El independentismo catalán baja el tono y ralentiza la ruptura

Las últimas apariciones del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ponen en cuestión tanto el "tempo" del proceso independentista como la idea de la ruptura unilateral mientras que PSOE y Podemos buscan dialogar con el nuevo Gobierno catalán.
El presidente catalán, Carles Puigdemont. EFE/David Borrat
El presidente catalán, Carles Puigdemont. EFE/David Borrat

María López

Carles Puigdemont no varía el objetivo, la independencia, pero sí la ruta para conseguirlo, o eso deducen los principales analistas después de que el president haya cuestionado el plazo (autoimpuesto) de 18 meses para separar Cataluña del resto de España, un “corsé” que no debe ser limitante, como también ha valorado la portavoz de “Junts pel sí”, Neus Monté.

No sólo varía el “tempo” ya que, pasadas las algarabías de la investidura, el independentismo de Convergencia (CDC) habla de nuevo de referéndum pactado. “De la ley a la ley” dice Puigdemont, frase que toma prestada de Torcuato Fernández-Miranda, uno de los artífices de la Transición democrática.

Un cambio que desde el entorno catalanista se considera un paso atrás de JxSí y la “Candidatura d’Unitat Popular” (CUP) debido a que Puigdemont pone en cuestión la unilateralidad del proceso y la idea de la desobediencia. Tras defenderla, el president parece dar la espalda a la declaración del 9 de noviembre.

El giro se materializa en cambios sustanciales dentro de la comisión que iba a legislar las leyes de ruptura y que deja de tener capacidad legislativa para ser sólo una comisión de estudio que además dará cabida a “Catalunya sí que es Pot”, que defiende un referéndum.

Estas variaciones tienen de fondo el debate en torno a si la “base social” independentista, un 48 % de los votos, es suficiente. Los independentistas quieren “ensancharla” pero no se ponen de acuerdo sobre si la vía para conseguirlo es el desafío o, como se señala desde CDC, apostar por soluciones dialogadas.

Francesc Homs, número uno de Democracia y Libertad (la marca de CDC en el Congreso), daba las claves de esta nueva postura hace unos meses cuando decía que había apoyo suficiente para dar inicio al proceso pero no para terminarlo, idea en la que se insiste ahora.

La incógnita está en el apoyo que esta propuesta tiene tanto en Esquerra Republicana, donde Oriol Junqueras se mantiene atento al liderazgo incipiente de Puigdemont, como en la más radical CUP.

Pedro Sánchez, líder de los socialistas, parece haber recogido el guante de Puigdemont, a quien ha ofrecido una reforma constitucional en clave federal.

Sánchez dice que es “hora de cambiar el paso y tender puentes”, una posición que tiene también lectura a nivel nacional ya que un Gobierno de izquierda junto a Podemos necesitaría del apoyo soberanista.

El PSOE ya ha movido ficha en este sentido, cediendo diputados para que tanto ERC como la marca nacional de CDC, Democràcia i Llibertat, puedan tener grupo propio en el Senado. Un guiño que ha agitado a las filas socialistas.

También Podemos ha ofrecido diálogo, proponiendo, como Sánchez, una reforma constitucional pero también una consulta pactada. Ninguno de los partidos tiene fácil cumplir tal promesa, pues es complejo que una reforma de la Carta Magna cuente con mayoría suficiente y no quede bloqueada.

El Partido Popular quiere que las contradicciones de ambos grupos queden en evidencia, debilitando su postura en torno al conflicto catalán. Por ello propondrá una ley para que PSOE y Podemos tengan que pronunciarse al respecto en la Cámara Baja.

Y es que, pese al cambio de formas, las posturas del Gobierno en funciones y del nuevo Gobierno autonómico siguen chocando frontalmente, una realidad que complica la gobernabilidad de España.EFE