¿Existen diferencias destacadas entre el yihadismo en España y en otros países europeos?

Los países de la Unión Europea se sienten amenazados por el terrorismo yihadista, pero no todos por igual. España, no está sometida a la misma presión que Francia, Bélgica o el Reino Unido, debido a razones políticas, sociodemográficas y operativas.
Miles de personas guardan un minuto de silencio en las proximidades de la sala de conciertos Bataclan, uno de los escenarios de los atentados en ParíMiles de personas guardan un minuto de silencio en las proximidades de la sala de conciertos Bataclan, uno de los escenarios de los atentados en París en los que murieron 129 personas el pasado 13 de noviembre. EPA/Archivo/LAURENT DUBRULE

 

Óscar Jaime Jiménez

 

Desde los atentados perpetrados el 11 de marzo de 2004 en Madrid, las estructuras terroristas del yihadismo, así como el perfil de los activistas se han transformado en los países europeos.

Las acciones posteriores cometidas en Londres, París y Bruselas han ido mostrando una serie de cambios que definen la nueva amenaza, permitiendo a los investigadores penetrar, con muchas dificultades, en las herméticas redes de fraternidad y apoyo para observar cómo son las complejas relaciones internas y se percibe el entorno hostil.

Si bien algunos países europeos han sido intensamente golpeados por dicho terrorismo, lo cierto es que los niveles de amenaza, así como las tipologías de militantes presentes en cada país, poseen unas características diferenciadas.

En este sentido, España muestra peculiaridades que reducen actualmente de forma significativa el riesgo de ser objeto de una acción de envergadura. Sin embargo, no es descartable que, si se produce una coyuntura favorable en la que convergieran la capacidad de una célula activa y una oportunidad significativa en forma de acontecimiento masivo de relevancia internacional, pudiera llevarse a cabo una acción de devastadoras consecuencias.

En cualquier caso, considerando el actual contexto, cabe señalar que la presente situación beneficia a España, por una serie de razones. En primer lugar, el bajo perfil internacional desarrollado en la lucha contra el Estado Islámico (Daesh) reduce su visibilidad en comparación con otros estados activamente comprometidos en la lucha contra esta organización en diversos escenarios.

Si bien es verdad que, a tenor de los mensajes y comunicados propagandísticos de los principales grupos yihadistas, España (Al-Andalus) aparece de forma reiterada en las proclamas que reivindican el Califato, éstos principalmente son retórica y arengas que no se han traducido en preparativos ni en acciones concretas.

La actividad desarrollada en España por los sectores islamistas más radicalizados se ha centrado principalmente hasta el momento en el reclutamiento de activistas, en funciones logísticas y de apoyo al desplazamiento de aquellos individuos que deseaban trasladarse a las zonas de conflicto en Siria e Irak. La mayoría de los 75 detenidos en 2015 lo fueron por reclutar. Únicamente tres células tenían previsto actuar en España.

Una de las principales diferencias respecto de otros países europeos como Francia, Bélgica o el Reino Unido radica en que allí residen amplias comunidades musulmanas desde hace muchas décadas, lo que permite poder hablar ya de segundas e incluso de terceras generaciones de hijos de inmigrantes que, en numerosas ocasiones, no se sienten integradas y cuya vida transcurre entre la falta de expectativas y la marginalidad.

Éste es un escenario fértil para el reclutamiento y la radicalización. Asimismo, la existencia de guetos que favorecen el aislamiento contribuye a la radicalización. En España, estas barriadas todavía no se han asentado plenamente, si bien en Ceuta y Melilla existen ya espacios urbanos que pueden ser calificados como tales.

A la luz de las dramáticas experiencias francesas y belgas y como consecuencia de esta realidad sociodemográfica, los actuales terroristas de origen islamista en dichos países, proceden de esas mismas sociedades y poseen un bajo perfil religioso, lo que sitúa a los activistas más cerca de la marginación propia de las clases empobrecidas y de jóvenes frustrados, que de una profunda militancia religiosa.

En el caso español, el número de musulmanes continúa siendo reducido en términos porcentuales respecto del resto de la población y las segundas generaciones están todavía en fase de desarrollo. En consonancia con estas cifras, el número de radicales también es menor.

Por otro lado, la cantidad de personas que se han desplazado desde España a los lugares de conflicto antes citados es relativamente reducido.

Según el Informe de Seguridad Nacional aprobado el pasado mes de mayo, solamente 150 españoles o residentes en España se han incorporado a Daesh, lo que en comparación con otros países constituye también una muestra de que el radicalismo ha arraigado menos si lo comparamos con Francia, que aporta 1.700 combatientes, o el Reino Unido, 760.

La perspectiva del retorno de todos estos activistas militarmente entrenados causa honda preocupación en todos los países. En España también, pero su relativamente reducido número permite abordar el problema con mayor confianza, encontrándose 15 en prisión de los 25 retornados por el momento.

A pesar de estas diferencias significativas, existen previsibles similitudes en cuanto a la tipología de la amenaza a la que se enfrentan los países europeos expuestos al riesgo, entre los que se encuentra España. Cabe suponer que el retorno de sujetos radicalizados puede generar un efecto contagio en ciertos individuos y colectivos, lo que unido al deseo de emulación del “éxito” de los atentados en Francia y Bélgica, impulsaría a acciones no particularmente novedosas, pero sí impactantes.

El actor solitario, que en cualquier caso siempre estaría vinculado, en mayor o menor medida, a otros individuos o redes virtuales, está dejando paso a pequeñas células semiaisladas, establecidas sobre lazos familiares o de amistad. Sin embargo, la variedad continúa estando presente como muestra el último atentado perpetrado el lunes pasado cerca de París contra una pareja de policías por un activista veterano, detenido con anterioridad por motivos relacionados con el terrorismo. EFE

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Publicado en: Análisis