Francisco Nieva, dramaturgo y académico de la Lengua

Francisco Nieva, fallecido en Madrid a un mes de cumplir los 92 años, fue académico de la Lengua, dramaturgo, escenógrafo, director de escena, articulista y hasta pintor y figurinista, un ejemplo de "hombre del Renacimiento", que se reveló como un innovador en la forma y el contenido del teatro en la Transición.
El académico  y dramaturgo, Francisco Nieva, en abril de 2005. EFE/El académico y dramaturgo, Francisco Nieva, en abril de 2005. EFE/

Víctor García de la Concha hablaba de este “hombre del Renacimiento” en 2007 cuando presidía la Real Academia Española y presentó la obra completa del autor de “Pelo de tormenta” y una treintena más de obras teatrales, además de novelista, cuentista, memorialista y articulista.

Un trabajo reconocido con numerosos galardones como los Premios Nacionales de Teatro (1980) y el Nacional de Literatura (1992), por “El manuscrito encontrado en Zaragoza”; el Príncipe de Asturias de las Letras (1992), el Max de Honor de las Artes Escénicas (2004), el Corral de Comedias de Almagro (2010) y el premio Valle-Inclán de Teatro (2011) por “Tórtolas, crepúsculo… y telón”.

Francisco Nieva, nacido el  29 de diciembre de 1924 en Valdepeñas (Ciudad Real), ocupaba desde 1990, el sillón J en la Real Academia Española de la Lengua, en la que ingresó con el discurso “Esencia y paradigma del género chico”

En 1941 se trasladó a Madrid y un año después ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Fue uno de los impulsores en España del “Postismo”, movimiento que recogía el testigo artístico de las vanguardias literarias precedentes.

Su primer trabajo fue de ilustrador en la “Estafeta Literaria”. Fue entonces cuando conoció a miembros del surrealismo francés como André Bretón, al Grupo “Cobra” y figuró en algunas exposiciones internacionales (París, Bruselas, Lieja o Viena).
En 1952 trabajó para el Boletín Informativo de La Sorbona y siguió una licenciatura libre sobre la novela bretona y los libros de caballerías.

En aquella época entabló contacto con Genet, Beckett, Ionesco y Fernando Arrabal, pero fue la representación del “Galileo Galilei” de Brecht lo que le llevaría a dedicar su vida al teatro.  En París escribió obras como “Es bueno no tener cabeza”, “Pelo de tormenta” o “El rayo colgado” y conoció a la que sería su esposa durante nueve años (1954-1963), Genevive Escande, alto cargo del Centro de Investigaciones Científicas.

Su gran momento como autor llegó al inicio de la Transición, cuando se reveló como un innovador en la forma y del contenido teatral.  Por la obra “La carroza de plomo candente”, en 1976, ganó el Premio Mayte.

Entre 1978 y 1979 estrenó “Delirio del amor hostil” y “Los baños de Argel”, éstos una adaptación cervantina que le valió el Premio Nacional de Teatro 1980, año en que también recibió los premios del Espectador y la Crítica por “La señora tártara”.

Premio Mariano Cavia (1992), Premios Príncipe de Asturias de las Letras (1992) y nuevamente Premio Nacional de Teatro (1992), de esta misma década son “El baile de los ardientes” (1990) o “Aquelarre y noche roja de Nosferatu” (1993), además de su labor como director de las óperas “Capricho español”, de Rimsky-Korsakov, y “La vida breve” de Falla.

Miembro directivo de la SGAE,  fue catedrático de Escenotecnia de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y profesor titular del Instituto de Teatro de Barcelona.

En 2015, ya con 90 años, Nieva cumplió “un sueño de siempre” con la publicación de “Teatrillo Furioso”, que incluyó dos de sus obras inéditas, “Farsa y calamidad de Doña Paquitas de Jaén” y “La misa del diablo”. EFE/DOC

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Publicado en: Obituarios