Estabilidad Financiera 2.0

El descalabro financiero de la recesión global de 2008 dio paso a 10 intensos años de regulación y supervisión bancaria. Después de este ingente esfuerzo por parte de autoridades regulatorias, supervisoras y, sobre todo, entidades financieras, cabe preguntarse si nuestro sistema financiero es más resistente a futuros sobresaltos económicos y financieros.
Antonio Moreno, profesor de Economía y Finanzas de la Universidad de Navarra. 
Antonio Moreno, profesor de Economía y Finanzas de la Universidad de Navarra.

Antonio Moreno, profesor de Economía y Finanzas de la Universidad de Navarra y Doctor por la Universidad de Columbia

 

Sin duda, las entidades financieras están ahora más capitalizadas y disponen de más liquidez que antes de 2008, lo que las hace menos vulnerables a shocks semejantes al ocurrido en septiembre de 2008 con la bancarrota de Lehman Brothers.

Por ello, se puede decir que el sistema financiero está actualmente más capacitado para servir mejor a la sociedad en su conjunto, realizando sus funciones básicas (depósitos, préstamos y otros servicios financieros) de una manera más sostenible.

Sin embargo, cabe preguntarse también si nuestro sistema financiero será igual de resiliente ante futuras contingencias adversas de distinta naturaleza a las de la última crisis. Porque las crisis financieras no suelen ser todas iguales, aunque puedan tener algunos rasgos comunes, como excesos crediticios o desequilibrios financieros globales.

Y aquí es donde la respuesta a la pregunta inicial no es tan clara, porque las crisis futuras no sabemos realmente de dónde vendrán. De hecho, las limitaciones de la regulación y supervisión financiera yacen precisamente en que son inspiradas por problemas pasados o recientes.

Y es natural que sea así, pues por una parte es después de las crisis cuando se conocen verdaderamente las debilidades del sistema financiero; y por otra, el desarrollo de potenciales debilidades futuras es menos conocido y por tanto más difícil de regular.

Dicho esto, la supervisión actual incluye elementos preventivos relevantes, pues expone a los bancos a pruebas de esfuerzo -los famosos test de stress- en escenarios de recesiones futuras severas. Se trata por tanto de un avance, a pesar de las limitaciones que ya se perciben en estas pruebas, que esperemos sean más robustas de cara al futuro.

En cualquier caso, como ha mencionado recientemente William Dudley (presidente de la Reserva Federal de Nueva York) hace falta un tercer pilar -más allá de regulación y supervisión- para afrontar el futuro con más garantías: una nueva cultura bancaria que fomente el buen funcionamiento de la organización, empezando por la integridad en los comportamientos individuales.

Promover la integridad desde la organización implica dos elementos. Por una parte, establecer incentivos que fomenten un caldo de cultivo ético en las organizaciones. En este sentido, resaltaría el no ligar incentivos económicos a resultados a corto plazo, asegurar la independencia de agencias de rating, o evitar posiciones de excesivo riesgo sin cobertura -como las que mantuvieron las aseguradoras de préstamos-.

Los escándalos financieros se han ido sucediendo; en los últimos años hemos sido conscientes de la manipulación del LIBOR o de las cuentas falsas de Wells Fargo. Este último incluso ha surgido en un nuevo escenario en los que los bancos tenían ya una nueva indumentaria regulatoria (término éste acuñado por Anat Admati, profesora de Stanford).

En ninguno de los casos estaban los incentivos correctos internos en los bancos para evitarlos, pero -y éste es el segundo elemento clave para construir una nueva cultura bancaria- estos shocks financieros surgieron de comportamientos faltos de ética, basados en la búsqueda beneficio económico personal y en detrimento del bien común. Y es que no es sólo la indumentaria lo que importa, sino lo que hay dentro.

La gran ventaja de crear una nueva cultura bancaria es que en vez de regular con base en problemas pasados, se reducen riesgos futuros y se pueden absorber shocks negativos de modo más eficaz: es como tener más capital, pero un capital cultural.

En cualquier caso, el futuro presenta muchos retos y vulnerabilidades en el horizonte, señalaré dos. Por una parte, como acaba de enfatizar el Fondo Monetario Internacional, existe un excesivo apalancamiento tanto privado como público a nivel global.En Europa del Sur sabemos bien cómo este elemento es capaz de propagar las crisis financieras y segmentar los mercados financieros hasta el punto de impedir el acceso a los mismos.

Por otra parte, la imparable digitalización que busca situar al cliente en un lugar central -lo cual es en sí mismo algo deseable- conlleva peligros relevantes, como los ciberataques.

Ante estos retos, la nueva estabilidad financiera (2.0) requerirá aplicar la regulación y supervisión de modo eficiente, así como promover activamente una cultura bancaria centrada en el servicio y no en las ganancias a corto plazo.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.