El espíritu de Suárez

Aunque haya sido por unas horas, el espíritu de concordia, de consenso y de reconciliación que acompañó en su vida política al expresidente Adolfo Suárez se ha respirado estos dos días por los pasillos del Congreso, escenario casi siempre de encontronazos y de diferencias irreconciliables.
El rey Juan Carlos y el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, en Palma de Mallorca en marzo de 1977. EFE/ArchivoEl rey Juan Carlos y el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, en Palma de Mallorca en marzo de 1977. EFE/Archivo

Enrique Rodríguez de la Rubia

En estas 24 horas se han visto extraños compañeros de velatorio, políticos de toda ideología y condición unidos bajo la figura del artífice, junto al Rey, de la democracia española. En la retina quedan grabadas imágenes insólitas para la historia, como la de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero desfilando uno a uno y en fila ante el féretro de su antecesor. 

Los tres expresando su respeto a la figura de Suárez, con una solemne inclinación de cabeza ante el ataúd, cubierto con la bandera de España y, a sus pies, las dos máximas condecoraciones del Estado, el Toisón de Oro y el Collar de Carlos III.

Unidos los tres, codo con codo, rindiendo homenaje al muñidor de la Transición, presidente del Gobierno como ellos, pero que concita un respeto y una admiración que ha tenido su fiel reflejo en las más de 30.000 personas que han pasado por su capilla ardiente. 

Parecía mentira, pero durante unas días, casi todos políticos han conseguido aparcar sus diferencias, sus cuitas partidistas y las deudas pendientes, que no son pocas.  Se han suspendido dos jornadas de actividad parlamentaria, el pleno de ayer martes y la sesión de control al Gobierno de hoy miércoles, escenario de duros enfrentamientos semanales, en señal de luto y respeto hacia el expresidente fallecido.

Cuando en ayer en una mañana fría y desapacible salía del Congreso el féretro de Suárez y de nuevo se cerraba la Puerta de los Leones parecía que tras ella también se cerraba un capítulo de la historia de España.  Pero la azarosa vida política, pese al legado y el ejemplo imborrables de Adolfo Suárez, continúa.

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