. EFE/Archivo/Carlos Dìaz

 

Carlos Moral

 

Cospedal, que también preside el PP en Castilla La Mancha, es considerada el contrapeso en el partido al poder en el Gobierno de Soraya Sáenz de Santamaría, así que su eventual salida sería interpretada como un espaldarazo a la vicepresidenta del Ejecutivo. Toda vez que la ministra de Defensa ha manifestado que desea seguir en el cargo, será Rajoy quien decida.
El debate sobre la permanencia de Cospedal como secretaria general de los populares -lo es desde 2008-, comenzó cuando fue nombrada titular de Defensa en noviembre pasado y se centra en si es compatible una responsabilidad institucional en un ministerio de Estado con otras en el partido.
Si finalmente hay relevo, Fernando Martínez-Maíllo, responsable de Organización, es unánimemente señalado como previsible sustituto. Alfonso Alonso, líder del PP vasco y ex ministro de Sanidad, también ha sonado como candidato, pero su proximidad a Saénz de Santamaría le resta posibilidades porque sería una toma de partido demasiado explícita a favor del sector próximo a la vicepresidenta y en contra del cercano a Cospedal.
Más allá del futuro de la Secretaría General, la discusión en las semanas previas al congreso, que se celebrará en Madrid entre el 10 y el de febrero, se condensa en el modo en el que el PP debe regirse en los próximos años y, en particular, en el sistema de incompatibilidades para los cargos del partido, la limitación de mandatos y la modificación del procedimiento para elegir al líder.
La ponencia de política y estatutos, de la que forman parte todos estos asuntos y que ha recibido 1.285 de las 4.000 enmiendas presentadas para el congreso, establece que la elección del secretario general se hará a doble vuelta, la primera con el voto de los militantes y la segunda con el de los compromisarios elegidos por los militantes.
Un sistema que modifica el actual -eligen exclusivamente los compromisarios- pero que queda lejos de las primarias que ya han adoptado el resto de partidos y que en el PP defiende, con escasos apoyos por ahora, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes.
Sobre lo que no hay dudas es acerca del liderazgo de Mariano Rajoy. Su futuro era incierto hace meses -sobre todo tras los comicios de diciembre de 2015- pero el presidente del Gobierno ha salido indemne de dos elecciones generales y un año de Ejecutivo en funciones y llega al cónclave con un respaldo absoluto.
Si en 2008 Rajoy vivió en Valencia uno de los congresos más convulsos del partido tras la derrota sufrida en las urnas ese año frente al PSOE, ahora encara la cita de febrero con el partido bajo control y sin que nadie en la organización ponga plazo a su sucesión.
Rajoy pide a los dirigentes que mantengan la unidad, defiende que “todos tengan su sitio” en el partido y se esfuerza en evitar que el PP se enrede en “líos” internos con el objetivo de transmitir una imagen de cohesión, en contraste con las disputas que viven otros partidos, en especial sus históricos rivales del PSOE.
La paz con la que el líder popular afronta el congreso solo ha sido quebrada por su antecesor en la presidencia del partido y quien le designó en 2003 como su sucesor, José María Aznar, que en diciembre culminó años de desencuentros con su salida de la presidencia de honor del PP.
Rajoy heredó un partido construido a imagen y semejanza de Aznar, pero en los trece años transcurridos se han ido diluyendo lentamente las huellas de aquella época en la organización y desapareciendo de los puestos de responsabilidad muchos de sus protagonistas.
En febrero, lo previsible es que Rajoy profundice la tímida renovación de la dirección que comenzó en 2015.
Además de la ponencia de política y estatutos, que concentra la atención, en el cónclave se votarán otras cuatro: la social, que cuenta con 740 enmiendas; la económica y de administración territorial, con 715; la de Educación, con 840; y la europea y de política exterior, con 420.
Entre las prioridades que se marca el partido están luchar contra el envejecimiento de la población; una educación basada en “equidad, calidad y libertad” cuyo funcionamiento sea garantizado por un pacto entre las fuerzas políticas; una reforma electoral que asegure el gobierno municipal a la lista más votada; y profundizar en la coordinación y la colaboración de la defensa en la UE.
Al finalizar el congreso nacional se abrirá el plazo para la convocatoria de los regionales, entre el 17 de marzo y el 2 de abril, que resolverán las crisis que permanecen abiertas en varios territorios. algunos de ellos actualmente dirigidos por gestoras, caso de Valencia, la Comunidad de Madrid y Navarra. EFE

 

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Publicado en: Análisis