Elecciones e incertidumbre en Latinoamérica

La capital peruana, Lima, donde ha tenido lugar la octava Cumbre de las Américas, y Medellín, Colombia, donde la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ha celebrado su tradicional reunión de mitad de año, han sido este fin de semana observatorios privilegiados de la vida política latinoamericana.
Un hombre vota en las pasadas elecciones legislativas de Colombia en Cali.. EFE/Ernesto Guzmán Jr.Un hombre vota en las pasadas elecciones legislativas de Colombia en Cali.. EFE/Ernesto Guzmán Jr.

Laureano García, periodista

 

En el marco de las agendas preestablecidas y en los contactos y conversaciones fuera del programa oficial se ha hablado profusamente del presente y futuro del continente: el encarcelamiento del expresidente brasileño Lula da Silva, el histórico relevo de Raúl Castro en la presidencia de Cuba, la deriva antidemocrática de Venezuela, las consecuencias para el subcontinente de la política del presidente de los Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, y, del calendario electoral que se avecina en los próximos meses, con comicios presidenciales en tres de las cuatro primeras potencias económicas de la Latinoamérica (Brasil, México y Colombia) y en otros países de la zona, además de las elecciones de mitad de mandato en EEUU, que tienen también incidencia en los países vecinos.

Aunque envió a su hija Ivanka, Donald Trump se quedó en Washington, pero su política y el desorden mundial que ha desencadenado estuvieron en los mentideros de las dos reuniones internacionales.

Tampoco Nicolás Maduro acudió a la reunión de Lima, pero Venezuela fue foco de atención de la Cumbre de las Américas y de la asamblea de la SIP, donde hubo un panel específico que reclamó, como es un clamor universal, la celebración de elecciones libres, legislativas y presidenciales, transparentes y con garantías.

La SIP envió a los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Lima una proclama de condena de los regímenes de Venezuela y de Cuba, instándoles a trabajar para que los ciudadanos de estos países “puedan disfrutar de la democracia y las libertades esenciales que sus gobiernos les niegan”.

La Cumbre de Lima ha tenido como tema central la “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”. Ironías del destino, en un país donde hace tan solo unas semanas dimitió el presidente, Pedro Pablo Kuczynski, en vísperas de que el Parlamento decidiese someterlo a juicio político por corrupción, exactamente por intentar comprar votos de congresistas de la oposición cuando no pudo aguantar más la presión como presunto implicado en el caso de corrupción Lava Jato, de origen brasileño. Kuczynski ha sido el primer mandatario del continente que tiene que dejar el cargo por este escándalo.

Precisamente la corrupción, digamos, tradicional y doméstica de cada país, que tanto preocupa a los reunidos en Lima, sumada a la transversal que ha extendido la constructora brasileña Odebrecht y los fenómenos de violencia que se repiten, están en la base, según los observadores, del carácter imprevisible de los resultados de los procesos electorales, en los que consideran que se va a producir un “barrido” de la escena de “políticos de toda la vida”, salvo los que se han sometido a operaciones de cirugía política para presentarse con otra cara y nuevas señas de identidad.

La confusión generada en Colombia por los detractores del proceso de paz y la derrota de las FARC como partido político en las recientes elecciones legislativas; el batiburrillo de coaliciones de México, un baile de máscaras en el que acuden juntos, compartiendo ticket electoral, partidos de derecha e izquierda; y el shock producido con el encarcelamiento del expresidente Lula, hacen imposible cualquier pronóstico electoral.

Resulta poco menos que imposible vislumbrar quién puede ganar y será harto difícil etiquetar (derecha, izquierda o centro) a quienes ganen. Todo apunta a que habrá muchas banderas, muchos colores y poca ideología, salvo que el populismo o la ambición de poder por el poder, sin más aditamento, se consideren opciones ideológicas.

Con agilidad de reflejos, la SIP ha dedicado un panel monográfico de la conferencia de Medellín al debate sobre injerencias externas en los comicios, para prevenir a los países que celebran elecciones de eventuales intromisiones como las sufridas por EEUU, el Reino Unido en el referéndum (brexit) para la salida de la Unión Europea y otros países, con el propósito de desestabilizar a las democracias occidentales.

¿Están Brasil, México o Colombia, naciones con gran proyección global, fuera del campo de la posible amenaza?

La inexistente política para Latinoamérica de la actual Administración de EEUU, su nacionalismo excluyente y el desbarajuste producido en las relaciones internacionales, aconsejarían profundizar en mecanismos de integración latinoamericana, un proceso que solo es posible cuando hay afinidad entre los gobiernos o inteligencia suficiente para, desde la diferencia ideológica y política, identificar objetivos que pueden compartir.

El subcontinente viene de un tiempo en el que eran identificables las divisas ideológicas, pero mirando a los próximos  comicios son más las dudas que las certidumbres sobre el color político resultante de cualquiera de las coaliciones que pueda ganar en México, roto por la violencia y la corrupción y hostigado por el vecino del norte, o en Brasil,  donde el intento de apartar a Lula abre una fractura política y social muy difícil de soldar porque es mucho mas que la neutralización de un candidato. Todo ello hace imposible el pronóstico e impensable en estas condiciones avanzar en posiciones comunes para la definición y defensa de los intereses estratégicos de la región.

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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