El petróleo cotiza al alza en el conflicto iraquí

Irak tiene en el petróleo su principal fuente de riqueza y, al mismo tiempo, un motivo más de conflicto que le ha llevado a enfrentarse a los insurgentes suníes y a los kurdos, una situación que todavía no ha sacudido en exceso el mercado internacional.
 Baiji (Irak) 21.03.2011.- Imagen de las instalaciones de la refinería petrolífera de Baiji, a unos 180 km al norte de Bagdad (Irak). EFE/Archivo
Baiji (Irak) 21.03.2011.- Imagen de las instalaciones de la refinería petrolífera de Baiji, a unos 180 km al norte de Bagdad (Irak). EFE/Archivo

Belén Delgado

En su avance por amplias partes de Irak, el yihadista Estado Islámico (EI) y otros grupos rebeldes se han disputado en el último mes objetivos como la refinería de Biyi (Baiji), la mayor del país y capaz de procesar unos 310.000 barriles diarios del llamado “oro negro”.

Actualmente siguen registrándose combates en esa zona, al norte de Bagdad, lo que ha obligado a paralizar el funcionamiento de la refinería, afectando sobre todo al consumo local.

Los insurgentes se han hecho con el control de pequeños pozos y fábricas con las que acceder al crudo de forma “limitada”, ya que difícilmente pueden operar con esos hidrocarburos o colocarlos en el extranjero, dijo a Efe el analista de la consultora Energy Aspects Richard Mallinson.

En todo caso, el Estado Islámico podría vender el petróleo de contrabando y utilizarlo para sus propias fuerzas, al igual que hace en Siria, apuntó el experto, que dudó de informes como los del Iraq Oil Report, que sostiene que ese grupo extremista estaría ganando un millón de dólares al día a partir del crudo sustraído en Irak.

Lejos de su alcance quedan aún las principales reservas y el grueso de la producción del país, que se concentra en el sur, de mayoría chií, y se exporta a través del puerto de Basora.

Allí, empresas como la británica BP o la estadounidense ExxonMobil han evacuado a parte de su personal por miedo al deterioro de la seguridad.

Para Mallinson, el objetivo es mantener e incluso aumentar la producción en esa zona, aunque esta podría verse afectada por la probable suspensión de labores de exploración y nuevos proyectos.

El Ministerio iraquí de Petróleo, que antes de la crisis estimaba generar hasta diez millones de barriles diarios en todo el país en 2020, se ha comprometido a proteger a los empleados del sector y ha destacado la “normalidad” de su trabajo.

Irak, el segundo productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por detrás de Arabia Saudí, se niega a desaprovechar sus recursos tras haber llegado a producir 3,4 millones de barriles diarios en febrero pasado.

En mayo, justo antes de la ofensiva insurgente, exportó 2,6 millones de barriles diarios del sur (el máximo desde 2003, cuando Estados Unidos ocupó el país), lo que le reportó 8.077 millones de dólares ese mes, según los últimos datos disponibles.

El país ya ha sufrido una merma de sus ingresos desde que en marzo una serie de ataques armados interrumpiera el flujo por el oleoducto que une los yacimientos iraquíes de Kirkuk con el puerto turco de Ceyhan.

Kirkuk, en el norte, es otra de las zonas ricas en reservas petrolíferas de Irak y un motivo de la disputa cada vez más candente entre el Gobierno de Bagdad y el de la región autónoma del Kurdistán.

La reciente toma de la ciudad de Kirkuk por las tropas kurdas, tras la retirada militar en pleno avance yihadista, ha insuflado ánimos a las autoridades del Kurdistán, dispuestas a adueñarse definitivamente de esa y otras áreas.

Los cercanos campos de Kirkuk y Bai Hasan han sido las últimas “adquisiciones” de los kurdos, que dicen querer “proteger” las instalaciones pese a las críticas del Gobierno central.

“La producción en Kirkuk, de unos 300.000 barriles diarios, se ha visto afectada por los ataques y tampoco se puede exportar porque el oleoducto no funciona y los extremistas están al acecho”, afirma el analista kurdo Shwan Zulal.

Además, el Kurdistán, que estima albergar reservas no probadas de hasta 45.000 millones de barriles, comenzó este año a exportar crudo producido en esa región.

Bagdad -que se reserva ese derecho “exclusivo”- está presionando con fuerza a intermediarios y compradores para que no lo acepten.

“La cuestión radica en si los kurdos podrán vender el petróleo, ya que las compañías no quieren involucrarse en un litigio local”, explica Zulal, que ve “complicada” una solución cuando “el Kurdistán lucha por la independencia económica y el Gobierno iraquí, por la centralización”.

Al margen de esas tensiones, el mercado internacional se ha conformado con las promesas del Ejecutivo central de mantener la producción en el sur y la perspectiva de mejora de las exportaciones libias, según la Agencia Internacional de la Energía.

Esto ha contribuido a que el precio del barril de Brent bajase a 104 dólares este martes, tras haber subido a más de 115 dólares a mediados de junio entre temores a la ofensiva insurgente.

La OPEP, que atribuyó ese incremento a la especulación, sigue proporcionando 30 millones de barriles al día, al compensar las menores exportaciones iraquíes con un aumento de las de Arabia Saudí, Irán, Nigeria y Angola. EFE

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