Frank Sinatra, veinte años sin La Voz

El 14 de mayo de 1998, Francis Albert Sinatra, moría a los 82 años en Los Ángeles, rodeado de su familia.
Concierto en Madrid, el 26 de septiembre de 1986, del estadounidense Frank Sinatra. Efe/Archivo/Manuel López ContrerasConcierto en Madrid, el 26 de septiembre de 1986, del estadounidense Frank Sinatra. Efe/Archivo/Manuel López Contreras

Amalia González Manjavacas

Cantante, actor y compositor nacido en 1915 en el estado de Nueva Jersey, era hijo de un matrimonio italiano compuesto por un genovés, que se ganaba la vida en el boxeo, y una siciliana que soñaba con que su único hijo estudiara y fuera ingeniero.

Pero él, buen deportista, fue boxeador como su padre,  practicó la natación, el atletismo, destacó como velocista y hasta ejerció de periodista deportivo, en esa veloz y dura ‘carrera’ llena de obstáculos que supone ganarse la vida, desde abajo, para llegar a su meta, nada menos que ser cantante.

En 1936 cuando iba acompañado por su futura mujer, Nancy Barbato, escuchó a Bing Crosby, ídolo norteamericano de la época y allí decidió que sería cantante y, para ello, se presentó a un concurso de radio, que lo ganó. Su primer trabajo fue de camarero y cantante en “La Cabaña Rústica”, donde el trompetista y director de big band, Harry James, le propuso que entrara en su orquesta como cantante.

Viajó a lo largo de todo Estados Unidos y grabó diez discos, pero solo registró una canción titulada “From the bottom of my heart”.  Para entonces ya tenía revolucionada a la audiencia femenina de todas las edades, con unos directos donde las precursoras del fenómeno “fan” encontraron a su ídolo.

En 1943 obtuvo su primer “disco de oro”, mientras firmaba con la productora discográfica Columbi,  un contrato en exclusiva, que le dio tanta popularidad como la del gran Crosby. En cine, su primer papel protagonista fue en “Higher and Higher”, comedia romática y musical, en la que Sinatra se interpretaba a sí mismo, y que obtuvo dos nominaciones al Óscar en 1944, pero su gran éxito llegó ese mismo año con “Step Lively”, a la que siguió la famosísima “Anchors Aweigh” (1945) al lado de Gene Kelly. Tras protagonizar algunos trabajos cinematográficos en estudios de segunda fila, y a fuerza de mucho insistir, consiguió interpretar “From Here to Eternity” (1953), dando vida al soldado Angelo Maggio, dirigido por Fred Zinnemann, que le valió el Óscar al mejor actor secundario.

Durante los años cincuenta, vivió su gran etapa dorada como actor. En 1954 grabó “Young at heart” junto a su gran amiga Doris Day y luego vendrían, títulos como “Suddenly” (1955), “The Man with the Golden Arm”, de Otto Preminger, también en 1955, o “Not as a Stranger” de Stanley Kramer, y “Guys and Dolls” de la mano de Joseph L. Mankiewicz. Y en 1961 Sinatra ya había fundado su propia compañía musical, Discos Reprise y  publicado el álbum “Come dance with me” obtuvo otro disco de oro, al que seguirían una larga lista hasta hacer una leyenda de su carrera musical.

En ese mismo año, volviendo al cine, rodó el filme “The Devil at 4 O’Clock” de Mervyn LeRoy y, en 1962,  sumó tres películas más, entre las que destaca “The Manchurian Candidate”, de John Frankenheimer. Al año siguiente, con el director John Huston rodó “The List of Adrian Messenger” y con  Robert Aldrich “4 for Texas” 

A lo largo de su carrera como actor trabajó al lado de Spencer Tracy en la mencionada ““The Devil at 4 O’Clock” y también en varias cintas bélicas; se atrevió a dirigir una de ellas “None But the Brave” sobre la II Guerra Mundial, para al final encontrar un nuevo filón en el cine negro,  cintas compaginadas con éxitos musicales.

 

“Strangers in the Night” le dió la fama, “My Way” le inmortalizó

En 1966 graba el tema que más fama le dió, “Strangers in the Night”,  junto a otro, el tierno “Something stupid”, grabado a dúo con su hija, pero  fue  sin duda “My way”, su icónica canción que lo inmortalizó en 1969, todo un éxito que fue número uno en  las primeras listas de éxito de todo el mundo.

Se trata de una canción eterna ajena a tiempos y modas, pero que pronto terminó odiando Sinatra  pues le parecía -no sin razón si nos ceñimos a la letra-,  “que era su testimonio en vida”, recuerda Kitty Kelley  en la biografía que dedica al polifacético artista.

A lo largo de los ochenta, no grabó discos, se limitó a dar conciertos en vivo. Todavía se recuerda su concierto en el Albert Hall de Londres en septiembre de 1984. Cuatro años después, recorrió junto a Dean Martin y Sammy Davis Jr., gran parte de Estados Unidos. Tenía 73 años.

Dos menos tenía “La Voz” cuando actuó en Madrid, en el estadio de fútbol del Real Madrid, el Santiago Bernabéu. Poco después fue operado de una inflamación intestinal. En el 92, con 77 años, actuó de nuevo en España

En cuanto a su vida personal, tuvo tres hijos de su primera mujer, Nancy Barbato: Nancie, Franckie y Cristina (Tina), un matrimonio que duró de 1939 a 1951. Pero ese mismo año se casó con la actriz Ava Gardner, el amor de su vida, de la que se divorciaría en 1957.

Tras un breve matrimonio -del 66 al 68-, con la jovencísma Mia Farrow. “Uno de los grandes errores de mi padre -decía su hija Tina-, fue casarse con Mia Farrow, casi treinta años más joven que él.  Era muy celoso, y el rodaje de “Rosemary’s Baby” (1968) (La Semilla del Diablo) de Polanski fue el detonante del final”. En 1976 se casó con Barbara Marx, viuda de Zeppo Marx, de la que ya no se separaría.

 

Amigo de la mafia

Toda la verdad, y más, la contó su hija Tina para la pequeña pantalla en una miniserie norteamericana, donde reveló datos sorprendentes. En ella comentaba que Sinatra fue amigo de un gran número de políticos norteamericanos, de todos los credos, desde Kennedy, -para el que organizó la fiesta cuando llegó a la Casa Blanca-, a Reagan, Nixon o Ford, y como cantante participó en sus campañas electorales.

Cuenta su hija y sus biógrafos, que era un hombre maníaco depresivo (o bipolar), que necesitaba en cada momento ser amado,  admirado por sus mujeres, sus amigos …   por sus mafiosos, a lo que aportaba una Jack Daniels Reserva al día,  cigarrillos de una conocida marca americana  y  gustaba vestir como todo un caballero, de los de antes, con su buena pila de manías, colores claros, ….  Según el testimonio de Tina a diversos medios  “poseía un talento inconmensurable para cantar, romper muebles de rabia por su corrosivo carácter y exagerar el narciso encanto por John Kennedy”, con el que ejercía incluso de celestino, incluido organizar de fiestas…

Sinatra tuvo grandes problemas con la justicia y, de hecho, no acabó en los tribunales gracias a su gran amistad  con John Kennedy. Pero, a cambio, el entonces presidente de Estados Unidos se vió obligado a romper de golpe con esa amistad.

Si duró, sin embargo su amistad con un capo de la mafia italiana que tuvo que declarar por prostitución, venta de drogas y otros delito.  Su propia hija contó abiertamente que “le gustaba la mafia … ser un mafioso”. Por eso se involucró en la serie de los “Ocean Eleven” como homenaje.

 

Odiaba el rock

No se puede entender cómo un amante de la música odiase el rock y lo declarase abiertamente y sin tapujos de “brutal, horrible, degenerado y vicioso”.

Tal fue así que cuando Sinatra creó su propio sello discográfico en los sesenta, prohibió que participara cualquier artista rock. Hasta de la conocida canción de The Beatles, ” Yesterday”, llegó a decir que se trataba de una “melodía bastarda”. Solo Neil Young o Jimi Hendrix pasaron por su sello.  Quizás fuera por celos artísticos, o por reconocerse ya de otra generación mayor,  unido a su conocida soberbia, lo que le impidió reconocer el talento de los de Liverpool, salvo de “Something” tema del que dijo ser “la más bella canción de “Lennon & McCartney” .

Posiblemente fuera su cuarta mujer, Barbara, quien le mantuvo sobre los escenarios hasta el final de su carrera. Pudo animarle, o mucho, el obtener en 1993, un gran éxito con un disco de duetos que grabó junto a artistas como Barbra Streisand, Aretha Franklin, o Liza Minelli, en unos años en que ya le temblaban las manos e, incluso, se le olvidaban las letras al cantar.

El Alzheimer empezó a consumirle, le hacía tirar los vasos de whisky al suelo, pero no la toalla, ni siquiera en 1994, cuando se cayó al minuto de empezar su “odiada” “My way”. Un mes después volvió a desplomarse en Atlantic City. Y el colofón final sucedió, en 1995, cuando se desmayó en otra actuación sin haber llegado a cantado su tema estrella. Ya al final de su vida, cuando Sinatra se enteró de la demolición del viejo “Sands” -era como el Rosebaud para Orson Welles-,  el palacio de su vida, de su música, posiblemente entendió que su mundo se derrumbaba. Murió al poco tiempo.

/Reportajes-EFE

Publicado en: Reportajes

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