Filosofía y Sociedad

El apoyo recibido el pasado 17 de octubre por la propuesta no de ley de Unidos-Podemos para recuperar y consolidar en un ciclo de tres años las materias de Filosofía en la enseñanza secundaria de España ha representado una expresión de salud democrática en España, justamente celebrada en las últimas semanas.
Nuria Sánchez Madrid, doctora en Filosofía y profesora de la Universidad ComplutenseNuria Sánchez Madrid, doctora en Filosofía y profesora de la Universidad Complutense

Nuria Sánchez Madrid, doctora en Filosofía y profesora de la Universidad Complutense

 

El respaldo ofrecido por partidos con objetivos tan heterogéneos como Podemos, Ciudadanos, PSOE y PP ha puesto en evidencia que, a pesar de las tentaciones cada vez más frecuentes de caer en un populismo ultra a escala global, la transversalidad es la regla asumida por las construcciones políticas llamadas a superar las trampas del presente.

En tales circunstancias conviene no dejarse vencer por la melancolía y celebrar lo conseguido, sin duda auspiciado en buena parte por el trabajo constante realizado desde la Red Española de Filosofía para revertir el terrible daño producido por el severo descenso de la presencia de materias filosóficas en los institutos españoles introducido por la LOMCE.

El nuevo planteamiento añade además a la situación de la Filosofía en las aulas de la pasada década la apuesta por un diseño integral de tres años, en los que debería articularse una formación más ambiciosa en esta disciplina que la actualmente disponible para lxs jóvenes, lo que la sitúa en paridad con materias bien asentadas en nuestro sistema de enseñanza como la Lengua, la Historia y las Matemáticas.

Por ello merece la pena subrayar que la propuesta aprobada refuerza la presencia educativa de una asignatura que cuenta con profundas raíces en la conciencia europea, pero sobre todo coloca a los responsables de administrar su enseñanza ante la responsabilidad de acometer una profunda reconstrucción -a la altura de las inquietudes y exigencias de nuestro tiempo- de los nexos de unión entre las asignaturas impartidas en el último curso de la ESO y las dos del Bachillerato.

Si se dirige la mirada a la situación de la enseñanza de la Filosofía en nuestro sistema, se advertirá fácilmente que queda mucho por hacer con vistas a renovar los temarios docentes de asignaturas como Ética, Filosofía y, sobre todo, Historia de la Filosofía, alejándolos de un cultivo excesivamente abstracto y formal de nuestra tradición conceptual metafísica, ética y política, poco atento a las transformaciones históricas de las teorías y métodos filosóficos y al mensaje que tales paisajes conceptuales lanzan al presente.

Esta necesidad de actualización no viene motivada por la presión para conseguir que lxs estudiantes se conviertan en sujetos cada vez más adaptativos, flexibles y capacitados para ingresar en el mercado laboral bajo las condiciones que este les imponga, sino más bien por el propósito de volver a hacer del pensamiento conceptual una herramienta válida para interpretar y ofrecer diagnósticos y soluciones a los conflictos y retos de la actualidad.

Pero esta integración de la filosofía en nuestras vidas solo podrá proceder de un atento examen de cuestiones como, por poner un ejemplo, la historia conceptual de la vulnerabilidad, del dolor y de las emociones que configuran nuestros vínculos con los otros y la construcción social del sentido que nos damos a nosotrxs mismxs y a nuestras acciones.

El estudiantado tiene derecho a conocer la genealogía de la relación que cada corriente filosófica ha mantenido con su propio contexto histórico, precisamente para comprender con ayuda de la práctica docente las razones que legitiman y aconsejan no condenar a la teoría filosófica al estatuto de mero patrimonio cultural.

La Filosofía no debe aspirar a convertirse únicamente en una disciplina que devuelva exclusivamente al pasado, sino que la oportunidad de combinar el conocimiento de su poliédrica historia ha de ir acompañado del esfuerzo constante por acercar a lxs estudiantes a prácticas y apuestas contemporáneas que pretenden servirse del utillaje filosófico para hacer propuestas en debates planteados en el campo de las éticas aplicadas, la inteligencia artificial y las biotecnologías o la filosofía social.

No conseguiremos llevar a la Filosofía en su situación actual a una fase más madura de su legitimación social como materia clave para la educación de lxs jóvenes si no somos capaces de generar el debate necesario para producir en la autopercepción de la disciplina una organicidad adecuada a estos tiempos entre las vertientes más clásicas y las más contemporáneas, estas últimas marcadamente interdisciplinares.

Los objetivos de articulación y dotación de mayor visibilidad a esta exigencia de autoconciencia con respecto a las tareas de una Filosofía conocedora de sus propios procesos históricos de socialización deberán ser asumidos nuevamente por la Red Española de Filosofía, que si hasta ahora ha concentrado su agenda en la defensa de la Filosofía frente a los temores infundados de una visión marcadamente neoliberal de la sociedad, tendrá que ejercer el liderazgo a propósito de la interacción reflexiva y madura que esta materia debe desplegar de manera constante con respecto a problemas y aporías procedentes del espacio social.

Asimismo, semejante enfoque pondrá de relieve lo estimulante que para un estudiante de enseñanza secundaria puede resultar comprobar que la filosofía cuenta con una fructífera vida más allá de las bibliotecas y los compendios más escolásticos. No es mi intención poner en tela de juicio la magnífica labor de quienes durante décadas han venido formando con el rigor oportuno en la construcción conceptual y la reflexión crítica a nuestrxs jóvenes, sino más bien apuntar a la exigencia de seguir proyectando la luz de la razón sobre materiales grises, dotados de incómodas aristas empíricas y con frecuencia ayunos de un análisis libre de prejuicios ideológicos y cortapisas económicas.

No permitamos que la Filosofía caiga víctima de una división técnica entre áreas y pierda con ello la conciencia de que la enseñanza de su historia debe ir siempre acompañada de una apuesta ambiciosa para los problemas del presente. Quienes abogan estos días por enarbolar orgullosamente como una marca de distinción la ausencia de cualquier utilidad social en esta materia anuncian no menos orgullosamente su languidecimiento por obra de una lógica inspirada por un aislamiento y una soberbia profundamente narcisistas que no han conducido nunca a nada grande en el campo del saber.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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