El fracaso del intento de internacionalizar la consulta soberanista en Cataluña

Si la semana pasada fue el jefe del Estado francés, François Hollande, el que se desentendió de la carta que le envió el presidente de la Generalitat, Artur Mas, en busca de apoyo al proceso soberanista, al decir en rueda de prensa que "Cataluña es una región de España, por lo tanto es un tema interno de España y es competencia de su soberanía exclusivamente", esta semana ha sido el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, el que ha respondido casi 20 días después de que Mas le enviara la misma carta para decirle que esta cuestión debe discutirse en España.
Participantes en la cadena humana de la Diada de Cataluña de 2013. EFE/Archivo/Susanna Sáez
Participantes en la cadena humana de la Diada de Cataluña de 2013. EFE/Archivo/Susanna Sáez

Toti Soler

Dentro de la estrategia del Gobierno autónomo catalán de internacionalizar el proceso independentista, Mas había enviado a los líderes de la Unión Europea una carta donde defendía el derecho a decidir de Cataluña, y explicaba el enunciado del referendo junto a un memorando de dos páginas informándoles de los argumentos que avalan la consulta. La misiva se envió 10 días antes de conocerse que el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, había mandado un informe a todas las embajadas y consulados alertando del independentismo catalán.

La fría reacción del máximo responsable de la Comisión Europea se suma a la falta de apoyo que Mas ha cosechado entre los principales líderes comunitarios a los que ha enviado la misiva, pues tampoco   Alemania y el Reino Unido han contestado al considerarla una cuestión interna española.

Por ello, la iniciativa de Mas ha sido un fracaso que ha puesto en evidencia su aislamiento internacional, pues ninguno de los gobernantes europeos ha querido entrometerse en los asuntos internos de una nación amiga y aliada, sin contar que muchos países europeos tienen problemas secesionistas. Un aislamiento que incide una vez más en que una posible secesión de Cataluña comportaría la inmediata salida de la UE, el BCE y la OTAN, con los perjuicios económicos y políticos que ello comportaría.

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