Felipe VI llega al trono en un momento difícil para la monarquía

Don Felipe de Borbón, que asumirá la Corona española tras la abdicación de su padre, el rey Juan Carlos, tendrá que hacer frente a la situación política e institucional más compleja encarada por la monarquía desde los primeros tiempos de la transición.
El Rey Felipe VI en una fotografía de archivo tomada el 12 de octubre de 2013, cuando ofició como Príncipe de Asturias  el desfile del Día de la FEl Rey Felipe VI en una fotografía de archivo tomada el 12 de octubre de 2013, cuando ofició como Príncipe de Asturias el desfile del Día de la Fiesta Nacional. EFE/Archivo/Kote Rodrigo

Carlos Moral 

El descrédito de la clase política, plasmado en la fuerte caída de los dos principales partidos (PP y PSOE) en las elecciones europeas, las reivindicaciones soberanistas del gobierno catalán y la desafección generalizada de los ciudadanos respecto a las instituciones, incluida la monarquía, dibujan un panorama complicado para el heredero de la corona. 

Sin duda, el reto de recuperar la buena imagen y el aprecio ciudadano a la monarquía va ser su prioridad y también el problema cuya solución estará más a su alcance.

En los últimos años, el prestigio del Rey y de la propia Monarquía se han deteriorado, especialmente por las acusaciones de corrupción contra Iñaki Urdangarín, marido de la infanta Cristina, pero también por la repercusión negativa de algunas actividades privadas del Rey.

Por vez primera desde el comienzo de la Democracia se ha abierto un debate, hace poco impensable, sobre la monarquía, que es cada vez más cuestionada por algunos sectores, fundamentalmente de izquierda (IU, Podemos, Juventudes Socialistas e incluso algunos barones del PSOE), que demandan un referéndum sobre la continuidad de la institución o una reforma constitucional. 

El Príncipe de Asturias estará obligado a renovar la imagen de la Corona, hacerla más transparente y cercana a los ciudadanos y modernizarla para adaptarla a los nuevos tiempos. A la vez tendrá que erigirse en referente ético y ejemplo de austeridad si quiere que la institución vuelva a ser apreciada.

Todo ello está a su alcance. El que será Felipe VI es el miembro de la Familia Real mejor valorado por los ciudadanos, tiene una sólida preparación, ha adquirido una amplia experiencia en los asuntos de Estado y los que le conocen le atribuyen el temple y la sensibilidad necesarios para resolver las dificultades.

Además, ha sabido mantener la distancia respecto al “caso Nóos“, en el que el juez investiga la implicación de su cuñado y su hermana Cristina, y se ha mostrado firme en la condena de la corrupción, lo que le da margen para salir indemne de las consecuencias que un eventual proceso judicial pueda tener para la Familia Real, de la que tras su coronación ya no formarán parte sus hermanas.

Más difícil será la incidencia de su labor en muchos de los problemas que aquejan al Estado, como el descrédito institucional, el desafío independentista o la crisis económica.

Asuntos en los que el papel de árbitro y moderador que le reserva la Constitución le otorga un estrecho margen de maniobra, pero en los que, sin duda, tendrá que emplearse a fondo para tratar de ayudar a integrar las diferentes posturas y conseguir acuerdos de amplia base.
Porque en una situación como la actual, donde muchos de

– Accede al contenido completo y obtén más información escribiéndonos a efeanalisis@efe.es