España ante la cumbre de la OTAN

La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico (OTAN) que se celebra este 8 y 9 de julio en Varsovia tendrá lugar en un momento crucial para la Alianza, con importantes puntos calientes para la seguridad euroatlántica, tanto en el este como en el sur de las fronteras de los aliados, un escenario geoestratégico en el que España juega un papel de primer orden.
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Gerardo Domínguez

En la reunión, el presidente del Gobierno español en funciones, Mariano Rajoy, ratificará el compromiso de España con los retos de la Alianza Atlántica, en particular la amenaza del Estado Islámico, en presencia de los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 países que la conforman.

Durante los dos días que estarán reunidos en la capital polaca, los miembros de la OTAN darán su visto bueno al despliegue de cuatro batallones en las tres repúblicas bálticas y en Polonia, con entre 800 y 1.000 militares cada uno. El movimiento es interpretado como un gesto tranquilizador hacia los países fronterizos a Rusia, que desconfían de las intenciones de su vecino tras la anexión de Crimea.

Una presencia militar considerada insuficiente para hacer frente a un ataque a gran escala, pero que podría ser útil para dar tiempo a la llegada de refuerzos y especialmente al despliegue de la Fuerza de Alta Disponibilidad (VJTF), al mando de España durante todo el año 2016. Una fuerza que ha demostrado sus capacidades en unos ejercicios militares que reunieron a 2.500 soldados (1.300 de ellos españoles) y varios centenares de vehículos el pasado mes de mayo en Polonia.

El otro punto candente para la seguridad del espacio atlántico está situado en el norte de África, especialmente en Libia. En la actualidad el país africano es un estado fallido, desangrado por un conflicto bélico entre tres facciones enfrentadas, que lo han convertido en terreno abonado para los intereses del Estado Islámico.

Alejar la posibilidad de que los yihadistas consoliden Libia como base de sus operaciones y punta de lanza para la expansión de su califato, ha pasado a ser prioritario para los intereses de la OTAN. Como solución la organización estudia intervenir militarmente, y posteriormente adiestrar y fortalecer a las Fuerzas Armadas libias, para que con el tiempo se hagan cargo de la seguridad del país.

Pero además de los peligros geoestratégicos, materializados en sus fronteras sur y este, la OTAN se enfrenta a un grave problema presupuestario. Acuciados por una grave crisis económica la mayoría de los estados miembros no han sido capaces de invertir el 2 % de su PIB que se marcaron como objetivo en la anterior cumbre celebrada en Gales en septiembre de 2014.

En el caso español, el presupuesto de defensa durante 2016 será del 0,91 %, es decir menos de la mitad de lo comprometido. Sólo Bélgica (0,85 %) y Luxemburgo (0,44 %) estarán por debajo de España, y quedarán muy lejos de Estados Unidos (3,61 %), Grecia (2,38 %), Reino Unido (2,21 %), Estonia (2,16 %) y Polonia (2 %), únicos miembros de la OTAN que cumplen ya ese objetivo.

Treinta y cuatro años después de su entrada formal, España se ha convertido en un actor fundamental en la Alianza Atlántica por su implicación y compromiso, como lo prueba la elección de Torrejón de Ardoz, como uno de los dos centros Combinados de Operaciones Aéreas, con responsabilidad en la defensa aérea de la región sur de Europa. O que España cuente con dos cuarteles generales de alta disponibilidad, uno marítimo a bordo del buque Castilla, con base en Rota, y otro terrestre situado en Bétera en la provincia de Valencia, base de la nueva Fuerza Conjunta de Muy Alta Disponibilidad.

Compromiso que en la próxima cumbre será reconocido con la designación del secretario general de Política de Defensa, Alejandro Alvargonzález, como secretario general adjunto para Asuntos Políticos y de Seguridad, número tres de la Alianza Atlántica, el puesto más alto al que ha llegado un español en la OTAN desde que el exministro Javier Solana ocupó la secretaría general.

 EFE

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