El FMI azuza los peores demonios argentinos

La reciente corrida cambiaria convocó a los viejos fantasmas argentinos: la inflación y el dólar. Pero el gran demonio emergió cuando después de algunos intentos frustrados de domeñar a la bestia, Mauricio Macri anunció que recurriría al Fondo Monetario Internacional (FMI) para cortar la hemorragia que suponía la simultánea subida de los tipos de interés hasta el 40 %, la devaluación del peso por encima del 15 % en el mes previo a la medida y la pérdida de más de 6.000 millones de dólares en reservas.
Carlos Malamud, catedrático de Historia de América de la UNED Carlos Malamud, catedrático de Historia de América de la UNED

Carlos Malamud, catedrático de Historia de América de la UNED

 

Las turbulencias fueron económicas, pero también sociales y políticas. Si antes de estos sucesos la reelección de Macri se daba por descontada, después surgieron las dudas. Ante la debilidad oficialista, el peronismo se creció y tendió a converger. Para comenzar, los sectores más próximos al kirchnerismo decidieron contraatacar debilitando a un Gobierno en horas bajas. Entonces se liberó a la bestia.

En un largo y autojustificativo escrito con motivo del 15º aniversario de la llegada de Néstor Kirchner al poder, Cristina Fernández cargó las tintas contra Macri y el FMI. Señalaba triunfalmente que si bien su marido alcanzó la presidencia en medio de una grave crisis financiera, en solo dos años y medio de gestión reestructuró el 76 % de la deuda externa en default, pagó todo lo que se le debía al Fondo y desarrolló una exitosa política económica nacional autónoma.

Fernández oculta que si Kirchner hizo lo que hizo fue porque su gestión coincidió con el inicio del “súper ciclo de las commodities”, con el consiguiente aumento del precio de las materias primas.

En Argentina, las exportaciones de soja inyectaron las divisas necesarias para salir de la postración. Tampoco dice que la recuperación había comenzado con Eduardo Duhalde y la gestión de su ministro de Economía, Roberto Lavagna, mantenido incluso al comienzo del kirchnerismo. Fernández ataca al FMI por imponer programas de ajuste “bajo el eufemismo de condicionalidades”, que inciden negativamente en el desarrollo económico y social de aquellos países que los aplican.

Pero la ofensiva kirchnerista contra el FMI fue mucho más allá. El 25 de mayo, coincidiendo con la celebración de la independencia argentina de España, las fuerzas opositoras (políticas, sindicales y sociales), especialmente las más próximas al Movimiento Ciudadano, el partido que está gestando Fernández al margen del peronismo, organizaron una gran manifestación bajo el lema “La Patria está en peligro”. En ella se leyó la “Proclama” “No al FMI”. El acto fue apoyado por un grupo de actores, como Leonardo Sbaraglia, Rita Cortese y Darío Grandinetti.

La respuesta a la convocatoria fue masiva, buena prueba de cómo en el imaginario popular caló la idea de la peligrosidad del FMI y el sufrimiento que supone.

El Manifiesto comienza rechazando al FMI y a “su modelo de dependencia política y económica”, impulsado por las grandes potencias extranjeras que mediante “un plan sistemático” busca imponer en América Latina “un destino de miseria planificada”.

También rechaza la deuda externa y su cadena de dependencia, asociadas a una retahíla de tópicos sobre el tema: el imperialismo, las empresas multinacionales y la especulación financiera.

El panorama se cerró con duras y sesgadas acusaciones a la política represiva del Gobierno. No es ninguna novedad dado el fuerte rechazo que provocó la elección del macrismo. La alternancia política, normal en democracia, fue vivida con excesivo dramatismo por Fernández, que ni siquiera participó en el traspaso de poderes a su sucesor, violentando uno de los momentos más simbólicos de la democracia. A partir de entonces la comparación con la dictadura militar fue constante.

Para Michael Reid, en su página en The Economist, la iniciativa de Macri de acudir al Fondo es muy riesgosa dada la mala imagen que éste tiene entre los argentinos.

Pero al mismo tiempo señala que la responsabilidad en la eliminación de la convertibilidad en 2002 no fue del FMI sino de los propios argentinos y concluye su artículo diciendo que estos “deben entender que el FMI es su mejor esperanza para suavizar el golpe” en las actuales circunstancias.

La situación es muy delicada, a tal punto que una reciente encuesta de Ipsos Argentina dice que el 69 % de los consultados está entre bastante y muy preocupado por el precio del dólar. Y si bien después del terremoto ha llegado una tregua, que puede ser temporal o definitiva, de momento los actores implicados intentan reorganizarse y acumular fuerzas para la próxima embestida.

Ante el duro golpe recibido el Gobierno ha tenido que reorganizarse, incluyendo la designación de un coordinador del área económica, algo a lo que hasta ahora se había negado Macri.

Nicolás Dujovne se ha hecho cargo de negociar con el Fondo y de ajustar el gasto público, una tarea nada fácil dadas las fuertes implicaciones políticas de la reducción del gasto público en un país como Argentina. Pero Macri también decidió volver a la política, recuperando el protagonismo de algunos de sus mejores aliados, como Lilita Carrió, Ernesto Sanz y Emilio Monzó, a la vez que intentaba mejorar la comunicación.

La crisis golpeó al “gradualismo económico” del Gobierno, que buscaba un ajuste pausado para infligir el menor daño a los sectores populares, aunque eso supusiera mantener elevada la inflación.

También afectó las inversiones en infraestructuras, la principal herramienta que le permitió a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, librar una exitosa batalla contra el peronismo en sus feudos del conurbano bonaerense.

Buena parte de lo logrado en los últimos años puede estar en peligro salvo que se logre corregir el rumbo económico o que la proximidad de los argentinos con el peronismo se esté deteriorando. Pero eso solo se sabrá en los próximos meses.

Sin embargo, si algo han demostrado Macri y su equipo es que tienen, al menos, el mismo apetito de poder que el peronismo. Esto es una gran diferencia con los gobiernos radicales anteriores, que en las crisis padecidas fueron avasallados sin piedad por el aparato justicialista.

Macri podrá o no ser reelegido en 2019. De momento no hay ningún candidato alternativo con opciones, pero no hay ninguna duda de que hará todo lo posible por terminar su mandato y que su instinto de supervivencia lo llevará a no rendirse sin librar una dura batalla.
NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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