España: La Inteligencia militar entra en una “época dorada”

La Inteligencia militar ha estado prácticamente anulada durante décadas por la preponderancia del CESID y su posterior transformación en el CNI, que desconfiaba de los servicios secretos de las Fuerzas Armadas por dos razones: prejuicios que se remontaban al 23-F y considerarlos competidores que les hacían sombra.
El ministro de Defensa, Pedro Morenés (d), es saludado por un militar. EFE/Archivo/Alberto MartínEl ministro de Defensa, Pedro Morenés (d), es saludado por un militar. EFE/Archivo/Alberto Martín

Enrique Montánchez 

Esta inercia se debilitó a partir de diciembre de 2011 cuando el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) dejó de estar adscrito al Ministerio de Defensa y pasó al Ministerio de la Presidencia bajo las órdenes de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

En ese momento algunas interpretaciones aviesas explicaron la decisión como un interés especial de los políticos de que los Servicios de Inteligencia estén en manos civiles y que la Inteligencia militar no creciese excesivamente, para lo cual enumeraban los aspectos que subordinaban el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS) al CNI. 

Entre los más destacados, que el CIFAS tiene carácter complementario del CNI en materia de Inteligencia Militar, recibe directrices para la coordinación y cooperación, el CNI supervisa el “Plan Conjunto de Inteligencia Militar” y, finalmente, que el CIFAS no tiene representación directa ante la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, siendo el Director del CNI quien informa sobre el CIFAS.

Desde su creación en junio de 2005, el CIFAS había llevado una lánguida existencia sin apenas personal ni medios, asfixiado por “la Casa”, como coloquialmente se llama al servicio secreto español.

Al pasar el CNI a depender, a todos los efectos, de Presidencia, el Ministerio de Defensa se encontró con un déficit de Inteligencia, pues el acceso a la información clasificada no fue tan fluido como hasta entonces.

Estas carencias y la propia reorganización en curso del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) en un proceso de transformación con el foco puesto en la acción conjunta, ha llevado al actual equipo del Ministerio de Defensa a potenciar la Inteligencia “como un requisito indispensable para el planeamiento, la conducción y la ejecución de las operaciones militares”. 

Esto supone romper ataduras con el CNI y convertir al CIFAS en un potente y bien dotado servicio de inteligencia bajo el Mando del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD).

El ministro de Defensa, Pedro Morenés, en la clausura el pasado miércoles del VII Curso Superior de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, señaló que las capacidades de Inteligencia son uno de los principales objetivos que el Ministerio se ha propuesto potenciar.

De las palabras del titular de Defensa se deduce que el Plan de Inteligencia del CIFAS comprenderá aspectos de carácter estratégico que hasta el momento eran del ámbito competencial del CNI: “la capacidad de la inteligencia en las Fuerzas Armadas debe iluminar los procesos de tomas de decisiones en época de incertidumbres basándose en un profundo conocimiento de nuestro entorno, de todo aquello que está ocurriendo y que nos puede afectar”, subrayaba Morenés.

Medios próximos al CIFAS reconocen que con el decidido apoyo del ministro y su autorizada voz en el Gobierno de la Nación, la Inteligencia militar “entra en una época dorada” en la que no tiene que haber colisión alguna con el CNI, sino mantener una leal cooperación, pues “todos remamos en la misma dirección, que es España”, argumentan.

Militares y civiles engrosan las filas del CIFAS que previsiblemente será trasladado, junto al Mando de Operaciones (MOPS) del Estado Mayor de la Defensa, al complejo militar de Retamares, en el municipio madrileño de Pozuelo, vacío tras el cierre del Cuartel General de la OTAN.

El CIFAS prepara el documento Visión 2015-2030 que recoge los escenarios de amenazas potenciales sobre España, con modelos predictivos similares a los empleados por los servicios de inteligencia de los Ejércitos más avanzados.

La eclosión del África subsahariana -con el auge del yihadismo, la lucha por el control de los recursos energéticos y la presión demográfica que se materializa en flujos migratorios ilegales hacia Europa-, obligarán cada vez más al despliegue de fuerzas en el marco de misiones de estabilización apoyadas por Naciones Unidas y lanzadas por la UE o la OTAN. Un escenario tanto más inquietante si tenemos en cuenta su cercanía a España.

Junto a este, las nuevas modalidades del Crimen Organizado Transnacional (constituido por delitos locales, regionales y globales), constituye otra de las amenazas que se ciernen en la tercera década del siglo XXI.

 

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