El rescate a Portugal: ¿éxito o fracaso?

¿Valió la pena? Esa es la pregunta que planea sobre Portugal cuando llega la hora de hacer balance de su rescate financiero después de sufrir durante tres años continuos recortes y exigentes ajustes a cambio de evitar la bancarrota.
El viceprimer ministro portugués, Paulo Portas (d), y la ministra lusa de Finanzas, Maria Luís Albuquerque (i), en una rueda de prensa en Lisboa (PoEl viceprimer ministro portugués, Paulo Portas (d), y la ministra lusa de Finanzas, Maria Luís Albuquerque (i), en una rueda de prensa en Lisboa (Portugal). EFE/Archivo/Tiago Petinga

Óscar Tomasi 

La respuesta varía de un extremo al otro en función de a quién se pregunte. El país, que cerró el sábado oficialmente su programa de asistencia financiera, ve asomarse la recuperación económica después de una recesión que acompañó todo el período de ajuste, pero el desempleo continúa siendo elevado -pese a haber mejorado en los últimos meses- y sus niveles de deuda se han disparado. 

Las autoridades portuguesas reflejan esta disparidad. Frente al orgullo y la satisfacción del Gobierno, una patronal que vislumbra avances pero que denuncia errores en el proceso, unos sindicatos que censuran los efectos de la austeridad y entidades sociales que alertan del empobrecimiento de la población.

“Redujimos el déficit en cinco puntos en tres años -del 9,8 % de 2010 al 4,9 % de 2013-, hemos vuelto a crecer -en términos trimestrales- y lideramos las estadísticas europeas de caída del desempleo”, enumera el ministro adjunto a la Presidencia y de Desarrollo Regional, Miguel Poiares Maduro, en declaraciones a Efe.

El representante del Ejecutivo conservador destaca especialmente la mejora de las exportaciones, que permitió presentar una balanza comercial positiva en 2013 por primera vez en 70 años, lo que es considerado una señal de que su economía ha experimentado una transformación estructural para ser más abierta y competitiva.

El presidente de la patronal lusa, António Saraiva, reconoce a Efe los progresos conseguidos, sobre todo algunas “reformas estructurales importantes que mejoraron el encuadramiento de la actividad empresarial” y que “redujeron los grandes desequilibrios macroeconómicos”.

Sin embargo, “la deuda pública es significativamente más elevada” -hoy equivale al 130 % del PIB y en 2011 suponía el 100 %-, la presión fiscal “es enorme” y la recesión durante los últimos tres años ha llevado al país a “retroceder más de una década en términos de producción y a finales de los años ochenta en niveles de inversión”.

“Y falta por resolver el problema gravísimo del desempleo, que, pese a estar cayendo, alcanza tasas social y económicamente insoportables: actualmente ronda el 15 %”, recalca.

“Un desastre”. Así califica la intervención de la troika de acreedores internacionales el secretario general del principal sindicato del país, Arménio Carlos, quien justifica sus críticas con “el aumento de las injusticias, las desigualdades y el empobrecimiento derivado de la reducción de salarios y pensiones”.

El líder de la central sindical CGTP -de orientación comunista- afirma que estos tres años bajo la supervisión de la troika causaron “la degradación económica, la subida del paro, la reducción de la protección social a los desempleados y la emigración forzada de cientos de miles de portugueses”.

El “triunfo” que algunos ven en las políticas aplicadas a instancias de la UE y el Fondo Monetario Internacional entre 2011 y 2014 es también contestado por el sindicato UGT -de tendencia socialista-, que ve esa idea “ajena a la realidad vivida por los portugueses”.

Su secretario general, Carlos Silva, se muestra satisfecho por que Portugal optase por una salida “limpia” -sin recurrir a más apoyo del exterior- que le permitirá ahora gozar de mayor autonomía, pero lamenta los “errores” cometidos por aplicar una “austeridad excesiva” en un período de tiempo tan reducido.

Para Eugénio Fonseca, presidente de la institución social Cáritas, el resultado del programa de ajustes aplicado en Portugal es un “fracaso” por haber golpeado “fuertemente a la clase media y media-baja” y conducir “hasta una situación de miseria al 18 % de ciudadanos que ya en 2011 vivían en situación de carencia económica”.

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