El “trilema” energético español

El nuevo sistema que el Ministerio de Industria plantea para trasladar el coste de la energía al recibo eléctrico a partir de abril próximo, tras la polémica suscitada por la subasta Cesur de diciembre pasado, plantea numerosas interrogantes.
Protesta en Bilbao convocada por la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae) para denunciar la reforma del mercado eléctrico. EFE/Protesta en Bilbao convocada por la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae) para denunciar la reforma del mercado eléctrico. EFE/Archivo/Alfredo Aldai

Antonio Nogueira

En España, la factura de la luz se compone de tres costes: peajes (41,14%), energía (37,48%) e impuestos (21,38%). En el caso de 16 millones de pequeños consumidores abonados a la tarifa regulada, ese 37,48% de energía, a partir del proyecto de Industria, será la media del precio registrado por el mercado mayorista durante dos meses.

La perspectiva de que haya tantas tarifas como tipos de consumidores parece en principio plausible, si no fuera por el grado de complejidad que traerá consigo. Si el consumo a las 22:00 horas en una noche de febrero dispara el precio hasta los 75 euros/MWh, por causa de la entrada en acción de las centrales térmicas de gas, más caras, frente a los casi 0 euros/MWh de las renovables durante esa madrugada, todo ello significa que sobre el modelo energético español gravitan problemas de fondo.

España se enfrenta, según los expertos, al “trilema” energético; es decir, nuestro país debe afrontar los tres ejes que vertebran cualquier política energética: medio ambiente, economía y seguridad de suministro. Al margen del cambio climático y el déficit comercial, la seguridad del suministro tendrá que ser objeto de un mayor consenso, pues aún suscita dudas que hacen retraer las inversiones extranjeras.

Acerca de la energía, conviene no incurrir en maniqueísmos. ¿Por qué no hablar con honestidad acerca de las ventajas e inconvenientes del shale gas emergente? Que la solución sea, o bien sólo renovables, o bien sólo nucleares, es ilusoria.

Lo importante es que la percepción social acerca de los asuntos energéticos sea la adecuada. Los ciudadanos españoles deberán asumir las inevitables consecuencias después de conocer que otras naciones (Francia, Gran Bretaña, Polonia, etc.) tienen muy claro qué quieren hacer y cuánto quieren pagar por su energía.

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