El independentismo catalán apuesta por romper con España sin ser mayoritario

Los independentistas de Junts pel sí (JxSí) y de la CUP pactaron la investidura para separarse de España, sin embargo el acuerdo no esconde el debate sobre si el 48 % de los votos legitima o no la ruptura y tampoco elimina las tensiones internas en las filas soberanistas.
El ex presidente catalán, Artur Mas (i), estrecha la mano del nuevo president,  Carles Puigdemont. EFE/Archivo/El ex presidente catalán, Artur Mas (i), estrecha la mano del nuevo president, Carles Puigdemont. EFE/Archivo/

María López 

El proceso independentista no estaba muerto, ha sido reanimado de urgencia por el paso atrás el pasado 10 de enero de Artur Mas y las insólitas disculpas de los anticapitalistas de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular) por ser beligerantes, una humillación según los analistas.

El independentismo se enfrentaba, de haber celebrado nuevos comicios, al riesgo de perder lo que valoran como una oportunidad histórica para separarse de España debido a que las elecciones generales señalaron un retroceso del secesionismo y el crecimiento del apoyo al referéndum propuesto por Podemos.

En ese contexto, ligar la independencia de Cataluña a la figura de Artur Mas carecía de sentido, máxime cuando era complejo que el expresidente lograse una nueva victoria y evitase ser adelantado por la izquierda de Esquerra Republicana (ERC).

El adiós de Mas (un hasta luego según algunas voces) llegó después de que las presiones contra él se multiplicasen desde la prensa catalanista, ERC (su socio en JxSí) y las entidades civiles soberanistas. Mas prefirió marcharse y no pasar a la historia como el enterrador del proceso independentista.

Ahora el independentismo pone el contador a cero, en palabras del diputado de la CUP Benet Salellas y arranca la hoja de ruta para independizarse del Estado. Los soberanistas cuentan con un nuevo presidente, el convergente Carles Puigdemont y la -algo precaria- estabilidad de los dos diputados de la CUP que votarán junto a JxSí.

La CUP presume de haber sacado al “pujolismo” (la era política de Jordi Pujol presidente de la Generalitat durante 23 años y sobre el que pesan sospechas de corrupción) de la política catalana, pero han pagado un alto precio.

Dan su confianza a Puigdemont, hasta ahora alcalde de Girona y de quien se destaca que siempre ha preferido la independencia al autogobierno, que tiene como vicepresidente a Oriol Junqueras (ERC), quien se veía ya ganador en unos nuevos comicios.

Los separatistas se dan dieciocho meses para romper con España. El proceso concluiría con unas elecciones constituyentes, donde los catalanes votarían una nueva Carta Magna. Antes el Gobierno catalán debe, según la hoja de ruta, dotarse de estructuras propias y aprobar una “ley de transitoriedad“.

Sin embargo, existen dudas sobre si la mayoría de escaños -los independentistas tienen mayoría absoluta en el Parlamento pero el ‘no’ a la independencia suma el 52 % de los votos- otorga legitimidad suficiente para romper con España.

¿Es posible que sólo se vote una nueva Constitución? ¿Están los independentistas legitimados para declarar primero la independencia? La pasada semana,la diputada de la CUP, Anna Gabriel, explicaba las dudas al respecto en una entrevista en un medio digital.

Gabriel mencionó entonces la posibilidad de una doble urna: en una se votaría la constitución, en otra la ruptura. Un supuesto que provenía de las filas de JxSí pero que ahora no está sobre la mesa y es que, con el actual plan soberanista, los catalanes no podrán votar su relación con España, sólo la nueva Constitución.

“Aquello que las urnas no nos dio directamente se ha corregido a través de la negociación”, dijo Artur Mas en la comparecencia en la que dio a conocer su renuncia, una frase que levantó polémica y que habla de la condición contra natura del pacto y de lo tramposo de la estructura independentista.

Y es que el edificio del independentismo tiene como cimientos un plebiscito que no lo era y una mayoría que tampoco lo es y presume de un andamiaje sólido que esconde graves grietas entre los independentistas evidenciadas la pasada semana.

Ante la amenaza de derribo, la estructura se mantiene en pie pero puede tambalearse cuando la estabilidad que han pactado JxSí y la CUP tenga que ponerse a prueba con los presupuestos y la actuación del Estado.EFE