¿Está cambiando la Argentina?

Vivimos en la era de la inmediatez. Cada día estamos más acostumbrados a tener respuestas "on demand" para lo que sea.
La vicepresidenta de Argentina, Marta Gabriela Michetti Illia, se dirige a la 72 Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre. EFE/Archivo/JLa vicepresidenta de Argentina, Marta Gabriela Michetti Illia, se dirige a la 72 Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre. EFE/Archivo/Jason Szenes

Gabriela Michetti, vicepresidenta de Argentina

 

Esto, que tiene su origen en las posibilidades que nos brindan los grandes avances tecnológicos, se traslada a todos y cada uno de los aspectos de la realidad.

De hecho, nuestras nuevas generaciones no tienen instalado el hábito de la espera para ver los resultados de lo que se hace.

Lo cierto es que en los aspectos políticos e institucionales cada vez debemos tener más presente la necesidad de analizar la gestión por sus resultados, y una sociedad que crece en su participación cada vez exige más respuestas en base a resultados.

Nuestro Gobierno surge de una fuerza política que ha sabido hacer culto de esto. Es nuestra manera de trabajar. Así lo hicimos durante la gestión en la Ciudad de Buenos Aires y así entendemos la gestión nacional.

En gran medida la llamada “nueva política”, de la que nuestro partido es el claro abanderado en la Argentina, tiene que ver con esta forma de hacer las cosas. La política ya no se define por la elocuencia de los discursos sino por los resultados reales y visibles.

También es cierto que los cambios profundos requieren tiempo. Esto es así porque el propio ser humano, por su naturaleza, requiere tiempo para incorporar o transformar hábitos culturales muy arraigados. Y esto se traslada a las organizaciones humanas, incluso la propia organización estatal.

Por vocación política en primer lugar, y por obligación histórica respecto al momento en que nos toca gobernar el país, debemos ser protagonistas de un gobierno que impulse cambios.

Encarar con la misma convicción los cambios de efecto inmediato que mejoran el día a día de las personas y los cambios profundos que son los que transforman.

De los primeros podría ponerme a enumerar un largo listado, pero prefiero concentrarme en los últimos, ya que son los que provocan procesos irreversibles en el crecimiento de un país y de una sociedad.

Al hablar de los cambios de fondo, los voy a agrupar en dos grandes transformaciones, concatenadas una de la otra. Y por ponerles un nombre podríamos hablar de fin del pasado y preparación para el futuro.

El gobierno y la política en nuestro país habían alcanzado un muy alto nivel de deterioro. Las prácticas populistas y clientelares habían llevado al Estado a un camino sin retorno marcado por un déficit escandaloso, deterioro de las instituciones e ineficiencia estatal.

Una cultura del subsidio a cambio de nada, tanto en personas como en empresas, y falta de control transparente son insostenibles, y eso se paga: lo pagábamos todos.

El primer desafío que encaramos fue transformar esto.

Con gran esfuerzo de toda la sociedad vamos camino a un equilibrio fiscal, basado en la optimización de todas las áreas del Estado, logrando que el dinero de los impuestos se vea reflejado en resultados concretos.

Un Estado eficiente, desburocratizado y cumpliendo el rol que debe ocupar, es un paso que una vez solidificado no tiene vuelta atrás.

Estamos logrando algo tan básico como alcanzar una estabilidad razonable de la macroeconomía. Por primera vez en 100 años bajó el déficit primario, el gasto público real, la presión tributaria, la inflación y creció la economía, todo a la vez.

Es el oficialismo quien impulsó medidas de autocontrol y autolimitación, que nos llevan a ser cada vez más transparentes. La ley de Acceso a la Información Pública o la regulación de conflicto de intereses para los funcionarios también son medidas de iniciativas propias que revierten años de atraso institucional.

Estamos impulsando una reforma política y electoral, que limita a los oficialismos a hacer abuso de su condición gobernante en campañas electorales.

Nos hemos autolimitado presupuestariamente, y comprometido a las provincias, mediante un gran pacto fiscal federal, a sanear las cuentas públicas y volverlas al camino de la sensatez y la viabilidad.

Estos son algunos de los ejemplos que para mí constituyen los más grandes cambios que este gobierno está impulsando. Y son grandes no solo por la dimensión o el alcance, sino porque una vez que se encuentren solidificados, constituirán un “nunca más” en la vida política argentina.

No solo se trata de poner en el pasado lo que a ese lugar pertenece, sino a su vez sentar las bases de una transformación profunda para lo que el futuro nos depara.

Esta es la segunda transformación que, silenciosamente, está sucediendo en la Argentina y tiene que ver con los desafíos que tendremos en el futuro inmediato.

Cada vez más, los cambios se producen de modo más vertiginoso y sabemos que los empleos del futuro serán muy distintos a los que tenemos ahora. El 70 % de los empleos que tendrán nuestros hijos hoy no existen.

Estas transformaciones tienen que ver, por ejemplo, con una revolución educativa que estamos implementando desde el Ministerio de Educación, adaptándonos al nuevo paradigma que le dará a nuestros jóvenes las capacidades para desenvolverse en este mundo.

Tiene que ver con pensar la dinámica del desarrollo productivo y laboral comprendiendo que no podemos abordarlo de una manera estática y sectorial.

Estamos cimentando la infraestructura para que, en un país que desborda de bellezas naturales, el turismo sea revolucionario y generador de muchos empleos genuinos a lo largo del país.

Estamos, también, produciendo una transformación en materia de energías renovables que van a modificar sólidamente nuestra matriz energética, desarrollando el marco normativo y las obras de infraestructura que ya han puesto este proceso en un camino sin retorno.

Todas estas políticas públicas constituyen las bases de lo que vivirán las generaciones futuras, y son los cambios más profundos que estamos desarrollando.

Por esto, cuando hablamos de los cambios que atraviesa nuestro país, y se analiza la rapidez o gradualidad con que se dan, es preciso entender y diferenciar entre los que tienen efecto visible inmediato y los cambios profundos que marcan un cambio de época.

Estamos dando pasos muy importantes. Trabajamos para sentar bases sólidas para el futuro de nuestros hijos, y ese es el mayor cambio que se puede dar.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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