FRANCIA ELECCIONES

Francia afronta su periodo electoral más volátil

El peso de la ultraderechista Marine Le Pen, la atomización de la izquierda y los problemas judiciales que afronta el candidato conservador, François Fillon, convierten a las presidenciales francesas de abril y mayo próximos en las elecciones más volátiles que ha afrontado Francia.
El reformista socio-liberal Emmanuel Macron, durante un comparecencia pública con motivo de las primarias socialistas en la ciudad de Lille (Francia)El reformista socio-liberal Emmanuel Macron, durante un comparecencia pública con motivo de las primarias socialistas en la ciudad de Lille (Francia). EFE/EPA/T.Vandermersch

Luis Miguel Pascual

Así lo piensan varios analistas consultados por Efe, que consideran que el panorama político francés queda huérfano de los dos hombres que lo han dominado en los últimos años, el actual presidente, François Hollande, y su antecesor Nicolas Sarkozy.

Los electores quieren algo nuevo y consideran que los políticos tradicionales no aportan soluciones a sus problemas”, afirma a Efe el director del Centro de Estudios Políticos de Sciences Po, Martial Foucault.

En el vacío que han dejado se han incrustado dos valores emergentes: la ultraderechista Marine Le Pen y el reformista socio-liberal Emmanuel Macron.

“En medio de todas las incertidumbres, lo único que aparece claro es que Le Pen estará en la segunda vuelta”, asegura el politólogo Jean Chiche.

En ese contexto, la cuestión es quien será su rival, un puesto para el que cada día cobra más peso Macron.

Con 39 años recién cumplidos, Macron ha visto cómo se le despeja la carrera hacia el Elíseo, en la que no estarán ni su mentor Hollande, ni el ex primer ministro Manuel Valls, que defiende un ideario similar, ni el antecesor conservador en ese cargo Alain Juppé, que con su programa de derecha moderada le hubiera disputado el centro sociológico francés, considera Foucault.

Más aun en unas elecciones en las que, como augura el politólogo, “los franceses no van a votar por adhesión, sino que lo van a hacer por eliminación y, en ese contexto, Macron puede aparecer como el candidato menos malo, el que despierta menos rechazo”.

Su ascenso coincide con el deterioro de las intenciones de voto de Fillon, apresado en el escándalo de la publicación de que su mujer pudo recibir un salario oficial como asistente parlamentaria suya sin desempeñar el empleo.

“Le va a dañar de forma duradera, porque había basado su campaña en la honestidad. Pero no es seguro que acabe con sus opciones”, analiza Chiche.

Su victoria en las primarias de la derecha en noviembre responde, según Foucault, al mismo fenómeno de renovación de la vida política francesa, puesto que Fillon nunca fue un primer espada de la política.

Lo mismo que sucede con Hamon, vencedor de las primarias socialistas, que tampoco tiene un panorama tranquilo pese a su brillante triunfo.

Exministro de Hollande, pero sobre todo uno de los más fervientes opositores, desde dentro del partido, a las políticas del presidente, Hamon tiene ahora la compleja tarea de unir lo que su rival en las primarias Manuel Valls consideró “dos izquierdas irreconciliables”.

Obligados a elegir entre una izquierda reformista simbolizada por Valls y otra más utópica que representaba Hamon, los socialistas optaron por la izquierda.

Con el riesgo de que buena parte de su electorado natural y el aparato socialista, que no le apoyó en las primarias, le den la espalda en beneficio de Macron.

Desde la noche electoral, Hamon dejó claro que pretende representar a toda la izquierda francesa, lo que pasa por aliarse al neocomunista Jean-Luc Mélenchon, que ya ha lanzado su campaña presidencial.

Ambos son ideológicamente cercanos, incluso compartieron corriente dentro del PS cuando Mélenchon todavía no había abandonado el partido, airado por su tibieza, para fundar el Frente de Izquierdas que, posteriormente, se alió con los comunistas.

Cuarto de las pasadas presidenciales con el 11 % de los sufragios, 7 puntos menos que Le Pen, el candidato de la izquierda radical puede ser el clavo al que se agarren los socialistas para tener influencia en las presidenciales.

Aunque, como analiza Chiche, también puede tener el efecto contrario, el de acelerar la fuga de los socialistas más centristas hacia el campo de Macron. EFE

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Publicado en: Análisis