El partido de Los Comunes en Cataluña será determinante tras las elecciones de diciembre

Dos son las principales hipótesis de gobierno que se plantean para el día después de las elecciones catalanas del 21 de diciembre a tenor de las encuestas: una mayoría independentista o una mayoría de izquierdas, con los comunes llamados a jugar un papel clave si el bloque secesionista no logra más de la mitad de los escaños.
 El secretario general de Podemos Pablo Iglesias (d), junto a la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, y el portavoz de En Comú Podem Xavier Domènech (i El secretario general de Podemos Pablo Iglesias (d), junto a la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, y el portavoz de En Comú Podem Xavier Domènech (i), e un aacto de la Díada del pasado 11 de septiembre en Santa Coloma de Gramanet. EFE/Archivo/Alejandro García

Carlos Moral

Los sondeos indican que los independentistas -ERC, de izquierdas; Junts pel Catalunya, heredera de la conservadora Convergencia y encabezada por el expresidente Carles Puigdemont, y la CUP, anticapitalista- acarician la mayoría absoluta (68 escaños) pero no la tienen segura. También coinciden las encuestas en que los constitucionalistas (PP, Ciudadanos y socialistas) están lejos de sumar 68 escaños.

Así que no es improbable que al día siguiente de los comicios se plantee un escenario en el que los comunes, la formación de izquierda impulsada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que comparece por primera vez en unos comicios y concurre en coalición con Podemos bajo el nombre en Comú-Podem, resulten determinantes.

Colau y sus comunes han mantenido un difícil equilibrio en los últimos meses, rechazando los pasos que los independentistas han dado uniltateralmente y al margen de la ley, pero también pronunciándose radicalmente en contra de la aplicación del artículo 155 de la Constitución mediante el que el Estado tomó el control del Gobierno de Cataluña.

Una postura que sus detractores califican de ambigua y que, siempre según las encuestas, no se traduce por ahora en beneficios electorales sino más bien al contrario, lo mismo que le ocurre a nivel estatal a Podemos, aliado de los comunes en Cataluña y que mantiene una posición política semejante e igualmente favorable a un referéndum pactado.

El propósito de la alcaldesa de Barcelona al lanzar la nueva formación era convertrila en referente de la izquierda en Cataluña y trasladar al ámbito autonómico el éxito obtenido en las elecciones generales de 2015 y 2016 por la candidatura formada en torno a Podemos y la propia Colau, cuando fue la más votada en Cataluña.

Sin embargo, los pronósticos apuntan un resultado discreto para los comunes, incluso por debajo de los 11 escaños que obtuvo en las autonómicas de 2015 Catalunya Sí que es Pot, la marca que agrupó a Podemos, ICV, EUiA, Equo y otras fuerzas de izquierda y que no contó con el apoyo explícito de Colau.

En cualquier caso, la aritmética parlamentaria puede conceder a los comunes el papel clave que no le otorguen los votos: si los independentistas no logran la mayoría absoluta, podrían tener en sus manos la decisión de decantar el próximo Gobierno y variar el eje de la política catalana desde la clave identitaria hacia la económica y social.

La fragmentación del electorado permite aventurar varias hipótesis postelectorales, entre ellas un ejecutivo de izquierdas como el que gobernó Cataluña entre 2003 y 2010. Entonces ERC e IVC-EUiA apoyaron un Gobierno encabezado por los socialistas del PSC durante dos legislaturas.

La pregunta es si tras la aventura secesionista y con el anterior gobierno catalán procesado y algunos exconsejeros en la cárcel o en Bruselas es posible reeditar un acuerdo similar a aquel.

Precedentes cercanos existen: Ada Colau fue elegida alcaldesa de Barcelona en junio de 2015 con el apoyo de PSC, ERC y uno de los tres ediles de la CUP. Posteriormente alcanzó un acuerdo con el PSC, que entró en el gobierno municipal. Solo hace unos días las bases de Barcelona en Comú, la marca que aupó a Colau a la alcaldía, decidieron romper el pacto en protesta por el apoyo de los socialistas a la aplicación del artículo 155 en Cataluña.

La gestión del ayuntamiento barcelonés, donde Colau ha sido capaz de entenderse con socialistas e independentistas y mantener el bastón de mando con tan solo once de 41 ediles, demuestra que aún en pleno conflicto por la secesión ha sido posible en Cataluña cambiar el eje de acuerdo desde el pacto identitario al vector izquierda-derecha.

Pero también que la polarización que el proceso soberanista ha generado puede convertir en rivales a actores políticos ideológicamente cercanos.